El Lugar Limpio

Él despertó como siempre a las 4:30, la mañana era fría, pero no llovía. La luz grisácea, producto de la neblina, se colaba por las ventanas. Mientras se ponía la ropa para salir a correr notaba que aún tenía sueño, pero ya tenía la disciplina, ya se había acostumbrado a salir a correr todos los días a esa hora; su perro medio adormilado lo miraba desde la alfombra situada al lado de su cama.

 

Mientras amarraba sus cordones, sentado en el borde de la cama, sentía el leve frío matutino; el perro se desperezaba y se preparaba para salir correr, a pesar del frío y de las ganas de seguir en la alfombra siempre le acompañaba.

Tomo sus llaves y salió de la casa, una suave y fría brisa le golpeaba el rostro, sobre todo en sus orejas, las sentía como témpanos. Primero fue un caminar lento, parsimonioso, como si sus huesos se negaran a moverse, luego empezó con un trote suave como un pequeño caballo cuando es joven.

Luego de una hora sudaba copiosamente, la mañana seguía nubosa, pero había cedido en su empeño de matarlo de frío; el perro trotaba lentamente a su lado, la lengua afuera indicaba su cansancio, ambos ya deseaban regresar y beber agua, luego se separarían por algunas horas.

Mientras regresaba caminando pesadamente a su casa, pensaba en lo solo que estaba, se sentía tranquilo, a pesar de estar solo, tenía a su perro a todo el mundo para el sólo, no recordaba todo, sólo que hace varios años despertó en su casa y estaba solo, totalmente sólo, no había otro igual a él, no encontraba explicación, ni rastro de alguien semejante, no había fotos, no había vídeos. Todas las mañanas se miraba en el espejo y él era el único así, el único humano.

Mientras se duchaba con agua fría y se vestía seguían en su cabeza las mismas preguntas, ya se había acostumbrado a ellas, al principio fue doloroso, fue angustiante, tuvo ganas de matarse, de dejar de pensar, de sufrir; pero algo le detuvo, las ganas de saber más, de aprender y de entender que pasaba y porque pasaba.

Desayunaba fruta picada, unos cuantos huevos revueltos con cebolla y tomate y dos o tres tazas de café solo, hacía años que lo hacía: beber café solo, y arepa. Estaba convencido que comer bien en la mañana le ayudaba a pensar mejor durante el día.

Luego de desayunar fue a revisar una vieja y avejentada agenda, a decir verdad era un cuaderno común y corriente lleno de anotaciones, de horas, fechas, pensamientos, sensaciones y opiniones que plasmaba allí, era una manera de mantener la cordura y seguir pensando algo útil.

Hoy iba a la biblioteca, buscaría algún nuevo libro para leer; un libro nuevo para él, porque con tantos años ya se habían vuelto viejos; sólo le quedaban los libros y la música como rastro humano, lo demás, todo lo demás había desaparecido, no sabía cómo, no sabía por qué o a dónde, sólo sabía que había desaparecido y ya.

Al principio, luego de haberse despertado aquella mañana y ver todo igual pero sin nadie, sólo él, lloró, sufrió, gritó y se lamentó, tal vez mucho tiempo, todo esto mientras buscaba a otro; luego de algunos meses, no supo realmente cuantos, acepto estar solo, y empezó a pensar y a examinar detenidamente la situación.

Había llegado a la conclusión que la situación no era tan mala, tan desoladora, lo que pasaba es que era solo, pero tenía todo para él, los animales seguían con él allí, las cosas tal como eran antes de aquella incierta mañana, continuaban igual, los almacenes, los bancos, los hospitales, todo estaba igual; había abarrotes en las tiendas, licor en los bares, libros en las bibliotecas, autos, bicicletas, en fin.

No sabía muy bien que había ocurrido o cómo, lo cierto es que las personas como él, se esfumaron, parecía que no habían existido nunca, no había cosas usadas, no había fotos, no había vídeos, no tenía recuerdos con otras personas, en todo lo que recordaba se veía él solo, nadie más, él y el mundo, tal cual es, excepto otras personas; absolutamente sólo él.

Cuando despertó aquella mañana, todo seguía igual, pero ya no había nadie, él no se sentía extraño, pero sabía que antes no había sido así, tenía conciencia de eso, pero no había rastro de nadie, no había cartas, no había ropa, no había nada, en las otras casas todo estaba intacto, los muebles, las cosas, todo, pero no había señales de gente, los hospitales seguían igual, pero sin gente, como si estuvieran nuevos, lo mismo ocurría con los bancos, con las tiendas, con los parques, con los autos, todo estaba como si alguien habitará allí, pero no había ni un alma, excepto él.

Fue angustiante, triste, desesperante; en un comienzo creía estar loco, no podía explicar nada, nada tenía sentido, perdió el tiempo y sufrió; luego, poco a poco, nació en él una idea, una simple idea: buscar la razón de todo eso, la explicación, saber que pasaba; eso le dio aliento, le revivió, se sintió un poco mejor y empezó a organizar bien la idea.

Primero notó que necesitaba un sustento, comer, dormir, salud, pero sobre todo necesitaría ocupar su tiempo en algo, algo que le mantuviera la cabeza ocupada y que le acercará a la verdad que buscaba. No tardaron en aparecer situaciones que lo ponían contra la pared, por ejemplo, ahora ya no tenía jefes, ya no tenía que rendir cuentas a nadie, ni responder o sustentar a otro, sólo a su fiel perro, pero eso era fácil; además aquel perro era su más constante y certera compañía, sentía el pasar de las cosas y de la vida gracias al perro, el tiempo y la vida tenían ahora un significado muy profundo para él gracias a su perro, con su perro el notaba que envejecía, que cambiaba y aprendía.

Como no tenía necesidad de trabajar o de emplear su tiempo en cosas que no quisiera, al principio se dedicó a hacer cosas que le satisfacían, que le ocupaban el tiempo sin mayor esfuerzo, pero pronto se aburrió, noto la vacuidad de gastar su tiempo así. A pesar de saberse solo y de tener todo el mundo a sus píes sabía que era finito, que su vida era efímera, que era suspiro frente a la vida misma y el tiempo mismo del planeta, del universo, y fue allí cuando en verdad empezó su búsqueda.

Decidió acertadamente que tenía que mantener ciertas cosas ordenadas, en píe, para que funcionarán, por ejemplo hospitales, bibliotecas y almacenes de abarrotes, además algunos cultivos, mantener limpios y ordenados esos lugares le harían la más más fácil y más agradable.

Curiosamente la cosas funcionaban bien y siguieron funcionando bien después de aquella mañana y a pesar de estar abandonado y solo el lugar, se  mantenía limpio, es más, se ensuciaba muchísimo menos, el orden era casi perfecto, así entonces él no tendría mayores inconvenientes para mantener las cosas así.

Los primeros días fueron agotadores, no había tenido la necesidad de apreciar el valor de las cosas funcionando, pero pronto entendió y se acostumbro, y saco gusto a aquellas tareas. Cuando decidió aprender a cultivar cosas, a mantener alimentos invirtió todo su tiempo y esfuerzo, fue realmente extenuante, pero lo logro, tenía un cultivo de muchas cosas, tomates, cebolla, algunas frutas, maíz, avena, en fin, la mayoría de las cosas que consumía normalmente.

Así mismo había aprendido a cuidar, mantener y curar algunos animales que le proporcionaban alimento, sólo mantenía unos pocos, la cantidad de la cual podía hacerse cargo cómodamente, a los demás los dejaba ir. Había aprendido que los animales eran tan sabios que ellos mismos encontraban su sustento, no necesitaban de nadie para eso, a su perro lo tenía porque el seguía a su lado, lo tenía desde que nació, y el lealmente se mantenía con él a pesar de todo, a pesar del tiempo. Las situaciones con aquel perro eran lo más nítido que recordaba, por eso le quería y lo cuidaba, era la única certeza que tenía de su propia existencia.

En los almacenes, bancos y demás, parecía que el tiempo transcurría lentamente, casi arrastrándose, las cosas, muebles, objetos, instalaciones apenas presentaban marcas del paso del tiempo, y los alimentos empacados y cosas por el estilo tenían fechas muy muy lejanas de caducidad, extraño pero cierto, esto alivió muchas necesidades de él, la alimentación y la salud fueron una preocupación menor para él, empleaba su tiempo en mantener ciertas cosas intactas, bibliotecas, museos, hospitales, gasolineras, hidroeléctricas, en fin; tomo mucho tiempo aprender lo básico sobre cada una de esas cosas, pero valía la pena; él guardaba una profunda esperanza que de un momento a otro aparecieran otros y así pudieran todos seguir con sus vidas como si nada.

Aquel día despues de unas seis o siete horas de lectura de dos o tres temas y un par de novelas regreso a su casa, la bella tarde anaranjada recortaba las sombras delos árboles frondosos contra las casas y las carreteras, todo parecían habitado y normal, pero no lo era, caminaba tranquilamente hacia su casa mientras veía algunos pájaros volar y hacer piruetas y al sol esconderse perezosamente tras la ciudad.

Cuando introdujo la llave en la puerta, su perro empezó con unos suaves ladridos de plena alegría, él llevaba un par de tortas que sabía que le encantaban al perro, apenas entro dio al perro las tortas y éste se fue a comerlos en su alfombra con un cadencioso batir de rabo.

Preparo rápidamente una comida, algunas verduras, un par de presas de pollo, arroz y papas cocidas, y agua, fue su comida y tras cada bocado veía por la ventana, pensando en los cultivos y en los animales, en algunos oficios de mantenimiento y limpieza que tenía que hacer o pronto los olvidaría.

Al terminar siempre iba a su habitación, ponía música, ahora escuchaba de todo y todo el tiempo, era una excelente manera de sentir contacto humano, quizás la mejor hasta ese entonces, y trataba de imaginarse a otro como él, pero le resultaba demasiado complicado, le dolía la cabeza y terminaba exhausto, no sabía por qué pero no podía imaginar a otro ser humano, siempre que lo intentaba terminaba viéndose a si mismo, a otro exactamente igual a él, y esto le parecía extraño y a veces hasta espantoso, no podía ser que todos fueran iguales, exactamente iguales.

Aquel día hizo lo mismo y cuando se sintió cansado, aún sin dolor decidió buscar un libro mientras la música continuaba, así que tomó un libro y empezó a leer, el libro contaba la historia de un soldado que se habñia enamorado de una enfermera durante la segunda guerra mundial, algo que habñia sucedido hace mucho tiempo.

El leía y leía, mucho, entendía pero no sabía quien era quien, sólo los nombres de personas, pero no tenía fotos, recuerdos o referencias directas y palpables, sólo los libros y todo lo que estos podían enseñarle.

Aquella noche, cuando sus párpados empezaron a caer por cansancio, dejo el libro, apago la música y decidió dormir, su perro apenas levanto la cabeza para verlo un momento y volvió a enroscarse para seguir durmiendo.

Aquella noche y aquel día, no encontró nada, avanzaba en su búsqueda, poco, pero avanzaba; aún no encontraba una evidencia o una explicación directa, pero seguía aprendiendo, así no fuera sobre lo que le angustiaba: su total soledad como individuo de una especie; pero se sentía tranquilo, sabía que su vida valía la pena y quería vivirla, quería aprender y saber.

Pronto se quedo dormido y no soñó nada, ya sería otro día y otro momento.

Hasta la próxima.

Escribir

– ¿Y para quién escribes?

 

– No se, para el que quiera leer. Mejor dicho, no escribo para que me lean; bueno es decir, si; el que quiera leer pues que lea, pero escribo por otra cosa.

 

-¿Por qué?

 

– Hace años la vida es como una presión, a veces la siento encima, como un demonio, como la conciencia, como una piedra, es pesada y me ahoga; hay momentos que no es así, que me siento bien, libre, que respiro tranquilo y voy feliz, pero a veces no y es ahí cuando la vida se hace fatigosa, incómoda, casi insufrible.

 

-¿Y entonces?

 

– Nada, pues que he encontrado algunas cosas que me ayudan con esa presión, con ese desasosiego.

La primera fue el fútbol y sigue siendo la libertad máxima, la mejor de todas, es algo que no puedo explicar bien, pero me funciona, de maravilla, el fútbol es una vida resumida, siempre me había gustado, pero luego de pasar la pubertad, las ganas de jugar, de aprender más se dispararon, además el fútbol me ha dado algunos de mis mejores amigos, el fútbol destapa la sinceridad, no se puede jugar al fútbol fingiendo.

 

Luego descubrí el poder de la lectura, de los libros; es raro, no fue en el colegio o en la niñez, ya estaba hecho, tal vez mal hecho. El hecho es que empecé a leer por curiosidad, por ocupar la cabeza y pensar en otras cosas, porque de verdad la vida parecía pasarme por encima, y los libros estaban allí y son un viaje, una introspección, un examen propio muy exhaustivo que ayuda mucho, dan muchas armas, generan amor, tristeza, dolor, en fin, son un escalera hacía la libertad que muchas veces no tenemos.

Por último descubrí la posibilidad de escribir, lo cual es mucho más difícil que leer, porque requiere que el que escribe se critique muy bien, que se examine hasta el cansancio, aún más que leer, el que escribe tiene que enfrentarse no solo con lo que lo hace feliz o triste, sino con todas aquellas cosas que tiene adentro que no le agradan o que odia de si mismo, es realmente difícil.

 

– Ya veo, pero aún así es raro que alguien escriba sólo para eso.

 

– No es raro, es más, creo que la mayoría de los que escriben sienten cosas similares, plasman con letras muchas cosas que con actos o hablando no pueden o no quieren, es más fácil así. Muchos se vacían al escribir de cosas que los atormentan o les pesan.

 

Para mi es como una válvula de escape, me sirve para aprender, para cuestionarme y para quitarme presión de encima.

– ¿Y quién te lee?

– Algunas personas, amigas o amigos y mis hermanos, creo que son pocos y algunas cosas les gustan. Aquellas cosas que más me ha costado sacar para escribir son las que más les gusta, supongo que es porque termina uno desnudando una parte de su alma para otros.

 

Hasta la próxima.

Buscando ideas

Se tomaba la cabeza a dos manos, se rascaba, con desespero, pensaba que tal vez así de un momento a otro las ideas llegarían, que su mente se iluminaría como un anuncio publicitario con una magnífica idea.

Pero no pasaba, estaba atestado de ideas, de opiniones, de creencias y de juicios, rebosaba de inconformismos y de sentencias, pero aún no lograba estructurar algo bueno y coherente.

La cabeza llena pero inútil, así se sentía, llevaba ya un buen tiempo sin escribir, tenía muchas ganas pero no sentía la necesidad, parecía que cuando mejor escribía o surgían las cosas era cuando estaba en mal estado, o al menos cuando no estaba cómodo consigo mismo.

Ahora estaba tranquilo, tal vez no satisfecho, pero si tranquilo y a la espera, pero eso le afectaba, no dejaba que su cabeza trabajara como quería, paradójico pero cierto, necesitaba estar dañado para sacar algo bueno.

Pasaba largos intervalos de tiempo pensando, tratando de hilvanar algo, una historia, una anécdota, un juicio, algo, pero su cabeza y su intelecto le jugaban bromas, cuando parecía tener el material, al sentarse, todo se esfumaba, se enredaba y al empezar a escribir, hablaba de todo y de nada, saltaba de una cosa a otra sin concluir algo; su mente era como un ratón asustado, no sabía donde esconderse y vagaba afanada y sin rumbo.

 Mucho tiempo y esfuerzo y nada, luego de varias pruebas, intento otra cosa, buscar algún motivo para sentirse mal, roto, así tal vez brotaría lo que esperaba, pero ni aún así, no lograba sentirse tan mal como para sufrir, al contrario cada motivo lo estudiaba meticulosamente y se daba cuenta que no tenía razón para sentirse triste o acabado.

Estaba en un punto donde no se sentía totalmente feliz, pero no estaba triste, y cada cosa, cada situación la estudiaba, la diseccionaba con cuidado, analizaba todo y terminaba por concluir que no necesitaba estar mal ni bien, sólo necesitaba seguir analizando, pensando, así las cosas que él creía buenas cuando escribía no aparecieran.

Seguía pensando, miraba a través de la ventana de su casa mientras una suave llovizna dejaba grises y desiertas las calles, aún buscaba las ideas.

Hasta la próxima.