Desaparezca

No, es en serio, desaparezca.

Imagínese el mundo tal cual lo conoce, como usted lo ve y lo siente ahora mismo, mientras lee esto y piensa, mientras come, mientras ve televisión o simplemente mientras desperdicia valiosísimos minutos aquí sentado leyéndome.

Imagínese el mundo así como se lo narro, pero sin usted; si, sin usted, aniquílese, deshágase, evapórese, esfúmese, lo que quiera. Imagínese el mundo sin usted mismo, tal cual lo conoce pero sin usted. Una lástima que usted ya no esté.

Muy seguramente no es fácil, de hecho es una de las cosas más complicadas del mundo: imaginar algo donde usted no este; es muy complicado, puesto que es usted quién imagina, es usted el autor de sus sueños, de sus creaciones o de sus imaginaciones. Estoy completamente seguro que no es nada fácil imaginarse algo así.

Bien, ahora imagínese que usted puede ver todo lo que pasa, pero nadie lo ve, es más usted sólo puede ver y saber que esta pasando en “su mundo” pero sin que usted esté, no puede interactuar con nada ni con nadie, sólo observa, como cuando ve televisión, usted es un simple y desdichado espectador.

Ahora, imagínese que nadie lo recuerda, que nadie es consciente de que usted existió o vivió en algún momento, es decir, para ellos usted no es nada, similar al caso de la televisión o de una novela o de una película, a todos los personajes de allí, no les afecto ni les afecta el hecho de que usted exista o no.

Muy bien, imagínese ese panorama tan desolador, para usted claro está, para aquellos que “existen” no lo es tanto, es más, ellos sufren, lloran, ríen, a veces son felices, aunque la mayoría de las veces por una extraña habilidad humana son desdichados, pero al fin de cuentas viven y sienten con intensidad.

Fíjese bien en este hecho, todos viven normal, luchan, lloran, trabajan, duermen, comen, estudian, se endeudan, en fin, todas aquellas cosas que suele hacer una persona normal, todas aquellas cosas que usted mismo solía hacer antes de este ejercicio.

No sólo eso, todas esas personas que usted creyó conocer y a las cuales usted echa de menos, no lo recuerdan, no notan la diferencia entre si usted está o no está, están tan ocupados con sus vidas que no pueden o no quieren prestar atención a las vidas de otros, ¡interesante! ¿cierto?

Tal vez puede ser un hecho preocupante, desesperante, angustiante, desolador, y desesperanzador, un hecho muy triste para usted, seguro que si. Así que usted vive o vivió y nadie lo nota; ¡ufff!, puede llegar a ser muy triste, darse cuenta de eso puede ser muy muy duro, es aplastante, un hecho que muy seguramente lo va a dejar pasmado, quieto, sin aliento ni ganas para hacer otras cosas.

De todas formas no deja de ser algo muy interesante, algo en lo que valga la pena emplear mucho tiempo pensando, algo en lo que vale la pena pensar, distraerse, analizar y sintetizar cada recoveco de esta curiosa situación. ¿Vivimos para dejar huella e impactar el mundo? ¿o somos como un rayo de sol cualquiera de los que cada mañana alimentan a toda planta en el planeta y son o existen sin un misticismo alrededor? ¿somos especiales o somos como cualquier otro átomo en el vasto universo?. Siempre valdrá la pena debatir sobre esto.

Perfecto, ya vamos terminando. No se preocupe demasiado, en la vida real hasta ahora las cosas no pasan así; por lo menos sus acciones afectarán a alguien. Y si vive usted sólo (cosa que creo muy poco probable), aún así, sus acciones afectarán a las cosas, a su entorno.

El mundo es un tejido más o menos uniforme donde lo que usted haga o deje de hacer afecta poco o mucho a aquellos que lo rodean o a su entorno, ya sea que usted quiera que sea así o no, siempre sus acciones afectan todo alrededor.

Entonces en el mundo real, tal cual usted lo conoce, no importa mucho lo que usted piense, importa muchísimo lo que usted haga. Muy seguramente muchas personas cuando usted ya terminé esta aventura llamada vida le extrañarán. No se ponga eufórico, es muy remoto que lo recuerden para siempre, pero le recordarán, al fin y al cabo en algún momento usted los recordó y los afecto, así como ellos le afectaron a usted.

Excelente. Ahora, puede abandonar este escrito (que no la pagina, siempre encontrará cosas buenas aquí), puede abandonarlo por tonto, por aburridor, por triste, por ser alentador o desalentador, por lo que sea.

Le dejo en paz y si así gusta, haga caso omiso a todo lo leído durante este escrito; es más, olvídelo completamente, como si nunca hubiera existido o sido consciente de que existiera esto.

¿Qué es esto?

Una cosa vacía, sin mucho más; blanca o negra, como usted quiera, pero vacía al fin y al cabo, no tiene nada.

Déle la forma que usted quiera, ¿cómo el planeta? va, entonces será esférico como el planeta, ¿un plano perfecto e infinito?, entonces que sea un plano.

Lo importante es que usted está allí, de pié, no logra saber bien si a la mitad o arriba o abajo, la ubicación es difícil, pero está allí.

¿Y para qué? la única pregunta que vale la pena, para construir lo que se le dé la gana, al fin y al cabo así es todo: usted está, usted construye.

Haga lo que quiera, de cualquier forma siempre puede borrar todo y volver a empezar.

Adelante… ¿o atrás?

¡Palabra!

– Otra vez.

 

– Si, otra vez lo atormento, siempre es agradable hacer esto.

 

– ¿Y esta vez que mierda es?

 

– Es otro de esos estudios filosóficos profundos, que de vez en cuando se me ocurren y en los que caigo como idiota y cuando estoy bien enredado entre ideas y barrabasadas, me rió y duro pensando en eso bastantes días.

 

– ¿Y qué es?

 

– Que el mundo es curioso, esta construido sobre cosas que no podemos definir.

 

– ¡PUFFF! Siempre ha sido así, todo el mundo se da cuenta, o se ha dado cuenta en algún momento y luego lo olvidan o lo pasan por alto y viven cómodamente.

 

– Me refiero a otra cosa, me refiero a que todo ese conocimiento humano, y toda la cultura se ha construido o ha sido edificada sobre cosas indefinibles.

Por ejemplo, fíjese en el lenguaje, construimos palabras, discursos, charlas, interacciones verbales con otra gente, libros, cartas, en fin, todo con palabras, y estas a su vez con letras; pero definamos palabra, se va a dar cuenta que caemos en la trampa; para definir palabra, utilizamos palabras, es decir, vamos a definir un objeto con objetos de la misma clase, caemos en un círculo, no hemos definido lo que son las palabras pero las usamos para definirlas a todas ellas.

Ahora, vaya usted a las ciencias, se dará cuenta de cosas más interesantes, por ejemplo, definamos el vacío, pero para definir el vacío nos situamos allí, nos imaginamos ‘dentro’ de dicho vacío y vemos como se comporta, y lo definimos, pero aquello ya no está vacío, es algo muy muy curioso.

Otro ejemplo, vamos a estudiar la vida, y nosotros que somos, somos un conjunto de células amalgamadas con armonía que se estudian, que estudian a otras a otras células: vida estudiando vida; otro ejemplo, vaya a las ciencias humanas, para estudiar a los seres humanos o grupos sociales, tenemos que meternos allí dentro, tenemos que meternos y ver un grupo, y dejar que ellos nos vean, para estudiar tenemos que sumergirnos, tenemos que involucrarnos, mezclarnos y hasta ensuciarnos.

 

– ¿Y eso que tiene qué ver? Es la manera es que podemos estudiar algo.

 

– Si, tal vez, a lo que yo voy es que eso hace que el objeto que queremos estudiar esté contaminado, ha sido alterado, lo hemos modificado nosotros al querer analizarlo y ver su comportamiento, lo manoseamos, lo corrompemos, lo alteramos, ya no es el objeto que queríamos estudiar, es un objeto parecido, pero no el original.

 

– ¡PUFFF! Sólo a usted se le ocurren esas pendejadas.

 

– No, estoy seguro de que no, a muchos otros se les habrá ocurrido, y seguro también les habrá causado cierta conmoción o extrañeza, en fin.

 

– Usted y sus benditos juegos de palabras.

 

– No son juegos de palabras. No más fíjese en lo siguiente, todo esto son ideas, nada más que eso, ¿y con que construimos esas ideas?, pues con otras ideas, ¿pero qué es una idea? y entonces recurrimos a palabras, que son ideas, y a otras ideas para definir Idea; ve, es un círculo, todo es un círculo.

 

– ¡Que barrabasada! Mejor me voy.

 

– Jajaja, pero ya me escuchó, y le quedará sonando la idea, estoy seguro, palabra.

 

 

 

 

Hasta la próxima.

Buscando otro Libro (I)

Imaginarse al señor sentado en Cuba o en África o en París o en Idaho, es fácil; sobre todo imaginárselo escribiendo en algún café con el endemoniado humo de cigarrillo flotando por todo lado y un café humeante al lado mientras se devanaba los sesos para escribir algo. Y si no era café, era un vino o whisky, o algún otro trago y a veces con alguna comida mientras escribía.
Ahora, que de cierta manera conozco la vida de Papa Hem, van quedando pocos huecos para la imaginación; sólo puedo empezar a imaginar lo que sentía al escribir, lo que pensaba y la intensidad con que lo hacía, cosa difícil. O imaginar lo que hacía mientras se mataba para encontrar un par de buenas frases y dibujarlas en un papel o pasarlas directamente a máquina de escribir, mientras andaba las calles de París o de Pamplona o de algunas de las ciudades Europeas en las que de una u otra forma se fue forjando poco a poco para escribir las cosas sencillas pero profundas que son capaces de horadar tantas almas.
Ahora, los sitios como Le Closier des Lilas o el café Iruña son cosas escasas en el altiplano que culmina Bogotá, ahora más que nunca, donde el papel y el lápiz son casi un objeto obsceno para escribir; yo en este momento escribo en un computador con la inmejorable posibilidad de corregir sobre la marcha, de buscar sinónimos y de adornar frases y párrafos; en un momento de la historia donde todo es digital y parece que todo es mejor cuando viene en un empaque de aluminio, con una pantalla que desborda nuestras manos y con la que es posible hablar, tomar fotos y recordar cada evento o situación de la vida, escribir con lápiz y papel parece un despropósito una idiotez; pero yo creo que de cierta forma permite plasmar mejor un instante, que lo que se siente y se escribe no se esfume como se nos escapan a veces los días entre las manos, y que ese instante sea eterno.
Las grandes metrópolis de hoy en día son lugares para la moda, para la música del momento, música de un día para otro, lugares para una comida que debe ser fotografiada porque su calidad no permite que  sea recordada de ninguna otra forma; ciudades donde ya no hay un pensamiento crítico, de ese pensamiento que genera una crisis interna en cada persona, sino ciudades que están atestadas de lugares muy bien adornados, llenos de luces, de sonidos placenteros, de personas sonrientes y de instantes fugaces, lugares para una cultura superficial que mañana ya no recordaremos, lugares donde la felicidad dura lo que dura una cerilla encendida, lugares donde las risas son forzadas y al salir y regresar a casa no hay paz, ni hay tranquilidad, ni reflexión, sólo instantes que se consumen solos y que luego ya no tendremos y no nos importarán nada.
No se que tan fácil sería escribir para mi amigo Hemingway en una situación así, tal vez sería mucho mejor escritor de lo que es, o tal vez odiaría la situación y ni siquiera escribiría, son meras especulaciones.
Bogotá es una ciudad curiosa y parece que ha ido creciendo a los totazos, casi siempre con ensayo y error, y supongo que hace unos 30 años o quizás más los cafés o los sitios para sentarse a leer, a escribir  y sobre todo a pensar, cosa cada vez más escasa en tiempos donde todo debe ser instantáneo como el internet y no queremos hacer ningún esfuerzo, debían abundar y muy seguramente eran sitios para los bohemios o adinerados donde desperdiciaban sus horas por el gusto de hacerlo.
Leer es una cosa complicada, muy complicada, parece que se aprende a leer más por accidente que por una mera conciencia de hacerlo, yo llegue a la lectura más por carambola que por un deseo pleno de leer, y llegue a Hemingway porque se me atravesó en el camino, con un título llamativo Adiós a las Armas, pensé que era un libro sobre la guerra, pura guerra, nada más, pero equivocarme con el fue una buena sorpresa. Luego Muerte en la Tarde que es un tratado casi científico sobre el toreo y luego Los Asesinos el librito de cuentos que se lee solo, luego la obsesión por conocer el resto de la obra de este señor que podía apasionarse por narrar una pelea de boxeo o un instante de conversación con una mujer que le gustará, en fin, así llegaron otros escritos: Por Quien doblan las Campanas, Fiesta, Aguas Primaverales, Paris era una Fiesta, en fin, la gran mayoría.
Leer es difícil; pero escribir es mucho más difícil, es una cosa muy compleja, muy enredada, es raro saber porque quiere uno escribir, sobre todo cuando no es algo para lo cual uno esté maravillosamente capacitado, es decir, cuando cuesta un mundo sacar unas cuantas buenas frases y sobre todo cuando para hacer un par de páginas se requieren montones de ideas, de recovecos, de martillazos insistir y de llenarse de valor y de terquedad para escribirlas. Y es más difícil cuando sin tener un especial talento para escribir, quiere usted hacerlo de manera visceral, cuando el deseo le nace desde el estómago, es como querer volar con desespero y saber que usted no tiene alas.
A veces olvidó a Hemingway por un rato, días o meses, pero se vuelve como un amigo que vive en la cabeza de uno, y siempre retorna, y surge otra vez ese deseo de leerlo, de ver que se me escapo la ocasión anterior, no me pasa sólo a mi, nos pasa a todos, lógicamente no sólo con escritores o libros, con muchas cosas: música, deportes, ciencia, arte, mujeres, personas, en fin, con todo, cada quien tiene sus pequeñas obsesiones que le abollan las ideas y le mortifican gratamente la existencia.
Y entonces he vuelto a releerlo, para ver si encuentro nuevas frases entre las frases ya recorridas, o si por algún fantástico virar de las circunstancias algún nuevo libro o nueva novela o quizás una decena de páginas nuevas que nunca habían sido encontradas hasta hoy, son descubiertas, para el placer de millones y pueda leer para satisfacción propia.
Mientras voy releyendo voy entendiendo cosas que pase por alto, y voy uniendo lo que escribe con otros escritores, con otros libros, con otras artes, con otras personas y con mi vida misma.
Y mientras voy leyendo y tratando de enderezar caminos torcidos o situaciones que he estropeado, siempre surge la idea de escribir, de leer, escuchar y escribir; no es sencillo, sigo haciendo el ejercicio de manera casi atropellada, porque no se me da tan fácil, sobre todo cuando las ideas parece que están en un corral y al tratar de ponerlas aquí parecen seres sedientos luchando por una gota de agua y se atoran tratando de salir para saciar su sed.
Sigo buscando ordenar esas ideas y que fluyan aquí como puede fluir cada respiro que doy mientras tecleo torpemente las teclas del computador. La curiosidad por encontrar nuevo material de Hemingway o de otro par de personajes, de entender el actuar y el sentir de algunas personas, de encontrar momentos mágicos en el fútbol o de llenarme de música, siguen haciendo que escriba de vez en cuando de manera forzada o fluida, no lo se, el hecho es que lo sigo haciendo, porque lo siento de manera vehemente, y algún extraño impulso me mueve a escribir y desahogar un montón de ideas que se atiborran y no dejan pensar con claridad.
— La cagada es que no tengo una buena idea. Y además si escribo las ideas que más se me ocurren, pues posiblemente me tachen de terrorista, sicópata o loco o algún otro adjetivo denigrante. En el mejor de los casos de tener autoestima baja y querer llamar la atención.
— Pero tiene que escribir. Así se desahoga un poco; para desahogarse necesita dejar salir cosas, y sólo ha encontrado dos cosas que le permite sacar toda esa mierda: el fútbol y lo poco que escribe.
 
— Si, pero parece ser que necesito estar muy vacío o muy satisfecho para escribir. De otro modo lo que escribo me parece torpe y superfluo.
 
— Casi siempre se necesita estar jodido para escribir algo bueno; en general parece que se necesita estar vuelto mierda para hacer algo magnífico en la vida. Así son las cosas, para un momento sublime parece que necesitamos años de monotonía y porquería, y de repente hacemos una cosa tan buena, una cosa tan hermosa que siempre la vamos a recordar, aunque el momento en que la hicimos sea muy muy corto.
— Ya veremos que puedo escribir en estos días.
 
— Los libros pueden servir. Hemingway puede ser una buena excusa.
 
— De pronto. Vamos a ver que sucede.
Hasta la Próxima

El Lugar Limpio

Él despertó como siempre a las 4:30, la mañana era fría, pero no llovía. La luz grisácea, producto de la neblina, se colaba por las ventanas. Mientras se ponía la ropa para salir a correr notaba que aún tenía sueño, pero ya tenía la disciplina, ya se había acostumbrado a salir a correr todos los días a esa hora; su perro medio adormilado lo miraba desde la alfombra situada al lado de su cama.

 

Mientras amarraba sus cordones, sentado en el borde de la cama, sentía el leve frío matutino; el perro se desperezaba y se preparaba para salir correr, a pesar del frío y de las ganas de seguir en la alfombra siempre le acompañaba.

Tomo sus llaves y salió de la casa, una suave y fría brisa le golpeaba el rostro, sobre todo en sus orejas, las sentía como témpanos. Primero fue un caminar lento, parsimonioso, como si sus huesos se negaran a moverse, luego empezó con un trote suave como un pequeño caballo cuando es joven.

Luego de una hora sudaba copiosamente, la mañana seguía nubosa, pero había cedido en su empeño de matarlo de frío; el perro trotaba lentamente a su lado, la lengua afuera indicaba su cansancio, ambos ya deseaban regresar y beber agua, luego se separarían por algunas horas.

Mientras regresaba caminando pesadamente a su casa, pensaba en lo solo que estaba, se sentía tranquilo, a pesar de estar solo, tenía a su perro a todo el mundo para el sólo, no recordaba todo, sólo que hace varios años despertó en su casa y estaba solo, totalmente sólo, no había otro igual a él, no encontraba explicación, ni rastro de alguien semejante, no había fotos, no había vídeos. Todas las mañanas se miraba en el espejo y él era el único así, el único humano.

Mientras se duchaba con agua fría y se vestía seguían en su cabeza las mismas preguntas, ya se había acostumbrado a ellas, al principio fue doloroso, fue angustiante, tuvo ganas de matarse, de dejar de pensar, de sufrir; pero algo le detuvo, las ganas de saber más, de aprender y de entender que pasaba y porque pasaba.

Desayunaba fruta picada, unos cuantos huevos revueltos con cebolla y tomate y dos o tres tazas de café solo, hacía años que lo hacía: beber café solo, y arepa. Estaba convencido que comer bien en la mañana le ayudaba a pensar mejor durante el día.

Luego de desayunar fue a revisar una vieja y avejentada agenda, a decir verdad era un cuaderno común y corriente lleno de anotaciones, de horas, fechas, pensamientos, sensaciones y opiniones que plasmaba allí, era una manera de mantener la cordura y seguir pensando algo útil.

Hoy iba a la biblioteca, buscaría algún nuevo libro para leer; un libro nuevo para él, porque con tantos años ya se habían vuelto viejos; sólo le quedaban los libros y la música como rastro humano, lo demás, todo lo demás había desaparecido, no sabía cómo, no sabía por qué o a dónde, sólo sabía que había desaparecido y ya.

Al principio, luego de haberse despertado aquella mañana y ver todo igual pero sin nadie, sólo él, lloró, sufrió, gritó y se lamentó, tal vez mucho tiempo, todo esto mientras buscaba a otro; luego de algunos meses, no supo realmente cuantos, acepto estar solo, y empezó a pensar y a examinar detenidamente la situación.

Había llegado a la conclusión que la situación no era tan mala, tan desoladora, lo que pasaba es que era solo, pero tenía todo para él, los animales seguían con él allí, las cosas tal como eran antes de aquella incierta mañana, continuaban igual, los almacenes, los bancos, los hospitales, todo estaba igual; había abarrotes en las tiendas, licor en los bares, libros en las bibliotecas, autos, bicicletas, en fin.

No sabía muy bien que había ocurrido o cómo, lo cierto es que las personas como él, se esfumaron, parecía que no habían existido nunca, no había cosas usadas, no había fotos, no había vídeos, no tenía recuerdos con otras personas, en todo lo que recordaba se veía él solo, nadie más, él y el mundo, tal cual es, excepto otras personas; absolutamente sólo él.

Cuando despertó aquella mañana, todo seguía igual, pero ya no había nadie, él no se sentía extraño, pero sabía que antes no había sido así, tenía conciencia de eso, pero no había rastro de nadie, no había cartas, no había ropa, no había nada, en las otras casas todo estaba intacto, los muebles, las cosas, todo, pero no había señales de gente, los hospitales seguían igual, pero sin gente, como si estuvieran nuevos, lo mismo ocurría con los bancos, con las tiendas, con los parques, con los autos, todo estaba como si alguien habitará allí, pero no había ni un alma, excepto él.

Fue angustiante, triste, desesperante; en un comienzo creía estar loco, no podía explicar nada, nada tenía sentido, perdió el tiempo y sufrió; luego, poco a poco, nació en él una idea, una simple idea: buscar la razón de todo eso, la explicación, saber que pasaba; eso le dio aliento, le revivió, se sintió un poco mejor y empezó a organizar bien la idea.

Primero notó que necesitaba un sustento, comer, dormir, salud, pero sobre todo necesitaría ocupar su tiempo en algo, algo que le mantuviera la cabeza ocupada y que le acercará a la verdad que buscaba. No tardaron en aparecer situaciones que lo ponían contra la pared, por ejemplo, ahora ya no tenía jefes, ya no tenía que rendir cuentas a nadie, ni responder o sustentar a otro, sólo a su fiel perro, pero eso era fácil; además aquel perro era su más constante y certera compañía, sentía el pasar de las cosas y de la vida gracias al perro, el tiempo y la vida tenían ahora un significado muy profundo para él gracias a su perro, con su perro el notaba que envejecía, que cambiaba y aprendía.

Como no tenía necesidad de trabajar o de emplear su tiempo en cosas que no quisiera, al principio se dedicó a hacer cosas que le satisfacían, que le ocupaban el tiempo sin mayor esfuerzo, pero pronto se aburrió, noto la vacuidad de gastar su tiempo así. A pesar de saberse solo y de tener todo el mundo a sus píes sabía que era finito, que su vida era efímera, que era suspiro frente a la vida misma y el tiempo mismo del planeta, del universo, y fue allí cuando en verdad empezó su búsqueda.

Decidió acertadamente que tenía que mantener ciertas cosas ordenadas, en píe, para que funcionarán, por ejemplo hospitales, bibliotecas y almacenes de abarrotes, además algunos cultivos, mantener limpios y ordenados esos lugares le harían la más más fácil y más agradable.

Curiosamente la cosas funcionaban bien y siguieron funcionando bien después de aquella mañana y a pesar de estar abandonado y solo el lugar, se  mantenía limpio, es más, se ensuciaba muchísimo menos, el orden era casi perfecto, así entonces él no tendría mayores inconvenientes para mantener las cosas así.

Los primeros días fueron agotadores, no había tenido la necesidad de apreciar el valor de las cosas funcionando, pero pronto entendió y se acostumbro, y saco gusto a aquellas tareas. Cuando decidió aprender a cultivar cosas, a mantener alimentos invirtió todo su tiempo y esfuerzo, fue realmente extenuante, pero lo logro, tenía un cultivo de muchas cosas, tomates, cebolla, algunas frutas, maíz, avena, en fin, la mayoría de las cosas que consumía normalmente.

Así mismo había aprendido a cuidar, mantener y curar algunos animales que le proporcionaban alimento, sólo mantenía unos pocos, la cantidad de la cual podía hacerse cargo cómodamente, a los demás los dejaba ir. Había aprendido que los animales eran tan sabios que ellos mismos encontraban su sustento, no necesitaban de nadie para eso, a su perro lo tenía porque el seguía a su lado, lo tenía desde que nació, y el lealmente se mantenía con él a pesar de todo, a pesar del tiempo. Las situaciones con aquel perro eran lo más nítido que recordaba, por eso le quería y lo cuidaba, era la única certeza que tenía de su propia existencia.

En los almacenes, bancos y demás, parecía que el tiempo transcurría lentamente, casi arrastrándose, las cosas, muebles, objetos, instalaciones apenas presentaban marcas del paso del tiempo, y los alimentos empacados y cosas por el estilo tenían fechas muy muy lejanas de caducidad, extraño pero cierto, esto alivió muchas necesidades de él, la alimentación y la salud fueron una preocupación menor para él, empleaba su tiempo en mantener ciertas cosas intactas, bibliotecas, museos, hospitales, gasolineras, hidroeléctricas, en fin; tomo mucho tiempo aprender lo básico sobre cada una de esas cosas, pero valía la pena; él guardaba una profunda esperanza que de un momento a otro aparecieran otros y así pudieran todos seguir con sus vidas como si nada.

Aquel día despues de unas seis o siete horas de lectura de dos o tres temas y un par de novelas regreso a su casa, la bella tarde anaranjada recortaba las sombras delos árboles frondosos contra las casas y las carreteras, todo parecían habitado y normal, pero no lo era, caminaba tranquilamente hacia su casa mientras veía algunos pájaros volar y hacer piruetas y al sol esconderse perezosamente tras la ciudad.

Cuando introdujo la llave en la puerta, su perro empezó con unos suaves ladridos de plena alegría, él llevaba un par de tortas que sabía que le encantaban al perro, apenas entro dio al perro las tortas y éste se fue a comerlos en su alfombra con un cadencioso batir de rabo.

Preparo rápidamente una comida, algunas verduras, un par de presas de pollo, arroz y papas cocidas, y agua, fue su comida y tras cada bocado veía por la ventana, pensando en los cultivos y en los animales, en algunos oficios de mantenimiento y limpieza que tenía que hacer o pronto los olvidaría.

Al terminar siempre iba a su habitación, ponía música, ahora escuchaba de todo y todo el tiempo, era una excelente manera de sentir contacto humano, quizás la mejor hasta ese entonces, y trataba de imaginarse a otro como él, pero le resultaba demasiado complicado, le dolía la cabeza y terminaba exhausto, no sabía por qué pero no podía imaginar a otro ser humano, siempre que lo intentaba terminaba viéndose a si mismo, a otro exactamente igual a él, y esto le parecía extraño y a veces hasta espantoso, no podía ser que todos fueran iguales, exactamente iguales.

Aquel día hizo lo mismo y cuando se sintió cansado, aún sin dolor decidió buscar un libro mientras la música continuaba, así que tomó un libro y empezó a leer, el libro contaba la historia de un soldado que se habñia enamorado de una enfermera durante la segunda guerra mundial, algo que habñia sucedido hace mucho tiempo.

El leía y leía, mucho, entendía pero no sabía quien era quien, sólo los nombres de personas, pero no tenía fotos, recuerdos o referencias directas y palpables, sólo los libros y todo lo que estos podían enseñarle.

Aquella noche, cuando sus párpados empezaron a caer por cansancio, dejo el libro, apago la música y decidió dormir, su perro apenas levanto la cabeza para verlo un momento y volvió a enroscarse para seguir durmiendo.

Aquella noche y aquel día, no encontró nada, avanzaba en su búsqueda, poco, pero avanzaba; aún no encontraba una evidencia o una explicación directa, pero seguía aprendiendo, así no fuera sobre lo que le angustiaba: su total soledad como individuo de una especie; pero se sentía tranquilo, sabía que su vida valía la pena y quería vivirla, quería aprender y saber.

Pronto se quedo dormido y no soñó nada, ya sería otro día y otro momento.

Hasta la próxima.

El Alma de un niño

“África, siendo tan ancestral como es, transforma a todo el mundo, salvo a los invasores y expoliadores profesionales, en niños. Nadie le dice a nadie en África: <<¿Por qué no creces?>>. Todos los hombres y animales suman un año más de edad cada año y algunos adquieren un año más de conocimiento. Los animales que mueren más pronto aprenden más de prisa. Una gacela joven es madura, equilibrada e integrada a la edad de dos años. Está bien equilibrada e integrada a la edad de cuatro semanas. Los hombres saben que en relación con la tierra son niños y que, como en los ejércitos, madurez y senilidad cabalgan muy juntas. Pero tener corazón de niño no es ninguna desgracia. Es un honor. Un hombre debe comportarse como un hombre. Debe luchar siempre preferiblemente y sensatamente con la ventaja a su favor, pero si es necesario también en inferioridad de condiciones y sin pensar en el resultado. Ha de respetar las leyes y costumbres de su tribu tanto como le sea posible y aceptar la disciplina tribal cuando no lo haga. Pero nunca será un reproche decir que ha conservado un corazón de niño, la sinceridad de un niño, la frescura y la nobleza de un niño.”

Ernest Hemingway nos deja este párrafo en las paginas iniciales de Al Romper el Alba, y tiene razón, el alma de un niño es limpia, inocente y hambrienta, pero hambrienta de conocimiento, de saber y de amor. Por sobre todas las virtudes de la niñez, me quedo con tres cosas, su curiosidad, su capacidad de perdón y su entrega de amor desinteresado. En la medida que el hombre se hace adulto y viejo y se curte en esto que llamamos vida, pierde las tres cosas y con ello pierde su felicidad o la mejor posibilidad de serlo.

La curiosidad de un niño es indescriptible, luego de que empieza a hablar con claridad, empieza también a querer saber como funciona el mundo, y para todo tiene un ¿Por qué?. Quieren saber todo de todo, y la gran mayoría de las veces, nuestras respuestas no son satisfactorias para ellos, entonces vienen más preguntas y mas y mas. Es Fascinante.

Crecemos, “maduramos” y perdemos esta curiosidad, el entorno, la familia, la sociedad y la educación amputan este deseo natural sustancialmente, con lo cual terminamos estudiando algo que nos gusta, como si el mundo entero con su cultura y su ciencia no fuera lo suficientemente atractivo para estudiarlo de cabo a rabo, luego ejerciendo o trabajando en lo que estudiamos, pero raramente somos felices con eso, ya no queremos saber muchas cosas que pasan porque no hay tiempo, o por que no es nuestro campo, nos cortaron las alas de la imaginación.

El perdón de un chiquillo es lo que más me asombra, no son capaces de tener rencor, no saben que es eso, no se envenenan. Se les puede insultar, humillar, hacer llorar, en fin, y después de unos minutos parecen ni recordarlo, te seguirán ofreciendo una sonrisa y jugando y hablando como si nada hubiera pasado, parece que ni saben que es el perdón porque su felicidad reside en cada segundo que viven y juegan y aprenden, al parecer si sufren un segundo, ni les importa, porque les queda infinidad más para ser felices. Pero crecemos y aprendemos a tener resentimientos, a odiar, permitimos que nos carcoma el alma y nos reducimos poco a poco y terminamos siendo infelices y haciendo infelices a los demás. Si la humanidad aplicara la mitad del tiempo esto, si perdonáramos, sabríamos que es la felicidad.

Que decir de la capacidad de amor, es lo mas hermoso del mundo, es la mejor expresión del amor, no tiene ningún interés implícito, no importa si se les ama de verdad o no, un niño ama por el simple placer de hacerlo, y lo hace sin saberlo, y nunca te pedirá que le digas que lo quieres, nunca va a pedir amor, pero va a dar todo el amor que pueda. La niñez es el mejor definición del amor.

Hasta la próxima.