La Marea de la Vida

Los días pasan en blanco.
¿Te das cuenta de eso? ¿Qué piensas?

No. No piensas, nuestros días son apresurados: dormimos, despertamos, trabajamos, dormimos, trabajamos… se vuelve un ciclo bastante simple; a veces hacemos otra cosa.

El progreso, la tecnología, los cambios, la sociedad actual no nos dejan descansar; debemos movernos, actuar, no podemos parar; si paramos perdemos dinero, oportunidades, quedamos atrás.

Algunas veces, instantes cortos que parecen pestañeos, nos permiten ver la trampa en que hemos caído; estamos ganando algunas cosas materiales, pero perdemos las esenciales, la tranquilidad, paz, felicidad, amor.

Los días se llevan nuestros segundos y nos dejan algo que debemos aprender, funcionamos como robots: echamos mano de nuestras experiencias, de lo que hemos adquirido con el intelecto, para seguir adelante; pero apenas nos damos cuenta de esto, vamos en modo automático, como una cafetera.

Los días nos llevan como si fueran la marea de nuestra vida y nuestros sueños son parte de un naufragio ocurrido hace mucho tiempo, tratamos de recomponer el barco con trozos de recuerdos, de lo que conocemos; el rompecabezas es complicado, esta disperso en millones de pedazos; estamos alerta a la marea para que no acabe con nosotros, eso dificulta armarlo; la marea, los pedazos, el tiempo, los otros, todo.

¿A donde va la vida? ¿Qué nos hará la marea?
No lo se, seguiré remando lo mejor que pueda, todo el tiempo que tenga; tal vez en algún momento arregle mi barco y tome las riendas de mi destino. Seguiré insistiendo.

Fragmento de una conversación del pasado (o del futuro)



– Que rápido ha sido todo.


– Si, empezamos a parecer autómatas, hacemos sin darnos cuenta de lo que hacemos.


– Pero eso esta bien, así no perdemos tiempo pensando cada movimiento, hacemos las cosas de memoria, dedicamos ese tiempo a cosas importantes.


– Tú estas aun muy joven, y no te das cuenta.


– ¿No me doy cuenta? ¿De qué? Que aprovechamos mejor las cosas, que vamos más rápido, que somos mejores.


– Jajaja. Lo dicho, aun eres muy joven.


– ¡Bah!, patrañas.


– No, cuando tengas un poco más de edad te darás cuenta, pierdes oportunidades valiosas, de aprender, de observar, de oír, de crecer, de sentir, de vivir.
La mayoría de las cosas no son valiosos por competir, son valiosas por el valor que le agrega el compartir. Su mayor valor está en cuanto ayudamos a otros con esas cosas que obtenemos o que tenemos; por lo demás solo tienen valor monetario.
La sociedad actual se engulle nuestra humanidad, no dejes que se lleve la tuya como se ha llevado la de muchos otros.
¡Despierta!, antes de que tengas tantos años como yo, y cuando posiblemente el tiempo haya cargado demasiadas frustraciones a tu espalda y el miedo, tu cuerpo y tu mente no te dejen vivir y valorar cosas sencillas que te llenan fantásticamente.


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