El maldito inclemente

Es triste como la memoria se anega con lágrimas de recuerdos borrosos, como el tiempo inclemente va dando martillazos en las cosas, las personas y los lugares que alguna vez conocí.

Como las calles se agrietan, las casas se caen, los árboles se secan, como las personas se van, y los recuerdos de ellas se van desdibujando.

Como trato de aferrarme a esos recuerdos, como trato de agarrarlos, pero las personas de mis recuerdos se deshacen y las agarro, pero no están y es como agarrar humo. Trato de recorrer los lugares que ellas recorrieron, pero ya no son aquellos lugares. Trato de respirar el aire que alguna vez respiraron, pero ya no es ese aire, porque sabe diferente.

Porque al ir a esos lugares ahora, ya nada es igual, porque parece que todo se detuvo y esas personas están allí, pero la vida real no es así, y mi memoria me sacó de ese lugar y ya no puedo entrar.

Porque a veces a esas personas las recuerdo, pero su recuerdo se me trata de borrar y me resisto, porque a veces me hacen tanta falta como la comida, como el aire, y entonces el vacío se instala adentro del cuerpo y se siente uno como un cascarón inmenso y frágil y tiene miedo de romperse, porque parece que dicho vacío está allí desde hace mucho tiempo y que es inmensamente difícil de llenar.

A mi abuela, porque la recuerdo a veces y deseo haber tenido más tiempo, pero el maldito inclemente no perdona.

Hasta la próxima.

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Ideas Fugaces (IV)

 

— No.

— ¡Vaya! ¿y el positivismo y la alegría?

— Están bien, creo que guardados, pero bien.

— ¿Qué paso?

— Que por fin voy adquiriendo conciencia de las cosas, de las relaciones con otras personas, que siempre hay que esperar al menos dos cosas un si y un no, o una evasiva; que esperar menos es más saludable y más tranquilizador.

— Pero eso es bueno ¿no?

— No es bueno, ¡Es buenísimo! ¡Es lo mejor! pero es muy difícil aprenderlo y hacerlo; a mi me ha costado varios porrazos.

— Pero bueno.

— Emmm, si. Voy aprendiendo, ¡Por fin!

— Jajaja, ¿por fin?

— Si, porque me tomo mucho tiempo abrir los ojos, dejar de ser tan iluso, tan convencido, tan tonto.

— ¿Ser positivo es ser tonto?

— No, lógicamente no, pero si es tonto ser positivo dejando de lado la realidad, dejando de ver el mundo como es, creyendo que todo va a fluir por nuestro simple deseo, por muy fuerte que sea, sobre todo con las personas, las personas son complejas, son cambiantes, todos somos cambiantes.

Así que no es muy sensato esperar y estar convencido de certezas, cuando por lo general hay más de una opción, sobre todo con las cosas en las que hay personas, donde hay seres como tu o como yo que pensamos, que aprendemos, que cambiamos, que tenemos prioridades, y queremos distintas cosas.

– Yo no soy una persona como tu, sólo soy otra parte, como un contrapeso, un cuestionador impertinente e hiper tunante.

Sólo suelo aparecer siempre para hurgar, para molestar, en otras palabras para joder la vida.

Sólo eso, sólo pregunto y pregunto y cuestiono, y tu respondes, te aseguras y te convences, y yo vuelvo a preguntar y permanecemos así largo tiempo.

– Si, ya se.

Pero aún así las personas son cambiantes, muy seguramente todas tienen el mismo cuestionador, que dice pendejadas “¿y el positivismo y la alegría?”

– No.

Hasta la próxima.

Dos Cosas

1.
A veces se levanta pensando en ella; los ojos le pesan, el sueño le quiere aplastar, los ojos le pesan, las piernas le pesan, los brazos le pesan, hasta la vida le pesa y aún así se levanta. Una maldita idea hace que se mueva.
No sabe nada, entiende pocas cosas y siente menos. Pero las ideas le dominan. También puede ser que él todo lo vuelva ideas; las sensaciones, las emociones y los sentimientos, todo lo equipará a ideas. Es un estúpido para diferenciar entre una cosa y otra, así que a todas estas cosas las cataloga y las trata como a ideas.
A pesar de eso, se levanta, todo el día la cabeza es un madeja mal hecha: solo nudos y pedazos apretados y sin sentido; es el riesgo de las relaciones humanas, a veces te hacen añicos, te van a sujetar y difícilmente te van soltar, pocas veces te libras, siempre vas a sufrir un poco, aunque lo que aprendes es mucho más valioso y mejor que todo el sufrimiento.
Pero también a veces te deleitas, y vives y sientes esa cosa llamada felicidad. La sociedad, permite eso, la tristeza y la felicidad son dos extremos de toda relación, de toda interacción humana. Al fin y al cabo somos seres sociales y estamos sometidos a vivir entre dichos extremos.
Se levanta y se mueve, y hace y piensa con la misma idea metida la mayor parte del tiempo en la cabeza.
2.
Como sus certezas son escasas muy escasas, ningún habitante del planeta tiene un porcentaje considerable de certezas en este viaje llamado vida, entonces vive y transcurre cada instante con la idea de antes metida en la cabeza y haciendo un montón de cálculos, de hipótesis, de sueños, de deseos, de anhelos, de construcciones y demoliciones que sólo ocurren allí: en su cabeza.
La vida se le vuelve una apuesta, lanzar los dados y esperar a ver si gana o pierde: no hay certeza en eso.
Si gana bien, un poco de tranquilidad, por un tiempo; si pierde, pues nada, siga intentando, soporte el fracaso y siga.
No hay certeza, así que la vida se vuelve una apuesta, pero no está dispuesto a perder demasiado, así que trata de acomodar cartas, de anticiparse, de ver una jugada más allá, de estar atento todo momento y procurar tener una mayor probabilidad de ganar. Una apuesta, un juego.
No hay certeza, así que usa algunas armas, las pocas que tiene y que sabe manejar: ser honesto, tratar de pasar limpiamente por el camino llamado vida; vivir aprendiendo, esto lo ha mejorado, mucho; escuchar, escuchar mucho y ayudar más; hablar poco, pero hablar bien con seguridad; reír, la mejor arma contra todo; no dañar a otros, algo muy difícil, sobretodo cuando vivimos en sociedad.
Usa estas armas, a veces con destreza, a veces a trompicones. A veces le ayudan, a veces no sirven de mucho, porque gasta tiempo y pierde ocasiones. Pero no importa, sigue así, la idea le mueve, le motiva y le sostiene.
Y si su idea es falsa y resulta ser pura ilusión. Si su idea falla, o es una vil mentira, o si todo es producto de su bromista imaginación; también lo ha contemplado, y está dispuesto a correr ese riesgo, el golpe no le matará, de eso está seguro. De todas formas su vida no es muy diferente a lo que era antes de surgir dicha idea. Ahora está la idea, antes no estaba, pero sus acciones eran las mismas.
No hay certeza, así que trata de ser totalmente consciente de cada segundo de este viaje.
Hasta la próxima.

No sirve de nada

Con una lucidez extraña abre los ojos y mira los grandes números rojos en medio de la oscuridad, 3:30 a.m., esa hora en la que la gente está profundamente dormida y en la que es muy raro despertar en medio de un apacible sueño, mira el reloj unos minutos, 3:34, millones de ideas han pasado ya por su cabeza, está intranquilo, se levanta y va al baño, mueve el interruptor y se enciende la luz, los ojos en esa acción refleja se cierran un poco mientras se acostumbran.
Esta perplejo mirando su reflejo en el espejo, esa cosa extraña es él, nada particular, bastante normal, una persona cualquiera, mira su reflejo embobado, pasan varios segundos.
“Esa cosa soy yo, no tengo nada diferente, nada particular, ni nada maravilloso.
La ceja izquierda es notoria, tiene un pequeño arco macabro, ahora no se nota, pero cuando hace cualquier gesto, esa es la ceja que lidera el gesto, siempre se levanta más y siempre exagera el movimiento; el entrecejo parece siempre tenso, es extraño, debe ser culpa de mantener casi siempre la el rostro tenso.
Los ojos son normales, nada fuera de lo común, la nariz lo mismo, los pómulos son fuertes, y hasta huesudos.
La boca es otra cosa, el gesto normal es serio y hasta frío, los labios parecen curvados hacía abajo casi con crueldad, cuando sonríe, parece forzado, es un gesto artificioso, extraño, el mentón es recio y ayuda en la crueldad de la boca.

Curioso, las tres de la mañana y yo pensando huevonadas.
Abre el lavamanos se moja la cara y toma agua, el frío del agua le refresca la acalorada garganta, la siente bajar tranquilamente a través del pecho, vuelve a mirar al espejo, los ojos más alerta y la ceja izquierda ya levantada.
“No se obsesione, no quiera nada, no se empecine, porque no le va a servir para nada, ya lo sabe, no es la primera vez, ya le ha pasado antes, siempre con los mismos resultados, siempre sale perdiendo o lo que parece que es perder; cuanto más desee y más se angustie y más ansié, más miserable va a ser, y más incontrolable va a ser todo.
Ya sabe como es eso, la terquedad sólo le va a servir para pocas cosas, para aquellas cosas que le afectan directamente: su comida, su bienestar, sus pensamientos y sus acciones y tal vez algunas cosas.
Las situaciones y sobre todo las otras personas, se salen de sus manos, no podrá controlarlas. La terquedad y el deseo y la obsesión y la ansiedad no sirve para nada, es gastar energía y tiempo. Hasta ahora no ha servido eso.
Desarraigo, esa parece ser la mejor opción, así se evitará muchos dolores de cabeza, haga bien las cosas y ya, sólo eso está en sus manos.
Aprenda el camino y luego olvídelo, así no tendrá cadenas que lo aten y no estará sufriendo y quejándose en un futuro.
Debe ser muy difícil, lo más difícil; estar en este conjunto tener este entorno y luchar para no ser parte de él, para excluirse, para liberarse de las millones de cadenas que lo atan.”
Un largo silencio se establece, mientras sigue mirando como un tonto su cara en el espejo, sólo se mira, como si el reflejo fuera a decirle algo nuevo o a darle la respuesta del porque de la vida, el frío empieza a incomodarlo.
“Mejor me voy para la mierda y me vuelvo a dormir”
Apaga la luz y con los ojos perdidos se regresa a la cama a dormir, mira el reloj, 3:45, sus ojos fijos en los números y su cabeza saltando de idea en idea; se va quedando dormido mientras algunos sonidos van apareciendo poco a poco.
Hasta la próxima

Ideas Fugaces (II)

– ¿Y mis creencias?

– Tendrá que tragárselas.

– ¿Por qué?

– Porque no a todos le gustan, algunas no las soportan, ni siquieran desean oírlas, mucho menos las compartirán.

– ¿Y entonces?

– Y entonces nada, tranquilo, son suyas, sólo suyas pocas cosas o personas se las harán cambiar.

Envidia

Vivimos agazapados, con rencores, con tristeza, añorando lo pasado y deseando algo mejor, siempre.

Se nos van los años y esta sensación continúa, más añoranzas, más deseos, más cadenas para nuestra libertad y felicidad.

Vivimos deseando lo que otros tienen, envidiando; y siempre nos damos látigo porque no tenemos lo mismo que otros tienen y perdemos minutos, semanas, años, pensando en lo que merecen o no merecen otros; vivimos cargados de envidia, amarrándonos a la culpa de no hacer o de no tener.

Siempre así, mal gastamos nuestras cortísimas vidas pensando en otros sin darnos cuenta que la vida nos pasa por encima y nosotros somos su tapete; que somos tan minúsculos en este infinito y denso universo como para estar comparándonos, compitiendo, tratando de obtener cosas y reconocimiento, cuando al fin y al cabo durará muy muy poco, todas esas cosas son efímeras; cuando terminemos este viaje esas cosas dejarán de importar.

Vivamos, aprendamos, amemos mucho y odiemos poco, toleremos más y lloremos menos, siempre es mejor no pensar tanto en lo que hacen los otros sino en lo que hago yo y como lo hago, en cuanto colabora a mi libertad y felicidad lo que hago a cada instante.

Sólo hay una persona a la que vale totalmente la pena derrotar, con la que siempre será un gusto y un desafío competir: con cada uno de nosotros mismos, somos nuestro rival número uno, nuestro mayor enemigo, cargamos nuestras frustraciones y nuestras fortalezas, cada acción o inacción será determinante al segundo siguiente.

Cada uno de nosotros es la única persona con la que es posible e importante compararnos, sólo así vemos cuanto hemos avanzado, cuanto hemos dejado pasar y cuanto hemos aprovechado los exiguos años que vivimos. Sólo así veremos si de verdad es correcto nuestro camino  para lograr felicidad. Sólo vale competir con nosotros mismos, con nuestros miedos y nuestros sueños.

Y para vencernos debemos estar dispuestos a emplear toda nuestra energía y empeño a dar nuestra vida por ser felices, a emplear toda la disciplina y el tiempo que tenemos para no quedarnos amarrados; para poder terminar el viaje bien, tal vez con muchas cicatrices en el alma y en el cuerpo, pero con una sonrisa eterna de satisfacción.

 

 

Hasta la próxima.

Personas (I)

Caminaba, el ceño fruncido, hacía varios días pensaba en las mismas cosas, en otras personas y en él mismo; el día caluroso y hasta insoportable no ayudaba a calmar el desespero de su cabeza y su alma atribulada.

No sabía que creer, ¿será que todas las personas tienen sueños, metas, desean cosas tan profundamente como él? ¿será que todas lo logran? ¿el desespero por cumplir esos sueños lo tienen todos? en fin, muchas preguntas y pocas respuestas, como sucedía con casi todo en la vida.

Tenía la certeza de que tenía muchos sueños, estaba seguro de querer cumplirlos, aunque a veces todo parecía lejano y confuso, aunque a veces el camino es difícil y largo, aunque a veces se siente cansado y sin ánimo; tiene sueños.

Sin embargo también era débil, se cansaba, sufría y lloraba, aunque no siempre físicamente, lloraba por dentro, a veces su sufrimiento sólo lo conocía él, se tragaba todo eso y seguía como si nada, era orgulloso y estúpido; seguía soñando.

A veces no quería seguir, se preguntaba si todo esto tenía un final feliz, es más se preguntaba si tenía un final, porque todo parece seguir siempre, parece nunca acabar, parece circular, parece repetitivo y agotador.

A veces quería largarse al carajo, dejar todo atrás, vivir por el simple placer de vivir, como viven los arboles o los animales: comer, vivir, comer dormir; vivir, sólo vivir; sin deseos, sin sueños, sin preocupaciones, más que por aquello que realmente es necesario: comida y techo, lo demás irá llegando o se fabrica.

A veces quería dejar todo atrás, sólo desaparecer, como un pensamiento fugaz, como un suspiro de alivio, como una bonita noche, como un caluroso día, vivir y ser feliz, para terminar algún día.

A veces quería, pero nunca podía, algo le retenía, le hacía pensar, le detenía, lo atormentaba, eran sus deseos, era su alma, quería algo, no sabía exactamente que, cariño, fama, dinero, amor, no sabía que, pero siempre seguía insistiendo, a pesar de que muchas cosas le parecían falsas, tontas o inutiles, a pesar del mundo que se desmoronaba siempre seguía.

Era esa contradicción constante entre lo que se piensa, lo que se desea, lo que se necesita, lo que se hace, lo que se obtiene y lo que se tiene; rara vez coincidían todas y eso le desesperaba.

Pero aún así, a pesar de todo eso, a pesar de sufrir, de que su mente fuera tormentosa, de que la paz y la tranquilidad fueran esquivas, aún así, él seguía, no sabía porque, pero seguía.

 

– ¿Será que todos tenemos las mismas necesidades, los mismos deseos y sueños?

Sería bueno poder mandar todo a la mierda e irme al carajo, al Sahara, a China, a vivir como los Tuareg o como un monje budista, donde nadie espera nada mio y yo no espere nada de nadie, a comer vivir y dormir.

 

….

 

– No, pero no. Yo soy mucho más que todo esto, soy más que los problemas, más que la vida, más que otras personas, más que otra gente, soy mucho más que el mundo entero; voy a cumplir cada meta que tengo y luego si desaparece como una pompa de jabón, rápido y sin dolor, jaja.

Voy a hacerlo, tengo que hacerlo, quiero hacerlo.

Seguía caminando, faltaba poco para llegar a su destino, la rabia y la energía producían una extraña mezcla en él, había algo claro, a pesar de todo, no se rendiría, insistía e insistía.

Lo había aprendido en una de las pocas cosas que le gustaban y que amaba con el alma: el fútbol, para él en el fútbol no había fracasos o éxitos, sólo el juego y listo, nunca se rendía, prefería morir jugando a rendirse. Luego terminaba el juego y lo olvidaba.

Al parecer la rabia, el orgullo y un poco de indiferencia eran el impulso que lo hacían continuar, eran las motivaciones que le movían, que le alimentaban, no eran las mejores, pero lo mantenían a flote.

El calor implacable no cedía y aún así muchas personas seguían caminando, muchas tenían sus rostros cansados y  sudorosos, pero se seguían moviendo, miles de personas con infinitos deseos, llenas de dudas, de rabia, de pasión, de sufrimiento y amor, todas seguían a su manera, todas seguían pensando, peleando en su interior y sudando al exterior.

Hasta la próxima.