La musica que flota en el tiempo

A veces aparece, gracias a estas máquina llena de circuitos llamada computador y al invento que abrió la apertura del conocimiento, gracias a esas dos herramientas, entonces puede uno llegar a escuchar alguna de esas buenas canciones.

Una de esas canciones que son lentas, que pesan como la vida misma, como la historia de la humanidad, pero que se metan por los oídos hasta lo profundo de la cabeza, y allí se quedan como un parásito, y se duermen y se quedan y hacen pensar.

Uno de esos blues, uno de esos que parece un trasatlántico lleno de carga lento e impasible ante la tempestad, ante la furia y la fuerza del mar, no se hunde por su tamaño y su velocidad.

Así mismo, así surge un blues y se queda flotando a través del corrosivo y paciente tiempo, el blues flota y se mantiene, debido a su calidad, parece que es muy lento, que no se siente, pero uno entonces cierra los ojos y se deja llevar, y resulta ser un enorme monstruo lleno de calidad, de tonos, de silencios y de sentimientos.

Y entonces esa canción, ese blues se apodera de todo, y coloniza las ideas por unos minutos, una horas, unos días; por un buen tiempo, echa raíces, lentamente, pero son raíces fuertes y tercas, parece entonces que es el blues la música más terca, más robusta.

Parece entonces que es una música medio quieta, tal vez muy simple, parece entonces que es una música que no genera emoción, que no nos mueve, pero entonces debes fijarte en los silencios más que en los sonidos, en las pausas más que en la velocidad.

El blues nació como la vida misma, nació como expresión de unas almas extrañas, en medio de un lugar inhóspito, extraño, contra el sentido común, casi contra la lógica, y se crió escondido, huyendo, y luego engendró muchos hijos, y pasa desapercibido, pero detrás de todo, siempre va dejando un rastro, a veces tenue, a veces profundo.

 

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