No sirve de nada

Con una lucidez extraña abre los ojos y mira los grandes números rojos en medio de la oscuridad, 3:30 a.m., esa hora en la que la gente está profundamente dormida y en la que es muy raro despertar en medio de un apacible sueño, mira el reloj unos minutos, 3:34, millones de ideas han pasado ya por su cabeza, está intranquilo, se levanta y va al baño, mueve el interruptor y se enciende la luz, los ojos en esa acción refleja se cierran un poco mientras se acostumbran.
Esta perplejo mirando su reflejo en el espejo, esa cosa extraña es él, nada particular, bastante normal, una persona cualquiera, mira su reflejo embobado, pasan varios segundos.
“Esa cosa soy yo, no tengo nada diferente, nada particular, ni nada maravilloso.
La ceja izquierda es notoria, tiene un pequeño arco macabro, ahora no se nota, pero cuando hace cualquier gesto, esa es la ceja que lidera el gesto, siempre se levanta más y siempre exagera el movimiento; el entrecejo parece siempre tenso, es extraño, debe ser culpa de mantener casi siempre la el rostro tenso.
Los ojos son normales, nada fuera de lo común, la nariz lo mismo, los pómulos son fuertes, y hasta huesudos.
La boca es otra cosa, el gesto normal es serio y hasta frío, los labios parecen curvados hacía abajo casi con crueldad, cuando sonríe, parece forzado, es un gesto artificioso, extraño, el mentón es recio y ayuda en la crueldad de la boca.

Curioso, las tres de la mañana y yo pensando huevonadas.
Abre el lavamanos se moja la cara y toma agua, el frío del agua le refresca la acalorada garganta, la siente bajar tranquilamente a través del pecho, vuelve a mirar al espejo, los ojos más alerta y la ceja izquierda ya levantada.
“No se obsesione, no quiera nada, no se empecine, porque no le va a servir para nada, ya lo sabe, no es la primera vez, ya le ha pasado antes, siempre con los mismos resultados, siempre sale perdiendo o lo que parece que es perder; cuanto más desee y más se angustie y más ansié, más miserable va a ser, y más incontrolable va a ser todo.
Ya sabe como es eso, la terquedad sólo le va a servir para pocas cosas, para aquellas cosas que le afectan directamente: su comida, su bienestar, sus pensamientos y sus acciones y tal vez algunas cosas.
Las situaciones y sobre todo las otras personas, se salen de sus manos, no podrá controlarlas. La terquedad y el deseo y la obsesión y la ansiedad no sirve para nada, es gastar energía y tiempo. Hasta ahora no ha servido eso.
Desarraigo, esa parece ser la mejor opción, así se evitará muchos dolores de cabeza, haga bien las cosas y ya, sólo eso está en sus manos.
Aprenda el camino y luego olvídelo, así no tendrá cadenas que lo aten y no estará sufriendo y quejándose en un futuro.
Debe ser muy difícil, lo más difícil; estar en este conjunto tener este entorno y luchar para no ser parte de él, para excluirse, para liberarse de las millones de cadenas que lo atan.”
Un largo silencio se establece, mientras sigue mirando como un tonto su cara en el espejo, sólo se mira, como si el reflejo fuera a decirle algo nuevo o a darle la respuesta del porque de la vida, el frío empieza a incomodarlo.
“Mejor me voy para la mierda y me vuelvo a dormir”
Apaga la luz y con los ojos perdidos se regresa a la cama a dormir, mira el reloj, 3:45, sus ojos fijos en los números y su cabeza saltando de idea en idea; se va quedando dormido mientras algunos sonidos van apareciendo poco a poco.
Hasta la próxima

Anécdota (II)

Voy caminando y sigo viendo y pensando, algunas veces no le encuentro mucho sentido a todo esto, miro alrededor y trato de ser objetivo. No importa el sitio, la hora o el estado, siempre los pensamientos me asaltan por sorpresa, son de diversas clases, y llegan por montones, como ejércitos.

“¿Por qué hemos montado una sociedad como ésta?, donde se le da más valor al tener y al parecer que al ser y al sentir. Es una cosa extraña, desde que nacemos nos meten la idea de que seamos felices, pero a cada paso que damos nos truncan esa felicidad, porque nos van poniendo una muralla que limita todo para que terminemos encajando en lo que debemos ser.”

La cabeza es un hervidero, nunca está quieta, y a veces es molesto y extenuante, a veces no se por donde empezar, las ideas se amontonan sin orden y no salen bien, son como un jardín de niños, todos quieren llegar primero al columpio.
He aprendido a las patadas a controlar la impotencia que causa esa sensación, siempre es difícil y algunas de todas esas ideas quedarán retumbando días hasta que por el simple cansancio se olvidan. Otra idea.
“Llevamos 10000 años sobre el planeta y seguimos engañándonos, siempre creyendo que tener y aparentar garantiza algo de felicidad, pero es mentira.
Suponga que esta en un puta canoa en medio del pacífico, en una noche ojala con algunas nubes. Y empieza a llover, el mar se agita, la canoita se tambalea, usted se agarra con fuerza a los bordes de ella, con tal fuerza que los nudillos se ponen blancos. Está cagado del miedo, puede ser el gobernante del mundo, tener 1000 empleados a su servicio, las cosas más caras, la mejor comida, lo que quiera. En esos momentos todo eso no le sirve para absolutamente nada.”
Muchas de esas ideas llegan en momentos extraños, cuando no deberían llegar, a media noche, en algún sueño borroso que luego no recuerdo, el una siesta de algún bus, en alguna clase, mientras conversa con alguien, llegan sin propósito y se quedan sin afán de irse.
“No somos mucho más que lo que vemos y sentimos de extremidad a extremidad, lo que vemos en un espejo, lo que sentimos al caminar, sólo tenemos eso, nuestro ser y nuestro pensamiento. Todo lo demás escapa a nuestro control.
Pero aún así seguimos queriendo dominar el mundo, nuestras vidas cortas las consumimos en el afán de tener y ser, morimos solos y añorando tener 20 años para ahora si ser felices. Triste existencia la humana en ese caso”

Si pudiera ordenar todas esas ideas de una manera armoniosa y ejecutarlas o administrarlas mejor, eso me ahorraría muchos dolores de cabeza, pero si no tengo un manual de como pensar, mucho menos de como ordenar lo que pienso. Solo queda ser lo más consecuente posible entre el pensar y el hacer.
Hasta la próxima

Recuerdos (II)

Era una de esas mañanas, de esas malditas mañanas en la que hacía todo como un autómata, 6:50 de la mañana, lleva despierto algo más de dos horas y ya estaba sentado en el mismo PC, revisando el correo y esperando a que fueran las 7.

Alguna canción sonaba mientras revisaba el correo, era algo que lo desatoraba, le hacía sentir algo de control en cada acción, posiblemente Sabina o algún blues; no cambiaba mucho hacía semanas, Sabina se había convertido en un buen salvavidas en ese caótico mar llamada vida.

Eso era en los primeros meses del 2012, ahora, mucho más de un año más tarde, no le parece tan caótico y añora varios momentos de ese entonces: las madrugadas, la caminata corta pero exigente en aquella calle cuesta arriba, las conversaciones sobre diversos temas, la tensión, las preguntas sobre computadores, los microsueños en varios momentos del día, las medias nueves: los pasabocas con gaseosa, la hora del almuerzo sólo o mejor acompañado ,el parques, la salida, el estudio, el viaje de regreso, la música en los audífonos mientras pasaban rápido las luces nocturnas de la ciudad y el silencio acaparaba todo por el cansancio de la gente.
Buenos momentos, siempre exigiéndose más, con el cuerpo cansado pero la cabeza llena de ideas.
Ahora eso no es. Sólo son recuerdos y a veces vale la pena sentirlos.
Siempre los recuerdos llegan e inundan instantes de ahora, la música ayuda a despertarlos, al principio lentamente, como se despierta un animal pesado, luego será difícil calmarlos, como a un animal hambriento.
Hasta la Próxima