Juego de palabras 006

— Voy a escribir un relato sin ninguna fuerza, sin ningun acento.

— ¿Que que?

— Eso, que este sera un relato sin acento.

— ¿Sin ningun acento?

— Si, un cuento, una narracion, un opusculo, una anecdota; pero sin el simbolo que todos conocemos.

Sin el simbolo del acento ortografico o acento diacritico.

—¿Cual simbolo?

— ¡Ahhh! No se haga el imbecil, usted sabe a que simbolo me refiero.

— Pues la verdad no, no lo se, ¿a qué se refiere?

— ¡Ayyy!, voy a escribir un historia, sin el simbolo que va sobre las letras algunas veces, ese simbolo tan conocido por todos, que causa problemas en la gente desde pequeños, desde que empezamos a leer o escribir, ese simbolo que causa conmocion en las clases de gramatica o de lenguaje.

— No, la verdad estoy perdido, no recuerdo. ¿Esta usted bien? ¿se siente enfermo o decaido? ¿le duele algo?

— ¡Es una maldita rayita!, el simbolo en una rayita pequeña inclinada que es usada en el español para marcar la fuerza o enfasis de una palabra, ese es el acento, y hay dos tipos, ortografico y diacritico.

— ¡Ahhhh, la tilde!

— ¡Si, maldita sea! ¡Pero ya me hizo cagarla!

— ¿Pero por que?

— Porque yo no queria que apareciera por ningun lado la tilde y usted la saca a relucir. ¡Idiota!

Hasta la próxima.

Euclides se sonroja

Y entonces la idea haría sonrojar y sentir pequeño a Euclides y a todos sus eminentes seguidores y discípulos y a quienes le precedieron.

Va caminando, la tarde está nublada pero por suerte no está lloviendo, y parece que las nubes sólo son unas malditas bromistas que amenazan pero no atacan, pasarán de largo y dejarán tranquilas las calles sucias y a la gente afanada por la lluvia.

Y entonces, la idea: todas esas categorías de bueno, malo, regular, justo, injusto, feliz, triste, en fin; todas las  categorías que suelen atestar las bocas humanas y la sociedad en general, no son más que una pura ilusión.

Plano, un plano, podría coger todo el mundo, todo el planeta (no es tan pretencioso, por ahora sólo el planeta, el resto del universo lo deja quieto) y todas esas categorías y conocimiento y clasificación y limitación entre bueno, malo, correcto, incorrecto, felicidad, tristeza, todo eso y comprimirlo todo, comprimirlo en un plano; todo es lo mismo: un maldito plano infinito, y las categorías y los escalones y las celdas las creamos nosotros.

Él puede hacer eso, comprimir toda esa humanidad, con todo su avance, su historia, su solidaridad y sus guerras, aplastarlas, como aplastar una figurita de origami entre las manos, con fuerza y de un golpe seco, mientras aquello suelta un agotado: ¡Pufff!

El plano infinito es perfecto, porque no tiene altibajos, no hay diferencias entre un punto y otro, cada punto parece igual al que esta al lado, están todos al mismo nivel, lo único que haría el plano sería tener dos caras y aún así, cada punto puede ser parte de ambas caras, al mismo tiempo, así que no hay problema, todo se reduce al plano, una genialidad.

El plano es genial, no habría líos, porque no hay centro, o mejor aún, cualquiera puede ser el centro, el punto más importante del plano; no hay puntos mejores o peores, porque todos son puntos: son indistinguibles unos de otros, son infinitos y no tienen dimensión; no hay felicidad o tristeza, porque son puntos, esas cosas no les afectan: la felicidad puede ser una cara y la tristeza la otra pero todos los puntos del plano son y están en las dos caras al mismo tiempo; no hay puntos que hagan cosas correctas y otros las incorrectas: todos son puntos, todos pueden hacer lo mismo, y no hay categorías o clasificación en sus acciones.

El plano, que genialidad, todo se reduce a un plano, continúa caminando mirando al piso y mirando al cielo y sonríe socarronamente, a las nubes, ellas se burlan con sus caprichos de la gente que se angustia por el clima, y él sonríe por la genialidad de comprimir todo en un plano.

Euclides debe sentir angustia ante tan magnífico genio.

Hasta la próxima.

La musica que flota en el tiempo

A veces aparece, gracias a estas máquina llena de circuitos llamada computador y al invento que abrió la apertura del conocimiento, gracias a esas dos herramientas, entonces puede uno llegar a escuchar alguna de esas buenas canciones.

Una de esas canciones que son lentas, que pesan como la vida misma, como la historia de la humanidad, pero que se metan por los oídos hasta lo profundo de la cabeza, y allí se quedan como un parásito, y se duermen y se quedan y hacen pensar.

Uno de esos blues, uno de esos que parece un trasatlántico lleno de carga lento e impasible ante la tempestad, ante la furia y la fuerza del mar, no se hunde por su tamaño y su velocidad.

Así mismo, así surge un blues y se queda flotando a través del corrosivo y paciente tiempo, el blues flota y se mantiene, debido a su calidad, parece que es muy lento, que no se siente, pero uno entonces cierra los ojos y se deja llevar, y resulta ser un enorme monstruo lleno de calidad, de tonos, de silencios y de sentimientos.

Y entonces esa canción, ese blues se apodera de todo, y coloniza las ideas por unos minutos, una horas, unos días; por un buen tiempo, echa raíces, lentamente, pero son raíces fuertes y tercas, parece entonces que es el blues la música más terca, más robusta.

Parece entonces que es una música medio quieta, tal vez muy simple, parece entonces que es una música que no genera emoción, que no nos mueve, pero entonces debes fijarte en los silencios más que en los sonidos, en las pausas más que en la velocidad.

El blues nació como la vida misma, nació como expresión de unas almas extrañas, en medio de un lugar inhóspito, extraño, contra el sentido común, casi contra la lógica, y se crió escondido, huyendo, y luego engendró muchos hijos, y pasa desapercibido, pero detrás de todo, siempre va dejando un rastro, a veces tenue, a veces profundo.

 

Una letra es una historia


— ¿Y qué es lo que sucede, por qué lloras?


— Porque debo contar una historia.


— Pero según entiendo debe ser corta.


— Si, pero ya no tiene sentido.


— Pero una historia puede ser tan corta como tu quieras.


— Pero ya no tiene sentido, ya me la hicieron dañar.


— No necesariamente, la historia la haces tu, puede ser tan corta como tu quieras, por ejemplo tan corta como una letra.


— No, no se puede.


— Si se puede, por ejemplo, imagina una historia que sólo tiene a la letra H, sólo la letra H, nada más. Es una historia muy corta y tiene sentido.


— No, no se puede, no tiene sentido.


— ¿Y por qué no?


— Porque la H no suena, es muda.


— Mmm, es cierto, pero podemos verlo de otra forma; mira, como la H es muda, entonces es una historia que no puede ser contada, porque la H no suena. Y aún así es una historia.


— Si, eso si es cierto.


 

 

 

 

Otra vez, (como en muchas otras ocasiones) la idea y la conversación es gracias a la pequeña pero sabia Camila.

 

 

 

 

 

Hasta la próxima.