Roto

Dormía, pero mientras lo hacía, lloraba suavemente y un pequeño diálogo transcurría en su mente.

– Estoy roto, muy roto, tengo algo dañado, podrido, no sé que es, pero estoy roto.

– De alguna u otra forma todos los estamos, al parecer aquellos que triunfan tienen siempre algo roto, parece que es necesario estar roto para triunfar, como si al triunfar se remendarán los rotos, se curarán las heridas.

– No es agradable estar en esta situación, sentirse dañado, incompleto, estropeado.

– Todos los estamos, todas las personas tienen huecos, deseos, sueños, traumas. La humanidad está rota.

– Pero es bueno estar roto, esto nos obliga a vivir, a pelear, a luchar, a querer cumplir nuestros sueños, a seguir adelante. Estar rotos nos obliga a querer triunfar para curar esas heridas, para remendarnos.

Algunas lágrimas más rodaron por sus mejillas, lágrimas largas, profundas, cargadas de todo el sentimiento de sentir, pensar y llegar a estas conclusiones.

Luego respiro profundo y dejo de llorar. Había llegado la paz.

Hasta la próxima.

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Sin Título – Primera parte

El entramado regular de los ladrillos es fascinante, siempre lo ha sido, no importa el tipo del ladrillo o el tamaño, solo las formas que dibujan en millones de pisos del mundo, sea un parque, una casa, un museo, una calle, en fin.

Mientras corría la vista pasaba rápidamente sobre los ladrillos, e intentaba seguir un sendero imaginario entre dos hileras de ladrillos, como si existiera una barrera que no lo dejaba salir del sendero.

Corría, respiraba, sudaba, físicamente era sencillo, pero su mente hacía otra cosa, divagaba, soñaba; suele pasar: hacer una actividad y soñar en otra, la maravillosa mente humana: flexible, creativa, única.

Llevaba 5 minutos corriendo, pero su cabeza llevaba mucho más tiempo activa: horas.

– ¿Qué son 30 minutos?

– Es poco, pero ya estoy cansado.

– No importa, debemos aguantar, vamos a lograrlo, son 30 minutos de bienestar, es una meta, vamos a cumplirla, vamos a terminar, luego todo será mejor.

– ¿Y para qué?

– ¿Para qué qué?

– ¿Para qué hacemos esto?

Largo silencio, las respuestas no llegaban, sus pensamientos se perdían tratando de buscar una justificación honesta a la pregunta.

Parece ser que la gran mayoría de las cosas que se hacen no tienen una justificación certera: comer, dormir, un techo, ropa, relacionarse con otros, estás son incuestionables, pero y las otras: fama, dinero, carro, prestigio, otro carro, más dinero, poder, más dinero, más fama, más poder; termina volviéndose un circulo, difícil escapar de él.

– Para estar bien, corremos para estar bien y por más cosas.

– ¿Cuáles?

– Por disciplina, por perseverancia, también para estar cansados, para no tener demasiada energía para estar pensando en patrañas, cansar el cuerpo a ver si podemos cansar la mente.
Y ese punto es importante y válido para mi.

– Perfecto, vamos a correr, ya queda poco, quedan 5 minutos,ya casi terminamos y será bueno para todos.

– Si, cada día es un camino, es un pequeño escalón, pequeños logros, pequeñas carreras, la de hoy la estamos acabando, estamos terminando.

El cielo empezaba a abandonar su oscuridad y a tornarse de un azul pálido, las luces del alumbrado público se iban apagando, había terminado, sudaba copiosamente, pero la satisfacción de haberlo logrado era inmensa.

Comenzaba el día, su cabeza estaba tensa pero callada, parecía cierto eso de cansar el cuerpo para cansar la mente.

– Todo es lucha, desafío, elección, ¿triunfaremos o fracasaremos?, no lo se, pero seguiremos intentándolo, mañana de nuevo.

Empezaba ahora la otra lucha, la más difícil, la del día a día, la rutina, el trabajo, el estudio, pensar, hacer, pensar, comer, pensar, dormir, pensar.