Ideas Fugaces (VII)

Al fin de cuentas nadie ha logrado nada sólo llorando.

Hay que romperse el lomo, hay que romperse el alma.

Llore, si quiere, si lo necesita, pero no se quede quieto, no le sirve de nada, muévase, decida algo, continúe o renuncie, pero decida; actúe y cambie algo.
Sólo cambiando algo notará algo.
No se deje abatir, aún queda vida por delante, mientras esté respirando lo puede intentar de nuevo.
Nada es tan definitivo en la vida, sólo la muerte.
Siga adelante, esté seguro que le van a romper el cuerpo, le van a destrozar el alma, pero aún así puede continuar.
Porque está vivo.

Hasta la próxima.

Ideas Fugaces (III)

Lunes 4 de noviembre. La finísima lluvia se resiste a dejar de caer. Miles de luces se reflejan en el pavimento húmedo de la carretera, producen una agradable sensación en los ojos.
Se queda absorto algunos minutos mirando el reflejo de las luces, instintivamente recuerda un vídeo de Eric Clapton donde sucede algo parecido: los reflejos de las luces en la carretera, la lluvia, la gente caminando y la lluvia cayendo.
Tiene la cabeza llena de ideas, millones de ellas, tantas como hacía mucho tiempo no ocurría, ni siquiera sabe por donde empezar, no sabe como desenredarlas, no sabe como detenerlas o como controlarlas, son un río, que cuando aparece se lo llevan por delante, sin contemplación.
Inundada la cabeza de ideas, pero con la presión en el pecho, aquella presión que es familiar, que siente algunas veces, pocas veces a decir verdad, pero de forma tan intensa que por lo general termina llenándose de rabia, de dudas, de ideas flojas, de idioteces.
“Lástima, con estas ganas de escribir y yo lleno de tanta mierda.
Si escribo ahora, escribiría cosas que a la gente posiblemente no le gusten, y que no van a ayudar a nadie.
Tóxico, muy tóxico.”
Sigue esperando un bus, han pasado muchos, pero ninguno de ellos ha parado. Sigue mal diciendo un poco, luego sonríe, mira a lo lejos y sigue pensando, el bus aún no pasa. 
“Sólo queda una posibilidad, seguir trabajando, seguir caminando, seguir insistiendo, ser terco, muy terco, muy muy terco.
Si me rompo o si me estrello contra el mundo o si sufro; si todo es volátil y efímero o si todo es ilusión o si la cago.
Pues bien, tendré que lamerme las heridas, solo como otras veces y seguir, al fin y al cabo hay muchas cosas que sigo aprendiendo a porrazos y de cualquier forma me lamo las heridas y sigo, y a veces vuelvo y la cago, y la cago otra vez, y otra vez, jaja, ya aprenderé.
De todas formas siempre saco cosas buenas de todo esto, tal vez ahora no parece así, pero siempre sale algo bueno y siempre aprendo, tal vez no cuando toca, sino mucho después.
Ahí viene el bus.”
Sube al bus, algunas personas de pie, siente el golpe de calor que retrata claramente el fresco frío que hay en las calles. Paga, se acomoda y sigue pensando, mira a través de la ventana sin pensar, solo ve manchas de colores y oscuridad, se suceden rápidamente, no es consciente de ello; sigue luchando contra el desbordado río de su cabeza, de sus ideas. 
Hasta la próxima.





Totazo

– Usted siempre va a tratar de asirse de algo, de buscar un apoyo, de donde poder seguir colgado, una piedra, un saliente, un hueco, algo de donde agarrase.

Tiene miedo de caer, de soltarse y caer, de darse duro contra el mundo, siempre ha tenido miedo del golpe.

– ¿Y…?

– Y nada, Ojala.

– ¿Ojala qué?

– Ojala se caiga.

– ¿Para qué?

– Para que al caer se reviente del totazo y se de cuenta que no es tan doloroso como creía, que tendrá que limpiarse las heridas y que de todas formas tendrá que volver a subir.

– ¿Y si no me reviento?

– Igual tendrá que subir es lo único que le queda, caerse, ponerse de pie y volver a subir.






Hasta la próxima


Buscando ideas

Se tomaba la cabeza a dos manos, se rascaba, con desespero, pensaba que tal vez así de un momento a otro las ideas llegarían, que su mente se iluminaría como un anuncio publicitario con una magnífica idea.

Pero no pasaba, estaba atestado de ideas, de opiniones, de creencias y de juicios, rebosaba de inconformismos y de sentencias, pero aún no lograba estructurar algo bueno y coherente.

La cabeza llena pero inútil, así se sentía, llevaba ya un buen tiempo sin escribir, tenía muchas ganas pero no sentía la necesidad, parecía que cuando mejor escribía o surgían las cosas era cuando estaba en mal estado, o al menos cuando no estaba cómodo consigo mismo.

Ahora estaba tranquilo, tal vez no satisfecho, pero si tranquilo y a la espera, pero eso le afectaba, no dejaba que su cabeza trabajara como quería, paradójico pero cierto, necesitaba estar dañado para sacar algo bueno.

Pasaba largos intervalos de tiempo pensando, tratando de hilvanar algo, una historia, una anécdota, un juicio, algo, pero su cabeza y su intelecto le jugaban bromas, cuando parecía tener el material, al sentarse, todo se esfumaba, se enredaba y al empezar a escribir, hablaba de todo y de nada, saltaba de una cosa a otra sin concluir algo; su mente era como un ratón asustado, no sabía donde esconderse y vagaba afanada y sin rumbo.

 Mucho tiempo y esfuerzo y nada, luego de varias pruebas, intento otra cosa, buscar algún motivo para sentirse mal, roto, así tal vez brotaría lo que esperaba, pero ni aún así, no lograba sentirse tan mal como para sufrir, al contrario cada motivo lo estudiaba meticulosamente y se daba cuenta que no tenía razón para sentirse triste o acabado.

Estaba en un punto donde no se sentía totalmente feliz, pero no estaba triste, y cada cosa, cada situación la estudiaba, la diseccionaba con cuidado, analizaba todo y terminaba por concluir que no necesitaba estar mal ni bien, sólo necesitaba seguir analizando, pensando, así las cosas que él creía buenas cuando escribía no aparecieran.

Seguía pensando, miraba a través de la ventana de su casa mientras una suave llovizna dejaba grises y desiertas las calles, aún buscaba las ideas.

Hasta la próxima.

Anécdota (I)

La piedrita avanza rápidamente varios metros gracias a la patada anterior, levanta la vista para ver donde cayó, está lejos de su trayecto, la pateo con demasiada fuerza, sigue con la rabia, y la enorme cantidad de ideas que casi siempre le atormentan.

– Me hago viejo, ahora me gustan cosas que no me gustaban y me agrada la música que antes no me gustaba, en fin.

 

Que mierda hacerse viejo, es raro, se gana experiencia, se aprende, pero se siente uno más inútil, más vacío y hasta más solo.

Ahora soy más tolerante, ahora pienso cada cosa antes de actuar, no como antes, soy más paciente, aunque es bueno también es extraño.

El sol le cocinaba las orejas y la nuca mientras seguía caminando cabizbajo y maldiciendo en su interior.

– La mayor cagada de hacerse viejo es que uno ya no puede hacer todo lo que podía hacer antes, el cuerpo cambia, se cansa, se desbarajusta, que mierda.

Iba cruzando una calle y se tropezó y cayó, como un tonto, se paro de inmediato; sabía que lo observaban, y que hasta se reían de él, esgrimió una sonrisa falsa y torcida y siguió mientras se sacudía.

– ¡Maldita sea!, y la gente se ríe.

Eso, ríanse ahorita, que yo me río luego, ya podré yo reír cuando alguno se caiga…

Porquería.

 

– Voy a mostrarles de lo que soy capaz, a pesar de lo viejo que estoy, voy a conquistar el mundo, voy cumplir cada objetivo, voy a mostrarles que soy un genio, que soy un guerrero, que soy una mula, terco y fuerte, soy un maldito sabelotodo.

Y mientras se llenaba de rabia y motivación, apuraba el paso, ya no maldecía, solo quería hacer cada cosa que tenía y quería hacer, hacer cada cosa bien y salir triunfante, el sol seguía sobre su cabeza con indiferencia.

Hasta la próxima.

Personas (I)

Caminaba, el ceño fruncido, hacía varios días pensaba en las mismas cosas, en otras personas y en él mismo; el día caluroso y hasta insoportable no ayudaba a calmar el desespero de su cabeza y su alma atribulada.

No sabía que creer, ¿será que todas las personas tienen sueños, metas, desean cosas tan profundamente como él? ¿será que todas lo logran? ¿el desespero por cumplir esos sueños lo tienen todos? en fin, muchas preguntas y pocas respuestas, como sucedía con casi todo en la vida.

Tenía la certeza de que tenía muchos sueños, estaba seguro de querer cumplirlos, aunque a veces todo parecía lejano y confuso, aunque a veces el camino es difícil y largo, aunque a veces se siente cansado y sin ánimo; tiene sueños.

Sin embargo también era débil, se cansaba, sufría y lloraba, aunque no siempre físicamente, lloraba por dentro, a veces su sufrimiento sólo lo conocía él, se tragaba todo eso y seguía como si nada, era orgulloso y estúpido; seguía soñando.

A veces no quería seguir, se preguntaba si todo esto tenía un final feliz, es más se preguntaba si tenía un final, porque todo parece seguir siempre, parece nunca acabar, parece circular, parece repetitivo y agotador.

A veces quería largarse al carajo, dejar todo atrás, vivir por el simple placer de vivir, como viven los arboles o los animales: comer, vivir, comer dormir; vivir, sólo vivir; sin deseos, sin sueños, sin preocupaciones, más que por aquello que realmente es necesario: comida y techo, lo demás irá llegando o se fabrica.

A veces quería dejar todo atrás, sólo desaparecer, como un pensamiento fugaz, como un suspiro de alivio, como una bonita noche, como un caluroso día, vivir y ser feliz, para terminar algún día.

A veces quería, pero nunca podía, algo le retenía, le hacía pensar, le detenía, lo atormentaba, eran sus deseos, era su alma, quería algo, no sabía exactamente que, cariño, fama, dinero, amor, no sabía que, pero siempre seguía insistiendo, a pesar de que muchas cosas le parecían falsas, tontas o inutiles, a pesar del mundo que se desmoronaba siempre seguía.

Era esa contradicción constante entre lo que se piensa, lo que se desea, lo que se necesita, lo que se hace, lo que se obtiene y lo que se tiene; rara vez coincidían todas y eso le desesperaba.

Pero aún así, a pesar de todo eso, a pesar de sufrir, de que su mente fuera tormentosa, de que la paz y la tranquilidad fueran esquivas, aún así, él seguía, no sabía porque, pero seguía.

 

– ¿Será que todos tenemos las mismas necesidades, los mismos deseos y sueños?

Sería bueno poder mandar todo a la mierda e irme al carajo, al Sahara, a China, a vivir como los Tuareg o como un monje budista, donde nadie espera nada mio y yo no espere nada de nadie, a comer vivir y dormir.

 

….

 

– No, pero no. Yo soy mucho más que todo esto, soy más que los problemas, más que la vida, más que otras personas, más que otra gente, soy mucho más que el mundo entero; voy a cumplir cada meta que tengo y luego si desaparece como una pompa de jabón, rápido y sin dolor, jaja.

Voy a hacerlo, tengo que hacerlo, quiero hacerlo.

Seguía caminando, faltaba poco para llegar a su destino, la rabia y la energía producían una extraña mezcla en él, había algo claro, a pesar de todo, no se rendiría, insistía e insistía.

Lo había aprendido en una de las pocas cosas que le gustaban y que amaba con el alma: el fútbol, para él en el fútbol no había fracasos o éxitos, sólo el juego y listo, nunca se rendía, prefería morir jugando a rendirse. Luego terminaba el juego y lo olvidaba.

Al parecer la rabia, el orgullo y un poco de indiferencia eran el impulso que lo hacían continuar, eran las motivaciones que le movían, que le alimentaban, no eran las mejores, pero lo mantenían a flote.

El calor implacable no cedía y aún así muchas personas seguían caminando, muchas tenían sus rostros cansados y  sudorosos, pero se seguían moviendo, miles de personas con infinitos deseos, llenas de dudas, de rabia, de pasión, de sufrimiento y amor, todas seguían a su manera, todas seguían pensando, peleando en su interior y sudando al exterior.

Hasta la próxima.

Insignificantes

Oscura la calle, apenas iluminada por las débiles lámparas del alumbrado público, algunos destellos se reflejaban en el piso húmedo por el rocío de la noche.

El tipo joven era un triunfador, lo que había querido lo había conseguido siempre, pero aquella noche, aquella noche las cosas habían cambiado, curiosamente ya no tenía nada de nada, ni dinero, ni posesiones, ni reconocimiento, ni nada, sólo se tenía si mismo.

Caminaba, sin mucho sentido y mientras lo hacía, maldecía, su suerte, lo que le pasaba; exigía a la vida todo lo que tenía antes y más, creía tener un derecho divino sobre lo que había perdido.

El viejo vagabundo se aproximaba, él no se daba cuenta; el viejo, al igual que el joven no tenía nada, sólo a sí mismo, se acercaba sin hacer ruido y reía para si mientras escuchaba al joven.

– ¿Por qué me pasa esto? Si yo soy un triunfador, nací para tener éxito, para estar bien, para dominar el mundo, para que me obedezcan. Soy un triunfador.

– A veces las cosas pasan sin explicación.

– ¿Y tu quién eres viejo? ¿No sabes quién soy yo? Soy dueño de medio mundo, la gente me obedece, me reconoce y me respeta. Soy exitoso, yo soy…

– ¡Ni se, ni me interesa saberlo! Al parecer no tienes nada, de lo contrario no estarías exigiendo cosas, maldiciendo y caminando sin sentido a medianoche.

– Eso es momentáneo, pronto regresaré a la cima. Y tu seguirás igual.

 

– ¡JA! ¿Y cómo lo sabes?

 

– Porque es mi derecho, nací para estar mandando, para gobernar, para vivir bien.

 

– ¡NO! ¡Eso es mentira! Nunca nadie tiene nada garantizado, cada persona nace a este mundo y tiene que empezar a pelear, a luchar por cada cosa y sobre todo por mantenerla por algún tiempo, si puede.


Sabes, aquí donde estoy viejo, pobre y harapiento; alguna vez estuve en una situación similar, tenía el mundo a mis píes y de repente perdí todo, todo, me quede sin nada, ni dinero, ni casa, ni inversiones, ni títulos, ni reconocimiento; y lo que más duele y hace falta, ni amigos, ni familia, ni nada, nada.

Me costo mucho tiempo, muchas maldiciones y sobre todo muchas lágrimas aprender eso. También hice lo mismo, me limité a caminar y a pedir, a quedarme quieto y a exigir lo que creía que era mio por derecho.

 

Perdí mucho tiempo y mucho esfuerzo, energía que empleé mal, me hice viejo y acá estoy, sin muchas posibilidades de retornar, pero también sin muchas ganas de hacerlo, he aprendido a tener lo necesario y a gobernar otras cosas, mi interior, mis deseos, mi ego, a vivir seriamente por dentro para poder vivir sencillamente por fuera, ya no quiero regresar a la cima, ahora sólo quiero ser feliz.

 

Pero sólo quiero decirte que puedes triunfar, que puedes poseer el mundo, puedes ser un rey, gobernar a millones de personas. Hacer que te obedezcan, que estén a tus píes, vivir tranquilo sin hacer nada, rodeado de suntuosidad. ¡Pero todo eso no es para siempre! nada es para siempre, nadie tiene garantizado nada.

 

A pesar de que cada persona puede ser inmensa, puede llegar a donde quiera, puede gobernar el universo si así lo desea, sigue siendo un grano de polvo entre la arena de la playa, sigue siendo insignificante y debe luchar cada instante para lograr llegar y mantener el sitio que desee.

Y sin más el viejo siguió caminando hacía la parte más oscura de la calle hasta que se hizo uno con la oscuridad; el joven permanecía callado en medio de la nada, con las palabras rebotando en su cabeza, paralizado, mirando hacia donde había desaparecido el viejo.

Algo en su interior cambio para siempre.

Hasta la próxima.