La segunda intención

En aquel lugar existían personas capaces de conseguir a otras personas según las necesidades o deseos de otros, así pues existían profesionales que se dedicaban a esto, eran “buscadores”.

Y entonces aquella muchacha de pelo negro como la noche y ojos aún más negros, liso y largo hasta un poco más allá de la cintura, de cuerpo delgado y armonioso, de facciones finas y sonrisa franca llego preguntando algo; preguntando al “buscador” que era un tipo de complexión normal, pelo y ojos marrones, pelo enmarañado y ojos de trasnocho y dientes amplios y mandíbula fuerte.

— Buenas.

— Buenas tardes señorita, ¿en qué le puedo ayudar?

— Estoy buscando un hombre honesto y transparente, además que…

— Lo siento pero ya no tengo, ya no se consiguen y lo que es más triste, para usted claro está, ya no vuelven a salir.

— ¿Cómo así? a mi me dijeron que usted conseguía cualquier tipo de personas, según uno las necesite. Yo quiero un hombre honesto, principalmente, de unos 25 a 35 años y que sea inteligente y agradable, pero lo primordial es que sea honesto.

— Si, es cierto, pero ese tipo de hombre ya no existe. Ya no existen los hombres honestos, es una pena, para usted.

— Pero no entiendo, ¿cómo es eso de que ya no existen?

— Si existen, unos pocos, pero son muy viejos, o muy jóvenes y cuando llegan a los 15 se dañan y se pudren, y los más viejos son nonagenarios, y tampoco le sirven.

— ¿Y no hay más jóvenes?

— Si, claro que si, pero no son honestos.

— ¿Cómo así?

— Si, que los que usted busca en ese rango de edad, no son honestos; es más los hombres desde los 15 hasta los 40 no son honestos, no saben que es eso.

— Explíqueme mejor eso, por favor.

— Verá usted, desde los 15 se les despierta a los hombres algo que Freud llamó libido, pero siendo más sencillos y sin tanta parafernalia, es deseo sexual, vamos a llamarlo así, el hombre necesita sexo, tanto como comer.

— ¿Querrá decir al ser humano?

— Si, a todos los humanos les pasa, pero en los seres humanos del género masculino es más pronunciado, se desesperan, ya no piensan si no sólo en sexo, sexo, sexo, sexo.
Se les convierte en una necesidad visceral.

— ¿Y qué tiene que ver eso con la honestidad?

— Pues es algo muy sencillo, para satisfacer este deseo sexual, esta hambre de sexo, hambre de una vagina y del calor y el sabor de una mujer , para satisfacer esta hambre, es capaz de mentir, de ser la peor rata, de ser un bufón, de ser el payaso más feliz del circo, el caballero más valiente de la corte, en fin. Al fin y al cabo él quiere sexo.

— No todos son así. Yo conozco algunos que no son así.
— ¡Ahh claro! Pero es que ellos no tienen  hambre de ti, pero si de otras mujeres, siguen teniendo hambre de sexo, puedes estar segura.
Es como cuando tienes hambre, pero a ti no te gusta la cebolla, si sólo ves cebolla y sabes que hay otra comida, pues no comes cebolla, comes lo que te gusta.
Igual pasa con los hombres.
— Pero eso es un poco desalentador.

— Pero es lo que hay, los hombres conocen a alguna mujer, si les gusta les entra hambre, hambre por ella, hambre de ella, desean tenerla, saborearla, desean tirársela, sentir su cuerpo, su calor, su respiración, su sudor, sus fluidos, en fin. Quiere sexo con ella.

Difícilmente irá a decirle “Señorita, deseo fornicar con usted, tengo está necesidad desde que la ví”, no, el no hará eso.
El aguardará, será lo que la mujer quiera que sea, se pondrá un linda máscara, y se comportara como un animal amaestrado, necesita comer, necesita sexo, necesita follar, pero con ella,  el hambre sexual es excluyente.

— ¿y en su teoría que pasa luego?

— Pues bien, el sigue comportándose como un príncipe azul, lealmente, ordenamente, pulcramente, será el tipo ejemplar, pero sigue con hambre, él aún quiere sexo, es lo único que quiere. El lleva una segunda intención, pero la mujer aún no la conoce.
Seguirá así hasta que la mujer le de la oportunidad de tener sexo, luego de eso, la máscara, de pronto, no lo sabemos, se irá cayendo paulatinamente.

— Pero eso es muy básico ¿no le parece?

— Si, es básico, pero al fin y al cabo los hombres en esa edad son básicos.

Realmente quieren pocas cosas, comida, sexo y estar tranquilos; si están con hambre están intranquilos, si quieren sexo, también; así que mientras tengan las dos primeras cosas, estarán satisfechos. 

— Me parece que su teoría es muy básica y sin fundamento, está usted mintiendo. 

— No, fíjese que no, conozco a los de mi género, sé que queremos y como nos comportamos.

Y para ser sincero, usted está muy linda, muy buena, está deliciosa. Estoy seguro que muchos desean tener sexo con usted, tirársela. A mi también me entran ganas de tener sexo con usted. Si desea puedo hacerme pasar por un tipo honesto. Podemos engañarnos y salir felices juntos. Usted creyendo que soy honesto y yo teniendo sexo con usted.

— No gracias, hasta luego.

— Hasta luego señorita, que tenga un feliz día.

La muchacha abandonó el sitio mirando con desprecio al “buscador”, salió con rapidez, entre decepcionado y furiosa, no había conseguido lo que buscaba, el “buscador” se quedo mirando aquella cascada negra que caía de la cabeza de la muchacha que se alejaba con un suave y rítmico caminar.

Hasta la próxima.

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Ningún hombre es una isla

Ningún hombre es una islaNingún hombre es una isla,
Entera por sí misma.
Cada uno es una pieza del continente,

Una parte del todo.

Si un terrón le es arrebatado por el mar,
Europa queda disminuida.
Así como si fuera un promontorio.
Así como si fuera de ti mismo
O como si fuera uno de tus amigos.
La muerte de cualquier hombre me empequeñece,
Porque soy parte de la humanidad.
Por lo tanto, no preguntes
Por quién doblan las campanas,
Doblan por ti.

John Donne (1572-1631)

No lo hubiera podido expresar mejor, la primera vez que lo leí fue en la dedicatoria de Por Quien Doblan las Campanas, del maestro Ernest Hemingway. Por eso pido permiso y perdón por utilizar este hermoso poema en el titulo y en el encabezado del post.

Nunca nos imaginamos hasta que punto podemos afectar la vida de las personas con las que nos relacionamos, la vida de todos los seres humanos y en general de todos los seres y cosas sobre el planeta se convierte, conforme ganamos años, en un entramado, una red inmensa, no alcanzamos a vislumbrar sus dimensiones y sus influencias, una red tan grande como fuerte. Un hermano, un amigo, una amante, una madre, un padre, en fin, de todos aprendemos, con ellos sufrimos, reímos y en unas pocas ocasiones somos felices. El entramado va definiendo como seremos durante nuestra adultez y vejez, si llegamos, y esa red nos limita, pero nos da fuerza, es difícil olvidar a aquellas personas importantes del entramado, su recuerdo permanece por toda la vida las mayoría de las veces, esos mismos recuerdos nos impulsan a tratar de cumplir sueños, de ser felices.

No, nunca estamos solos, nuestros actos condicionan la vida de los que nos rodean de aquellos que conviven con nosotros, nos ganamos a través de ellos un respeto, un cariño o la indiferencia total, nunca pasaran desapercibidos. Y los actos de estas personas modifican a otras y estas a otras en un ciclo interminable, es un efecto mariposa.

Al final solo cuentan nuestros actos, lo que hemos hecho o dejado de hacer, es lo que cambia la vida, la nuestra y la de los demás, siempre tendremos la necesidad de convivir con otro, nacimos y moriremos con seres sociables, siempre necesitaremos sentir el cariño o la compañía de otro o aunque sea que estamos algunas veces en sus pensamientos. Y al final siempre es lo mas difícil, tratar de actuar bien, para no herir a los que queremos; por lo menos intentemos lo, tal vez el mundo se vuelva un lugar mas tranquilo y aparezca esa cosa en la que agotamos nuestra vida por hallarla, esa cosa llamada felicidad.

Hasta la próxima