Extraño razonamiento I

Y si Dios no existe, en cualquiera de sus diversas formas, si no hay paraíso, si todo acaba con la muerte, un fin y ya.

Si eso pasa, hay angustia, estoy seguro, angustia, por todo y para todo, bien.

Ahora; ¿se da cuenta de lo que hay que hacer?, esta llorando, mucho, desperdiciando su vida, esperando cosas y viviendo de algo que no es, una mentira fea y aburrida.

Tome toda esa angustia, todo ese sufrimiento, y siéntalo, métalo hasta sus huesos, hasta que despierte y se de cuenta, que asumiendo como una certeza el primer párrafo, la vida se le puede escurrir entre los dedos como el agua en un lavamanos, y no vuelve.

Sienta esa angustia, en lo más profundo de usted, en cada átomo, en cada célula, en todo su ser, hágase dueño de esa angustia, viva con ella, aprenda a quererla.

Tome todo eso y empiece a vivir de verdad, por usted, cada segundo, que cada instante cuente, que los únicos castigos y recompensas los haya buscado usted, al fin y al cabo la vida es eso, hacerse responsable de lo que hace o deja de hacer.

Hay una frase: “usted se lo guisa, usted se lo come”, cada cosa que le pasa en la vida, se la ha buscado usted mismo, de una u otra forma, acepte eso y hágase responsable de su vida, exprímala.

Aún tiene angustia, lo se, estoy seguro, va a estar ahí, toda la vida, toda su vida; pero puede verla a su lado, sonreírle y mostrarle que va a hacer que su vida valga la pena, sobre todo para usted mismo.

Y si Dios existe y hay un paraíso y esto es un viaje antes de empezar otro, un cambio más.


Pues bien, haga lo mismo: Viva su vida, haga que valga la pena, vívala por usted y por las personas que quiere, ese debe ser el primer motivo, Dios tendrá que comprender, al fin y al cabo nos dio la libertad de elegir. Yo elijo esa opción.

Cansancio

Aquella mañana helada, donde la niebla era como un mar de miel y no veías más que un par de metros más allá de donde estabas, ella estaba sentada sola, huesuda y pensativa, sola y cansada, muy pensativa.

Iba amaneciendo, ella llevaba varias horas allí, en la banca de un parque llena de rocío y viendo la niebla ceder perezosamente al poco calor de una mañana que prometía estar nublada.

La huesuda, la parca, la terrible, la inexorable, el final, la muerte; ella, que lleva milenios recibiendo a los viajeros al final del trayecto; ella estaba cansada.

Cansada, de milenios de trabajo, de milenios de encargos y millones y millones de personas asustadas cuando llegaban a su encuentro, estaba cansada y sola, casi siempre estaba sola, pobre muerte, pobre destino, triste su vida y su trabajo.

Llevaba allí alrededor de 5 horas, acababa de terminar la bienvenida a un anciano, casi sabio, que le dijo que era triste pensar en lo que ella hacia. Quedo estupefacta.

— Bienvenido señor M. R. ¿qué tal estuvo el viaje?

— Pues no estuvo mal, tuve momentos memorables y  también tuve momentos deplorables, en fin, supongo que como todos; en resumen fue una vida bien vivida o mal vivida, eso depende de quien pregunte o a quien se le pregunte.

— Tiene razón, lo importante es que lo haya disfrutado, porque si fue un viaje tortuoso, sería una pena.

— Si, siempre uno disfruta el viaje, porque va aprendiendo, sería uno muy ciego si no aprende, sino cambia y corrige, en fin. Se termino, y fue un buen viaje.

— Que bueno señor M. R. Yo estoy aquí para darle la bienvenida, para acompañarlo un tiempo mientras tanto.

— ¿Mientras tanto qué? 

— Mientras usted se va, mientras se desvanece de mi presencia inmaterial a otra cosa; tenga en cuenta que ya no es humano, ahora es sólo una presencia, puede ser en forma de energía, de ondas, no lo se, no lo puedo explicar con exactitud, una presencia que sólo yo puedo ver y muy muy pocos pueden sentir, durará aquí un tiempo y luego se desvanecerá.

— ¿Desvanecerme? ¿y qué me hago? ¿qué pasa conmigo después?

— No lo se, sólo se desvanece.

— ¿Y cuanto tiempo me va a acompañar usted?

— ¿Tiempo? Yo no tengo una medida concreta del tiempo, no como los humanos, para mi el tiempo es un largo hilo, una camino que puedo recorrer en un sólo sentido. No tengo una escala como ustedes, sólo es tiempo, es rato, son instantes amalgamados, momentos que se suceden continuamente, sin esos saltos que dan las agujas o los números de un reloj para ustedes. El tiempo es tiempo y ya.

— Curioso, ¿Y cuánto llevas así mi niña?

—  No lo se, mucho, no hay un punto de inicio, no como para ustedes, siempre he estado aquí desde que tengo conciencia, y siempre he tenido conciencia.

— Curioso, muy curioso.

— ¿Qué es curioso?

— Eso, precisamente; todo ese tiempo, sumado, todos esos minutos, todas esas personas que se desvanecen y sigues así, como si nada, cómoda, tranquila. Es curioso, llevas la existencia en estas, dando la bienvenida a todos los que no queremos llegar, a todas las personas que no quieren terminar el viaje.

Dando la bienvenida a millones de seres que te evitan a toda costa, a millones de almas que no quieren llegar a este encuentro, dando la bienvenida y acompañando a millones que te tienen miedo, que lloran y sufren todo el viaje pensando en ti, pensando en este momento y nadie sabe como es, nadie se lo imagina como es realmente.

— ¿Y cómo es para usted señor M. R.?

— Es diferente, yo me lo imagine de otra forma, traumático, frío, sólo, inexplicable, y a los humanos nunca nos gusta estar solos. Pero es diferente, es agradable, es nuevo, genera ansiedad.

— Ya veo.

— Y genera mucha curiosidad, sobre todo por ti.

— ¿Por mi? 

— Si, porque no pensé que existiera alguien aquí, al final del recorrido. Siempre creí que era sólo y frío y listo, pero estás aquí, y acompañas a los viajeros, siempre, a pesar del miedo que ellos tienen y a pesar de que hablan pestes de ti y te menosprecian y te temen, los acompañas.

Y me da un poco de pena pensar que ellos se desvanecen y tu sigues aquí, haciendo lo mismo, tu no vas a terminar un viaje y no existe alguien esperándote al final del viaje, eso me causa tristeza.

— Pero no estoy sola, ahora está usted señor M. R.

— Si, pero como tu misma dices, me desvaneceré, y luego estarás sola de nuevo.

— Pero es mi tarea, es mi trabajo, esta es mi vida.

— Y además nunca terminas este viaje, como me dijiste, es un camino de un solo sentido, peo no tiene fin, no tiene cambio.

¡Empiezo a desvanecerme!

— Es cierto señor M. R. hasta luego.

— ¿Puedo darte un abrazo mi niña?

— ¿Un abrazo a mi? ¿Por qué señor M. R.?

— Porque estás sola, y porque esta tarea es penosa y triste.

— Bueno, está bien señor M. R.

— Hasta luego mi niña solitaria.

— Hasta luego señor M. R.

  

Y en un abrazo se fundieron las dos presencias, luego de unos instantes, la huesuda quedo abrazando aire, el viejo semi sabio se había desvanecido. Luego, se miraba las manos, quedo consternada, en medio de aquella noche y desde ese momento, la invadió la tristeza y la soledad, y se olvido por completo de todas las otras bienvenidas que tenía que hacer aquella madrugada.

La corta conversación y la presencia del viejo M. R. la había pateado las certezas, le había trastornado su mundo, le había dejado todas sus ideas, toda su comodidad, toda su cordura patas arriba.

Esa conversación la había revolcado su vida, como dice el sabio poeta Sabina, aquella conversación fue para ella como un “viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda”.

Permaneció allí, sentada en la banca del parque desde casi la media noche hasta el amanecer, pensando, sola y llena de melancolía, consternada porque ella no tenía a alguien que la esperará al final del viaje, porque ella en si misma parecía ser un viaje, pero un viaje sin fin y sin cambios; ella estaba para recibir a todos, pero nadie la recibiría a ella.

Eso la dejo abrumada, le dejo la vida pendiendo de un suspiro, de una idea. Aquel viejo arrugado e impertinente le dejo una duda tan grande como la galaxia, le había desbaratado todos sus soportes, la dejo desubicada, como un barco sin brújula y en medio de la tormenta.

Cuando empezaba a asomar la luz del día, ella estaba sumida en extrañas cavilaciones, se puso de pie, camino hacía un bote de basura allí cerca y arrojo la lista de sus tareas, arrojo todo aquello que tenía que ver con su trabajo, con su existencia, se deshizo de todo eso, y con sus ropas raídas por todos los milenios y sus piel pegada a los huesos echo a andar, sin rumbo, pero con un objetivo.

¿Y el objetivo?

Se fue con ella caminando.

Hasta la próxima

Ideas Fugaces (II)

– ¿Y mis creencias?

– Tendrá que tragárselas.

– ¿Por qué?

– Porque no a todos le gustan, algunas no las soportan, ni siquieran desean oírlas, mucho menos las compartirán.

– ¿Y entonces?

– Y entonces nada, tranquilo, son suyas, sólo suyas pocas cosas o personas se las harán cambiar.