Ideas Fugaces (VIII)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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— ¡Escribí una cosa fantástica!

— ¿Y qué ha escrito?

— Una genialidad.

— ¿Pero qué es?

— Mire, esto es lo que escribí.

— Yo no veo nada.

— Fíjese bien, en el centro de la página.

— ¿Un punto? ¿Un maldito punto?

— Una genialidad.

— Esto es una estupidez.

— Es una verdadera genialidad.

— Esto no es nada. Un punto insignificante lo puede hacer cualquiera, eso no es nada, es una tontería.

— ¡Humm! Es difícil escribir un punto.

— ¡Bahh! Es un total estupidez. Un punto es una mancha, es poner la punta del lápiz contra la hoja y ya. ¡Y usted cree que con eso ya merece un Nobel! ¡No sea idiota!

— Me subestima. Un punto es más que el rastro que deja la punta del lápiz en una hoja, es mucho más que eso.

— ¡Bahh! ¡Basura!

— Un punto no siempre es el fin de la historia, es un lugar. Un punto puede ser el comienzo. ¿Usted sabe todo el esfuerzo que me tomó escribir ese punto? No, no lo sabe.

Porque fue difícil, porque me tomó mucho tiempo y energía y concentración y montañas de ideas, despreciando algunas y mejorando otras.

Detrás de ese punto hay una gran cantidad de inspiración mía. Detrás de ese punto hay toda una historia.

Ese punto es lo que se ve de algo que quiero contar, es el comienzo, detrás del punto está todo lo que no he dicho, lo que pienso y siento; pero que aún no he dicho.

Detrás del punto están en fila millones de letras, de palabras e ideas, esperando a salir en desbandada.

Ese punto es importante y requiere mucho esfuerzo. No lo menosprecie.

— ¡Qué va! Es una soberana estupidez. ¡Y punto!

 

 

 

 

 

Hasta la próxima.

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