Para sembrar un campo

Un pedacito de Mar

Toda la historia del mundo cabe en un grano de maíz.
Y sin embargo los besos (ay, los besos) son tan eternos, que ni mil mazorcas alcanzarían a contenerlos.

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La musica que flota en el tiempo

A veces aparece, gracias a estas máquina llena de circuitos llamada computador y al invento que abrió la apertura del conocimiento, gracias a esas dos herramientas, entonces puede uno llegar a escuchar alguna de esas buenas canciones.

Una de esas canciones que son lentas, que pesan como la vida misma, como la historia de la humanidad, pero que se metan por los oídos hasta lo profundo de la cabeza, y allí se quedan como un parásito, y se duermen y se quedan y hacen pensar.

Uno de esos blues, uno de esos que parece un trasatlántico lleno de carga lento e impasible ante la tempestad, ante la furia y la fuerza del mar, no se hunde por su tamaño y su velocidad.

Así mismo, así surge un blues y se queda flotando a través del corrosivo y paciente tiempo, el blues flota y se mantiene, debido a su calidad, parece que es muy lento, que no se siente, pero uno entonces cierra los ojos y se deja llevar, y resulta ser un enorme monstruo lleno de calidad, de tonos, de silencios y de sentimientos.

Y entonces esa canción, ese blues se apodera de todo, y coloniza las ideas por unos minutos, una horas, unos días; por un buen tiempo, echa raíces, lentamente, pero son raíces fuertes y tercas, parece entonces que es el blues la música más terca, más robusta.

Parece entonces que es una música medio quieta, tal vez muy simple, parece entonces que es una música que no genera emoción, que no nos mueve, pero entonces debes fijarte en los silencios más que en los sonidos, en las pausas más que en la velocidad.

El blues nació como la vida misma, nació como expresión de unas almas extrañas, en medio de un lugar inhóspito, extraño, contra el sentido común, casi contra la lógica, y se crió escondido, huyendo, y luego engendró muchos hijos, y pasa desapercibido, pero detrás de todo, siempre va dejando un rastro, a veces tenue, a veces profundo.

 

Un hilo delgadito

Forcejeo.

Lucho, Peleo.

Sigo forcejeando, es como estar nadando donde el agua está repleta de algas, de mugre, de cosas que se enredan en los brazos y las piernas y dificultan el avance.

Así, ese forcejeo llevo a cabo constantemente, es una pelea muy muy pareja contra las ideas.

¿Y contra cuáles ideas? Pues contra todas las ideas, a veces no las soporto, y a veces sólo deseo mantener la mente en blanco, cosa bien bien difícil, pero a veces son la única cosa que nos mantiene a flote, son el único salvavidas del que podemos sujetarnos.

Pero bueno, las ideas son como como el agua de la lluvia que deambula por las calles hacía los sifones, nunca sabes el recorrido exacto, pero arrastran muchas cosas hacia allí.

¿Y entonces? Entonces surge una idea extraña, una pregunta: ¿qué une a las personas?, es decir, ¿qué cosas hace que las personas permanezcan juntas, que se aguanten, que se toleren?

¡Ja! es complicado, es enredado.

Un silencio se atora en la cabeza, trato de reunir datos, de pensar, de conseguir unir con coherencia y lógica algo, unas palabras, nada surge aún.

Por momentos parece que no existe una razón por la cuál las personas se mantienen unidas, no la veo, y a veces sí uno no ve las cosas entonces no las entiende, ¡Qué difícil!.

Silencio.

Sigo pensando.

Silencio.

Vacío.

¿Y entonces? Entonces me acerco un poco más, trato de ver mejor, más nítidamente, con mayor atención en los detalles.

Me esfuerzo, pero aún nada.

Silencio.

Y de repente allí entre toda la bruma y todos los minutos y las palabras y las ideas y las cosas que espesan nuestra existencia, me doy cuenta.

Un hilo delgadito, eso, un hilo, a veces muy muy muy delgadito, por eso pasa desapercibido, por eso no se ve así no más, es invisible desde lejos, es invisible a la prisa de los segundos que se consumen con vértigo, es invisible a toda la parafernalia que hemos construido, desde lejos nunca lo verás.

Un hilo delgadito, eso es lo que une a las personas y entonces me doy cuenta y siento un poco de tranquilidad, una alegría extraña, como contemplativa, como si supieras un secreto que todo el mundo ve, pero nadie reconoce.

Y ese hilito, esa fina cortada en el aire y la vida de las personas, ese hilo que puede ser tan extenso como se quiera y puede enredarse mucho, es tan fuerte o tan frágil como las personas que están en sus extremos quieran que sea.

¿Y de que está hecho el hilo? Siempre está hecho de cosas que no podemos ver, de cosas que no son tangibles, pero que pueden ser muy muy robustas, como una roca, como una montaña.

El hilo puede ser una idea, una opinión, una situación, puede ser la música, puede ser el cine, pueden ser los buenos libros, puede ser el fútbol, puede ser un momento, una situación, y a veces el hilo está hecho de la materia más más extraña que conocemos, de algo que muchos llaman amor y que yo aún no entiendo, por ejemplo los hilos que unen a padres e hijos, o los hilos que se extienden entre abuelos y nietos, o entre dos o tres hermanos, o entre un par de amigos.

Esos hilos casi no se ven, pero son fuertísimos, a veces nos dejan ver sus efectos, como cuando reímos en compañía de alguien más, o cuando hay un abrazo o un choque de manos, o una felicitación mutua, o cuando hay una conversación profunda y sincera.

En fin, ese hilo delgadito, o esos hilos porque pueden ser muchos, mantienen atada nuestra existencia.

Hasta la próxima.