La segunda intención

En aquel lugar existían personas capaces de conseguir a otras personas según las necesidades o deseos de otros, así pues existían profesionales que se dedicaban a esto, eran “buscadores”.

Y entonces aquella muchacha de pelo negro como la noche y ojos aún más negros, liso y largo hasta un poco más allá de la cintura, de cuerpo delgado y armonioso, de facciones finas y sonrisa franca llego preguntando algo; preguntando al “buscador” que era un tipo de complexión normal, pelo y ojos marrones, pelo enmarañado y ojos de trasnocho y dientes amplios y mandíbula fuerte.

— Buenas.

— Buenas tardes señorita, ¿en qué le puedo ayudar?

— Estoy buscando un hombre honesto y transparente, además que…

— Lo siento pero ya no tengo, ya no se consiguen y lo que es más triste, para usted claro está, ya no vuelven a salir.

— ¿Cómo así? a mi me dijeron que usted conseguía cualquier tipo de personas, según uno las necesite. Yo quiero un hombre honesto, principalmente, de unos 25 a 35 años y que sea inteligente y agradable, pero lo primordial es que sea honesto.

— Si, es cierto, pero ese tipo de hombre ya no existe. Ya no existen los hombres honestos, es una pena, para usted.

— Pero no entiendo, ¿cómo es eso de que ya no existen?

— Si existen, unos pocos, pero son muy viejos, o muy jóvenes y cuando llegan a los 15 se dañan y se pudren, y los más viejos son nonagenarios, y tampoco le sirven.

— ¿Y no hay más jóvenes?

— Si, claro que si, pero no son honestos.

— ¿Cómo así?

— Si, que los que usted busca en ese rango de edad, no son honestos; es más los hombres desde los 15 hasta los 40 no son honestos, no saben que es eso.

— Explíqueme mejor eso, por favor.

— Verá usted, desde los 15 se les despierta a los hombres algo que Freud llamó libido, pero siendo más sencillos y sin tanta parafernalia, es deseo sexual, vamos a llamarlo así, el hombre necesita sexo, tanto como comer.

— ¿Querrá decir al ser humano?

— Si, a todos los humanos les pasa, pero en los seres humanos del género masculino es más pronunciado, se desesperan, ya no piensan si no sólo en sexo, sexo, sexo, sexo.
Se les convierte en una necesidad visceral.

— ¿Y qué tiene que ver eso con la honestidad?

— Pues es algo muy sencillo, para satisfacer este deseo sexual, esta hambre de sexo, hambre de una vagina y del calor y el sabor de una mujer , para satisfacer esta hambre, es capaz de mentir, de ser la peor rata, de ser un bufón, de ser el payaso más feliz del circo, el caballero más valiente de la corte, en fin. Al fin y al cabo él quiere sexo.

— No todos son así. Yo conozco algunos que no son así.
— ¡Ahh claro! Pero es que ellos no tienen  hambre de ti, pero si de otras mujeres, siguen teniendo hambre de sexo, puedes estar segura.
Es como cuando tienes hambre, pero a ti no te gusta la cebolla, si sólo ves cebolla y sabes que hay otra comida, pues no comes cebolla, comes lo que te gusta.
Igual pasa con los hombres.
— Pero eso es un poco desalentador.

— Pero es lo que hay, los hombres conocen a alguna mujer, si les gusta les entra hambre, hambre por ella, hambre de ella, desean tenerla, saborearla, desean tirársela, sentir su cuerpo, su calor, su respiración, su sudor, sus fluidos, en fin. Quiere sexo con ella.

Difícilmente irá a decirle “Señorita, deseo fornicar con usted, tengo está necesidad desde que la ví”, no, el no hará eso.
El aguardará, será lo que la mujer quiera que sea, se pondrá un linda máscara, y se comportara como un animal amaestrado, necesita comer, necesita sexo, necesita follar, pero con ella,  el hambre sexual es excluyente.

— ¿y en su teoría que pasa luego?

— Pues bien, el sigue comportándose como un príncipe azul, lealmente, ordenamente, pulcramente, será el tipo ejemplar, pero sigue con hambre, él aún quiere sexo, es lo único que quiere. El lleva una segunda intención, pero la mujer aún no la conoce.
Seguirá así hasta que la mujer le de la oportunidad de tener sexo, luego de eso, la máscara, de pronto, no lo sabemos, se irá cayendo paulatinamente.

— Pero eso es muy básico ¿no le parece?

— Si, es básico, pero al fin y al cabo los hombres en esa edad son básicos.

Realmente quieren pocas cosas, comida, sexo y estar tranquilos; si están con hambre están intranquilos, si quieren sexo, también; así que mientras tengan las dos primeras cosas, estarán satisfechos. 

— Me parece que su teoría es muy básica y sin fundamento, está usted mintiendo. 

— No, fíjese que no, conozco a los de mi género, sé que queremos y como nos comportamos.

Y para ser sincero, usted está muy linda, muy buena, está deliciosa. Estoy seguro que muchos desean tener sexo con usted, tirársela. A mi también me entran ganas de tener sexo con usted. Si desea puedo hacerme pasar por un tipo honesto. Podemos engañarnos y salir felices juntos. Usted creyendo que soy honesto y yo teniendo sexo con usted.

— No gracias, hasta luego.

— Hasta luego señorita, que tenga un feliz día.

La muchacha abandonó el sitio mirando con desprecio al “buscador”, salió con rapidez, entre decepcionado y furiosa, no había conseguido lo que buscaba, el “buscador” se quedo mirando aquella cascada negra que caía de la cabeza de la muchacha que se alejaba con un suave y rítmico caminar.

Hasta la próxima.

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Cansancio

Aquella mañana helada, donde la niebla era como un mar de miel y no veías más que un par de metros más allá de donde estabas, ella estaba sentada sola, huesuda y pensativa, sola y cansada, muy pensativa.

Iba amaneciendo, ella llevaba varias horas allí, en la banca de un parque llena de rocío y viendo la niebla ceder perezosamente al poco calor de una mañana que prometía estar nublada.

La huesuda, la parca, la terrible, la inexorable, el final, la muerte; ella, que lleva milenios recibiendo a los viajeros al final del trayecto; ella estaba cansada.

Cansada, de milenios de trabajo, de milenios de encargos y millones y millones de personas asustadas cuando llegaban a su encuentro, estaba cansada y sola, casi siempre estaba sola, pobre muerte, pobre destino, triste su vida y su trabajo.

Llevaba allí alrededor de 5 horas, acababa de terminar la bienvenida a un anciano, casi sabio, que le dijo que era triste pensar en lo que ella hacia. Quedo estupefacta.

— Bienvenido señor M. R. ¿qué tal estuvo el viaje?

— Pues no estuvo mal, tuve momentos memorables y  también tuve momentos deplorables, en fin, supongo que como todos; en resumen fue una vida bien vivida o mal vivida, eso depende de quien pregunte o a quien se le pregunte.

— Tiene razón, lo importante es que lo haya disfrutado, porque si fue un viaje tortuoso, sería una pena.

— Si, siempre uno disfruta el viaje, porque va aprendiendo, sería uno muy ciego si no aprende, sino cambia y corrige, en fin. Se termino, y fue un buen viaje.

— Que bueno señor M. R. Yo estoy aquí para darle la bienvenida, para acompañarlo un tiempo mientras tanto.

— ¿Mientras tanto qué? 

— Mientras usted se va, mientras se desvanece de mi presencia inmaterial a otra cosa; tenga en cuenta que ya no es humano, ahora es sólo una presencia, puede ser en forma de energía, de ondas, no lo se, no lo puedo explicar con exactitud, una presencia que sólo yo puedo ver y muy muy pocos pueden sentir, durará aquí un tiempo y luego se desvanecerá.

— ¿Desvanecerme? ¿y qué me hago? ¿qué pasa conmigo después?

— No lo se, sólo se desvanece.

— ¿Y cuanto tiempo me va a acompañar usted?

— ¿Tiempo? Yo no tengo una medida concreta del tiempo, no como los humanos, para mi el tiempo es un largo hilo, una camino que puedo recorrer en un sólo sentido. No tengo una escala como ustedes, sólo es tiempo, es rato, son instantes amalgamados, momentos que se suceden continuamente, sin esos saltos que dan las agujas o los números de un reloj para ustedes. El tiempo es tiempo y ya.

— Curioso, ¿Y cuánto llevas así mi niña?

—  No lo se, mucho, no hay un punto de inicio, no como para ustedes, siempre he estado aquí desde que tengo conciencia, y siempre he tenido conciencia.

— Curioso, muy curioso.

— ¿Qué es curioso?

— Eso, precisamente; todo ese tiempo, sumado, todos esos minutos, todas esas personas que se desvanecen y sigues así, como si nada, cómoda, tranquila. Es curioso, llevas la existencia en estas, dando la bienvenida a todos los que no queremos llegar, a todas las personas que no quieren terminar el viaje.

Dando la bienvenida a millones de seres que te evitan a toda costa, a millones de almas que no quieren llegar a este encuentro, dando la bienvenida y acompañando a millones que te tienen miedo, que lloran y sufren todo el viaje pensando en ti, pensando en este momento y nadie sabe como es, nadie se lo imagina como es realmente.

— ¿Y cómo es para usted señor M. R.?

— Es diferente, yo me lo imagine de otra forma, traumático, frío, sólo, inexplicable, y a los humanos nunca nos gusta estar solos. Pero es diferente, es agradable, es nuevo, genera ansiedad.

— Ya veo.

— Y genera mucha curiosidad, sobre todo por ti.

— ¿Por mi? 

— Si, porque no pensé que existiera alguien aquí, al final del recorrido. Siempre creí que era sólo y frío y listo, pero estás aquí, y acompañas a los viajeros, siempre, a pesar del miedo que ellos tienen y a pesar de que hablan pestes de ti y te menosprecian y te temen, los acompañas.

Y me da un poco de pena pensar que ellos se desvanecen y tu sigues aquí, haciendo lo mismo, tu no vas a terminar un viaje y no existe alguien esperándote al final del viaje, eso me causa tristeza.

— Pero no estoy sola, ahora está usted señor M. R.

— Si, pero como tu misma dices, me desvaneceré, y luego estarás sola de nuevo.

— Pero es mi tarea, es mi trabajo, esta es mi vida.

— Y además nunca terminas este viaje, como me dijiste, es un camino de un solo sentido, peo no tiene fin, no tiene cambio.

¡Empiezo a desvanecerme!

— Es cierto señor M. R. hasta luego.

— ¿Puedo darte un abrazo mi niña?

— ¿Un abrazo a mi? ¿Por qué señor M. R.?

— Porque estás sola, y porque esta tarea es penosa y triste.

— Bueno, está bien señor M. R.

— Hasta luego mi niña solitaria.

— Hasta luego señor M. R.

  

Y en un abrazo se fundieron las dos presencias, luego de unos instantes, la huesuda quedo abrazando aire, el viejo semi sabio se había desvanecido. Luego, se miraba las manos, quedo consternada, en medio de aquella noche y desde ese momento, la invadió la tristeza y la soledad, y se olvido por completo de todas las otras bienvenidas que tenía que hacer aquella madrugada.

La corta conversación y la presencia del viejo M. R. la había pateado las certezas, le había trastornado su mundo, le había dejado todas sus ideas, toda su comodidad, toda su cordura patas arriba.

Esa conversación la había revolcado su vida, como dice el sabio poeta Sabina, aquella conversación fue para ella como un “viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda”.

Permaneció allí, sentada en la banca del parque desde casi la media noche hasta el amanecer, pensando, sola y llena de melancolía, consternada porque ella no tenía a alguien que la esperará al final del viaje, porque ella en si misma parecía ser un viaje, pero un viaje sin fin y sin cambios; ella estaba para recibir a todos, pero nadie la recibiría a ella.

Eso la dejo abrumada, le dejo la vida pendiendo de un suspiro, de una idea. Aquel viejo arrugado e impertinente le dejo una duda tan grande como la galaxia, le había desbaratado todos sus soportes, la dejo desubicada, como un barco sin brújula y en medio de la tormenta.

Cuando empezaba a asomar la luz del día, ella estaba sumida en extrañas cavilaciones, se puso de pie, camino hacía un bote de basura allí cerca y arrojo la lista de sus tareas, arrojo todo aquello que tenía que ver con su trabajo, con su existencia, se deshizo de todo eso, y con sus ropas raídas por todos los milenios y sus piel pegada a los huesos echo a andar, sin rumbo, pero con un objetivo.

¿Y el objetivo?

Se fue con ella caminando.

Hasta la próxima

Euclides se sonroja

Y entonces la idea haría sonrojar y sentir pequeño a Euclides y a todos sus eminentes seguidores y discípulos y a quienes le precedieron.

Va caminando, la tarde está nublada pero por suerte no está lloviendo, y parece que las nubes sólo son unas malditas bromistas que amenazan pero no atacan, pasarán de largo y dejarán tranquilas las calles sucias y a la gente afanada por la lluvia.

Y entonces, la idea: todas esas categorías de bueno, malo, regular, justo, injusto, feliz, triste, en fin; todas las  categorías que suelen atestar las bocas humanas y la sociedad en general, no son más que una pura ilusión.

Plano, un plano, podría coger todo el mundo, todo el planeta (no es tan pretencioso, por ahora sólo el planeta, el resto del universo lo deja quieto) y todas esas categorías y conocimiento y clasificación y limitación entre bueno, malo, correcto, incorrecto, felicidad, tristeza, todo eso y comprimirlo todo, comprimirlo en un plano; todo es lo mismo: un maldito plano infinito, y las categorías y los escalones y las celdas las creamos nosotros.

Él puede hacer eso, comprimir toda esa humanidad, con todo su avance, su historia, su solidaridad y sus guerras, aplastarlas, como aplastar una figurita de origami entre las manos, con fuerza y de un golpe seco, mientras aquello suelta un agotado: ¡Pufff!

El plano infinito es perfecto, porque no tiene altibajos, no hay diferencias entre un punto y otro, cada punto parece igual al que esta al lado, están todos al mismo nivel, lo único que haría el plano sería tener dos caras y aún así, cada punto puede ser parte de ambas caras, al mismo tiempo, así que no hay problema, todo se reduce al plano, una genialidad.

El plano es genial, no habría líos, porque no hay centro, o mejor aún, cualquiera puede ser el centro, el punto más importante del plano; no hay puntos mejores o peores, porque todos son puntos: son indistinguibles unos de otros, son infinitos y no tienen dimensión; no hay felicidad o tristeza, porque son puntos, esas cosas no les afectan: la felicidad puede ser una cara y la tristeza la otra pero todos los puntos del plano son y están en las dos caras al mismo tiempo; no hay puntos que hagan cosas correctas y otros las incorrectas: todos son puntos, todos pueden hacer lo mismo, y no hay categorías o clasificación en sus acciones.

El plano, que genialidad, todo se reduce a un plano, continúa caminando mirando al piso y mirando al cielo y sonríe socarronamente, a las nubes, ellas se burlan con sus caprichos de la gente que se angustia por el clima, y él sonríe por la genialidad de comprimir todo en un plano.

Euclides debe sentir angustia ante tan magnífico genio.

Hasta la próxima.

La musica que flota en el tiempo

A veces aparece, gracias a estas máquina llena de circuitos llamada computador y al invento que abrió la apertura del conocimiento, gracias a esas dos herramientas, entonces puede uno llegar a escuchar alguna de esas buenas canciones.

Una de esas canciones que son lentas, que pesan como la vida misma, como la historia de la humanidad, pero que se metan por los oídos hasta lo profundo de la cabeza, y allí se quedan como un parásito, y se duermen y se quedan y hacen pensar.

Uno de esos blues, uno de esos que parece un trasatlántico lleno de carga lento e impasible ante la tempestad, ante la furia y la fuerza del mar, no se hunde por su tamaño y su velocidad.

Así mismo, así surge un blues y se queda flotando a través del corrosivo y paciente tiempo, el blues flota y se mantiene, debido a su calidad, parece que es muy lento, que no se siente, pero uno entonces cierra los ojos y se deja llevar, y resulta ser un enorme monstruo lleno de calidad, de tonos, de silencios y de sentimientos.

Y entonces esa canción, ese blues se apodera de todo, y coloniza las ideas por unos minutos, una horas, unos días; por un buen tiempo, echa raíces, lentamente, pero son raíces fuertes y tercas, parece entonces que es el blues la música más terca, más robusta.

Parece entonces que es una música medio quieta, tal vez muy simple, parece entonces que es una música que no genera emoción, que no nos mueve, pero entonces debes fijarte en los silencios más que en los sonidos, en las pausas más que en la velocidad.

El blues nació como la vida misma, nació como expresión de unas almas extrañas, en medio de un lugar inhóspito, extraño, contra el sentido común, casi contra la lógica, y se crió escondido, huyendo, y luego engendró muchos hijos, y pasa desapercibido, pero detrás de todo, siempre va dejando un rastro, a veces tenue, a veces profundo.

 

¡Palabra!

– Otra vez.

 

– Si, otra vez lo atormento, siempre es agradable hacer esto.

 

– ¿Y esta vez que mierda es?

 

– Es otro de esos estudios filosóficos profundos, que de vez en cuando se me ocurren y en los que caigo como idiota y cuando estoy bien enredado entre ideas y barrabasadas, me rió y duro pensando en eso bastantes días.

 

– ¿Y qué es?

 

– Que el mundo es curioso, esta construido sobre cosas que no podemos definir.

 

– ¡PUFFF! Siempre ha sido así, todo el mundo se da cuenta, o se ha dado cuenta en algún momento y luego lo olvidan o lo pasan por alto y viven cómodamente.

 

– Me refiero a otra cosa, me refiero a que todo ese conocimiento humano, y toda la cultura se ha construido o ha sido edificada sobre cosas indefinibles.

Por ejemplo, fíjese en el lenguaje, construimos palabras, discursos, charlas, interacciones verbales con otra gente, libros, cartas, en fin, todo con palabras, y estas a su vez con letras; pero definamos palabra, se va a dar cuenta que caemos en la trampa; para definir palabra, utilizamos palabras, es decir, vamos a definir un objeto con objetos de la misma clase, caemos en un círculo, no hemos definido lo que son las palabras pero las usamos para definirlas a todas ellas.

Ahora, vaya usted a las ciencias, se dará cuenta de cosas más interesantes, por ejemplo, definamos el vacío, pero para definir el vacío nos situamos allí, nos imaginamos ‘dentro’ de dicho vacío y vemos como se comporta, y lo definimos, pero aquello ya no está vacío, es algo muy muy curioso.

Otro ejemplo, vamos a estudiar la vida, y nosotros que somos, somos un conjunto de células amalgamadas con armonía que se estudian, que estudian a otras a otras células: vida estudiando vida; otro ejemplo, vaya a las ciencias humanas, para estudiar a los seres humanos o grupos sociales, tenemos que meternos allí dentro, tenemos que meternos y ver un grupo, y dejar que ellos nos vean, para estudiar tenemos que sumergirnos, tenemos que involucrarnos, mezclarnos y hasta ensuciarnos.

 

– ¿Y eso que tiene qué ver? Es la manera es que podemos estudiar algo.

 

– Si, tal vez, a lo que yo voy es que eso hace que el objeto que queremos estudiar esté contaminado, ha sido alterado, lo hemos modificado nosotros al querer analizarlo y ver su comportamiento, lo manoseamos, lo corrompemos, lo alteramos, ya no es el objeto que queríamos estudiar, es un objeto parecido, pero no el original.

 

– ¡PUFFF! Sólo a usted se le ocurren esas pendejadas.

 

– No, estoy seguro de que no, a muchos otros se les habrá ocurrido, y seguro también les habrá causado cierta conmoción o extrañeza, en fin.

 

– Usted y sus benditos juegos de palabras.

 

– No son juegos de palabras. No más fíjese en lo siguiente, todo esto son ideas, nada más que eso, ¿y con que construimos esas ideas?, pues con otras ideas, ¿pero qué es una idea? y entonces recurrimos a palabras, que son ideas, y a otras ideas para definir Idea; ve, es un círculo, todo es un círculo.

 

– ¡Que barrabasada! Mejor me voy.

 

– Jajaja, pero ya me escuchó, y le quedará sonando la idea, estoy seguro, palabra.

 

 

 

 

Hasta la próxima.

Me repito

El desespero y la desazón es extraña, a veces llegan con el aire como la neblina en las madrugadas, suavemente hasta que te cala los huesos y se asienta y parece una cobija muy gruesa que sólo se va hasta que sale el sol y el calor la desvanece.

 

Y el par de sensaciones son tan raras; pareciera que me estanqué, que soy como una maldita piedrita en el camino esperando alguna patada de un chico jugando o un viejo rabioso, o que alguien me mueva sin razón aparente.

 

Me siento como una maldita película de bajo presupuesto y guión fracasado, de esas malas películas que repiten en la televisión cada vez que pueden.

 

Y me repito, y me repito, y me repito, y me repito; me siento dando vueltas alrededor de un punto, como si quisiera salir disparado debido a la velocidad lineal, pero la maldita aceleración centrípeta me tuviera tan bien agarrado y se ensañara conmigo de tal forma, que le causa placer verme luchar y sudar.

 

Es como si estuviera metido dentro de un platón de fondo semiesférico gigantesco, donde corro de un lado a otro trepando, cansado y angustiado tratando de salir de allí; pero la implacable gravedad, cuando estoy cerca al borde, se hace mas intensa y me hace caer al fondo y me deja allí agotado y sin consuelo y le soy indiferente.

 

Y me repito, y sigo chocando contra los mismos muros, sigo cayendo en las mismas trampas aún cuando tengo claro cuales son y como evitarlas; ¡maldita sea!. ¿Por qué los humanos somos tan tercos? es como si con nuestra tozudez fuéramos a cambiar el sentido el giro de la tierra, como si con la terquedad pudiéramos apagar el sol. Tercos y autoengañados.

 

 

 

 

 

Hasta la próxima.

El amor

— ¿Y entonces?

 

— Dejar así, es lo mejor.

 

— ¿Cómo así?

 

— Si, yo no entiendo muchas cosas de eso que llaman amor, definirlo con palabras y tratados es fácil, pero conseguirlo y sentirlo es bastante más complicado.

 

— ¿Y las mujeres?

 

— Pues ese es el problema, que no las entiendo, y a veces yo las quiero, pero no tengo la seguridad de que alguna de ellas me quiera. El amor no es una cuestión de seguridad, es más de confianza, pero yo necesito de ambas.

 

— Complicado.

 

— Si, muy complicado.

 

— Pero igual, a alguna de de ellas ha querido más que a otras.

 

— Si, tal vez.

 

La verdad no se, creo que a todas las he amado por igual, las he amado mucho, muchísimo, pero yo no creo que ellas me hayan amado a mi.

 

Tal vez sólo me hago ilusiones fáciles y termino estrellado, no entiendo a las mujeres, no se bien que quieren, no entiendo como deben ser amadas o como desean ser amadas, y a veces siento que entre alguna de ellas y yo se rompe algo, desaparece la química, esas cosas que eran un vínculo se deshacen, se desvanecen y sólo quedamos dos personas que se conocen tal vez profundamente pero cuyos vínculos son algo externo a nosotros, como dos personas que son colegas en un trabajo o una empresa, posiblemente se conocen muy bien, pero no se aman. Y entonces ahí es cuando todo se va al carajo y me decepcionó y entonces creo que lo mejor es dejar así, quietas las cosas, sin romper más y sin herirnos más y quedar en paz ambos.

 

— No es muy sensato, lo mejor es decírselo a ellas.

 

— Yo se los he dicho, pero regresamos a lo mismo; es fácil poner todo esto en palabras, es bonito, suena bonito, encantador; pero sentirlo y vivirlo es más complicado, porque quedan cosas atoradas y a veces la única manera de decir las cosas es a gritos y con llanto y con impotencia, pero la impotencia no define nada y no ayuda en nada, porque la impotencia que yo siento es diferente a la que ellas sienten, no son comparables, nos se puede medir como medimos distancias y precios y minutos, no se puede medir, así que eso complica todo de nuevo.

 

— Entonces debe seguir buscando.

 

— Jajaja, en eso estoy, pero no es fácil.

 

Recuerda cuando jugábamos microfútbol en las noches allí cerca al humedal, que si nos estábamos un rato sentados los zancudos empezaban a rodearnos por montones y se daban un banquete con nosotros.

 

A veces cuando los sentía en las piernas o brazos pues me daba una palmada duro, y quedaba una manchita de sangre donde estaba el zancudo. Yo a veces empezaba a manotear tratando de matar algunos, pero entonces acercaba la mano y miraba y se escapaba el zancudo como si nada hubiera pasado y la mayoría de las veces no cogía ninguno.

 

Así me siento; la mayoría de las veces no entiendo a ninguna mujer, y cuando creo que voy entendiendo a alguna mujer y que tal vez la amo y ella me ama; luego de un rato parece que yo no apreté bien y ella termina yéndose y yo termino desistiendo por el bien de ambos.

 

— Jajaja, que difícil es eso.

 

— Si, el amor es una cosa difícil, parece que yo no encajo bien con él.

 

Es como que desde afuera lo puedo definir y entender y hablarlo y dar discursos y hacer libros y ganar un nobel. Pero desde adentro estoy perdido y confundido y me siento extraño, parece que no pertenezco allí y entonces terminó por frustrarme y luego por aburrirme y listo.

 

Y a veces la historia se repite, varias veces.

 

— Bueno, hace parte de la vida.

 

— Si, es cierto.

 

Pero a veces cuando lo pienso detenidamente, entonces creo que el amor es más un invento humano y que posiblemente no es fundamental, mejor dicho, hace parte de la vida, pero la vida puede seguir sin amor, es un accesorio.

 

Entonces el amor se aparece como una invención humana que crea unos vínculos invisibles pero tal vez innecesarios para todos, sólo como unos hilos que nos sujetan a otros para poder vivir en sociedad, y entonces parece que el amor no es tan necesario, porque para eso también existen otras cosas como las leyes de los hombres y la ética y la moral que también terminan siendo creaciones humanas, pero que al parecer generan muchas menos penas y frustración en las personas. Y parece que al contrarío del amor no tienen una contra parte dañina como es el odio; y entonces digo que podemos vivir perfectamente sin amor, pues resulta al final que este no es necesario.

 

No se, el amor es un cosa muy complicado, sea lo que sea.

 

— Si, es cierto.

 

— Yo creo que es lo que ha movido a la humanidad a través de la historia, sobre todo desde que nos volvimos seres racionales y sobrepusimos la razón a la biología.

 

— Posiblemente. Pero siga buscando.

 

— Jajaja, ya veremos.

 

 

 

Hasta la próxima