Frágil

El viento era fuerte, él lo notaba en el movimiento de las hojas de los árboles mientras el bus avanzaba en sentido contrario. Unas densas y grises nubes se apoderaban de Bogotá.

Ensimismado, como de costumbre, en estas circunstancias, tuvo otra de aquellas conversaciones, él con uno de sus hermanos, hablaban sobre su familia.

 

– ¿Y usted no tiene miedo?

 

– ¿Miedo de qué?

 

– De que cuando ellos dos falten todo se rompa.

 

– ¿Cómo así?

 

– Si, siempre hemos sido nosotros tres y ellos dos, somos los cinco. Pero en algún momento ellos van a faltar, eso es claro, es algo natural.

– ¿Y que se va a romper?

– Pues todo, todo esto, lo que hicieron con nosotros, lo que construyeron.

– ¿Y por qué ha de romperse?

– Porque al fin y al cabo ellos fueron los que lo hicieron, crearon todo esto, lo mantuvieron; a pesar de todo el tiempo y los sufrimientos, resistieron, nunca se dieron por vencidos, es más siguen ahí al pie del cañón, aguantando, luchando.

 

De algún modo ellos son el pegante, nos han mantenido unidos, gracias a ellos compartimos y vivimos, siempre nos dejaron pensar y actuar, y lo más importante, siempre estuvieron ahí para apoyarnos.

 

– Pero no creo que eso se rompa.

 

– Esperemos que no, ese es mi miedo ahora, que cuando ellos dos ya no estén, todo se rompa y dejemos de compartir, de ayudarnos.

Esperemos que cuando falten sigamos más o menos así.

– Yo creo que si.

El viento continuaba con su castigo en la calle, ya casi era el momento de bajar de allí, mientras regresaba del viaje de sus pensamientos notó que sus ojos estaban inundados, y la garganta era estrecha como un ojo de aguja.

Hasta la próxima.

Ideas Fugaces (II)

– ¿Y mis creencias?

– Tendrá que tragárselas.

– ¿Por qué?

– Porque no a todos le gustan, algunas no las soportan, ni siquieran desean oírlas, mucho menos las compartirán.

– ¿Y entonces?

– Y entonces nada, tranquilo, son suyas, sólo suyas pocas cosas o personas se las harán cambiar.

Envidia

Vivimos agazapados, con rencores, con tristeza, añorando lo pasado y deseando algo mejor, siempre.

Se nos van los años y esta sensación continúa, más añoranzas, más deseos, más cadenas para nuestra libertad y felicidad.

Vivimos deseando lo que otros tienen, envidiando; y siempre nos damos látigo porque no tenemos lo mismo que otros tienen y perdemos minutos, semanas, años, pensando en lo que merecen o no merecen otros; vivimos cargados de envidia, amarrándonos a la culpa de no hacer o de no tener.

Siempre así, mal gastamos nuestras cortísimas vidas pensando en otros sin darnos cuenta que la vida nos pasa por encima y nosotros somos su tapete; que somos tan minúsculos en este infinito y denso universo como para estar comparándonos, compitiendo, tratando de obtener cosas y reconocimiento, cuando al fin y al cabo durará muy muy poco, todas esas cosas son efímeras; cuando terminemos este viaje esas cosas dejarán de importar.

Vivamos, aprendamos, amemos mucho y odiemos poco, toleremos más y lloremos menos, siempre es mejor no pensar tanto en lo que hacen los otros sino en lo que hago yo y como lo hago, en cuanto colabora a mi libertad y felicidad lo que hago a cada instante.

Sólo hay una persona a la que vale totalmente la pena derrotar, con la que siempre será un gusto y un desafío competir: con cada uno de nosotros mismos, somos nuestro rival número uno, nuestro mayor enemigo, cargamos nuestras frustraciones y nuestras fortalezas, cada acción o inacción será determinante al segundo siguiente.

Cada uno de nosotros es la única persona con la que es posible e importante compararnos, sólo así vemos cuanto hemos avanzado, cuanto hemos dejado pasar y cuanto hemos aprovechado los exiguos años que vivimos. Sólo así veremos si de verdad es correcto nuestro camino  para lograr felicidad. Sólo vale competir con nosotros mismos, con nuestros miedos y nuestros sueños.

Y para vencernos debemos estar dispuestos a emplear toda nuestra energía y empeño a dar nuestra vida por ser felices, a emplear toda la disciplina y el tiempo que tenemos para no quedarnos amarrados; para poder terminar el viaje bien, tal vez con muchas cicatrices en el alma y en el cuerpo, pero con una sonrisa eterna de satisfacción.

 

 

Hasta la próxima.

Recuerdos (I)

Mientras escarbaba angustiosamente con sus dedos entre aquella tierra compacta y mojada, pensaba en lo que había escrito, en aquellas cartas, pero no lo recordaba muy bien, sólo sabía que había escrito algo.

La lluvia caía sobre su espalda copiosamente, mientras él seguía matándose la cabeza tratando de encontrar los recuerdos apropiados entre esa pila de basura que tenía almacenada de alguna manera, entre millones de neuronas.

Seguía escarbando, sabía que había escrito para alguien especial, pero no sabía quien era, seguía pensando. Escarbaba, como si de ello dependiera su vida. Estaba desesperado.

Largas horas pasaron, mientras tanto una larga lucha entre escarbar y la lluvia incesante se mantenía, él escarbaba y la lluvia lo arropaba. Mientras más escarbaba más duro llovía. En medio de aquel bosquecito los arboles eran imperturbables espectadores; la lluvia, él y sus recuerdos seguían la lucha.

El pozo que había cabado era lo suficientemente grande para que el estuviera de pìe allí en medio del bosque empapado y con él aguas casi a los talones, apenas era visible su cabeza desde fuera.

El cansancio lo hizo detener un momento, allí acurrucado, mientras veía el agujero en que estaba metido y que la lluvia seguía incesante, se quedo pensando. Ya no encontraría aquellas viejas cartas, sólo sabía que las había escrito con cariño a alguien especial, que las había enterrado allí.

Ya no estaban, y mientras llovía, salía con dificultad del pozo, sentía agotamiento en cada parte de su cuerpo, en su boca sentía el sabor salado de unas cuantas lágrimas mezclado con las gotas de lluvia.

Él emprendió su camino de regreso. Tímidamente el sol empezaba a asomarse a través de la gran cobija de nubes.

Hasta la próxima.

Discusión (I)

…You got to cry to me, now!
You’re gonna cry – cry – cry to me, yeah! Yeah!…

– Buena canción.

– ¿Y qué?

– Y nada, sólo es una buena canción.

– Hay muchas canciones buenas, ¿pero porque ésta es buena ahora?.

– Porque  es buena, no se, ahora es buena, a veces las canciones no son buenas ni malas, nosotros las calificamos dependiendo de varias cosas.

– ¿Y por qué?

– Porque si, eso pasa, y ya me aburrí con esto.

– No entiendo ¿por qué ahora?

– ¡Ahhhh, Maldita sea! Porque si, además ya sabe que es lo que pasa.

– ¿Qué?

– Que usted no existe, que esta conversación es un ejercicio de futilidad, no vamos para ningún lado.

– Pero eso usted ya lo sabía, hace rato y aún así sigue discutiendo conmigo, sigo estando para escucharlo y contradecirlo ¿por qué ahora sale con esto?

– ¡Ehh! porque si, porque estoy que estallo.

 

– ¿Y por qué?

 

– ¡Pero que hijueputa! ¡Porque si!…             …No se, siento que se me va a estallar la cabeza, creo que las ideas no me caben, y no porque sean buenas, sino porque son muchas, la gran mayoría son inútiles, el problema es que son muchas.

 

– ¿Y entonces?

 

– ¡Entonces ni mierda!…          …Seguir viviendo, tratar de encontrar una válvula de escape, a veces estoy ansioso, a veces feliz, a veces un poco triste, pero la gran mayoría de las veces estoy apático.

 

– Mmmm.

 

– Es que la manía humana de definir todo y de clasificar todo como bueno o malo me tiene mamado, eso me pone apático; he llegado a la conclusión de que hagamos lo que hagamos, no viviremos sino unas cuantas décadas, y muchas veces viviremos sometidos a deseos externos, a preocupaciones de los demás y a cosas que no queremos y sobretodo que no necesitamos vivir.

 

– ¿Y..?

 

– ¡Ahh! pues que eso cansa, la gente duerme, despierta, desea, come y algún día muere, y todo lo que hizo fue impuesto por una sociedad, pocas cosas de las que hizo lo llenaron realmente.

 

– Mmmm.

 

– En mi caso es el fútbol, ese juego, para algunos una porquería, un opio; a mi me llena, pero muchas otras cosas no, y eso me aburre; para que matarse haciendo cosas si vamos a morir, más temprano que tarde; vivimos un pestañeo y si vamos a vivir preocupados, no vale mucho la pena vivir.

 

Eso genera apatía, por eso estoy que estallo.

 

Si se piensa detenidamente somos un minúsculo grano de arena en este universo, vivimos un segundo comparado con la historia del mundo, me puedo ganar un premio nobel, tener un imperio, miles de hijos, cambiar el mundo, pero moriré y luego de algún tiempo todo seguirá sin mi, soy insignificante; en realidad todos somos insignificantes: vivimos una fracción de tiempo y luego morimos, nos recordarán en algún momento y ya. Pero todo lo que usted haya hecho será una anécdota para otros.

¡Y todos nosotros andamos desvelados por vivir como si fuéramos eternos y pudiéramos abarcarlo todo!.

 

– Veo. ¿Y yo?

 

– Usted nada, es como esa parte de mi cabeza que siempre va a estar ahí para joder, para impedir, para impulsar, para poner trabas o para apoyar lo que hago, es casi como otro yo.

 

– ¡Jajaja!.

 

– Suena chistoso, pero así es. Ese es el problema de pensar, ¡Hijueputa pensadera!

 

– Ya pasará.

– Si, eso es lo bueno, todo pasa, es un cambio y como cambio habrá de terminar.

– Así funcionan las cosas.

– Si, todo cambia, antes o después y nosotros cambiamos y seguiremos.

– ¿Y la canción?

 

– Ya se terminó, pero la que está sonando también es buena.

 


Cause I ain’t going down anymore.
Cause I ain’t going down anymore…





Hasta la próxima.