Ningún hombre es una isla

Ningún hombre es una islaNingún hombre es una isla,
Entera por sí misma.
Cada uno es una pieza del continente,

Una parte del todo.

Si un terrón le es arrebatado por el mar,
Europa queda disminuida.
Así como si fuera un promontorio.
Así como si fuera de ti mismo
O como si fuera uno de tus amigos.
La muerte de cualquier hombre me empequeñece,
Porque soy parte de la humanidad.
Por lo tanto, no preguntes
Por quién doblan las campanas,
Doblan por ti.

John Donne (1572-1631)

No lo hubiera podido expresar mejor, la primera vez que lo leí fue en la dedicatoria de Por Quien Doblan las Campanas, del maestro Ernest Hemingway. Por eso pido permiso y perdón por utilizar este hermoso poema en el titulo y en el encabezado del post.

Nunca nos imaginamos hasta que punto podemos afectar la vida de las personas con las que nos relacionamos, la vida de todos los seres humanos y en general de todos los seres y cosas sobre el planeta se convierte, conforme ganamos años, en un entramado, una red inmensa, no alcanzamos a vislumbrar sus dimensiones y sus influencias, una red tan grande como fuerte. Un hermano, un amigo, una amante, una madre, un padre, en fin, de todos aprendemos, con ellos sufrimos, reímos y en unas pocas ocasiones somos felices. El entramado va definiendo como seremos durante nuestra adultez y vejez, si llegamos, y esa red nos limita, pero nos da fuerza, es difícil olvidar a aquellas personas importantes del entramado, su recuerdo permanece por toda la vida las mayoría de las veces, esos mismos recuerdos nos impulsan a tratar de cumplir sueños, de ser felices.

No, nunca estamos solos, nuestros actos condicionan la vida de los que nos rodean de aquellos que conviven con nosotros, nos ganamos a través de ellos un respeto, un cariño o la indiferencia total, nunca pasaran desapercibidos. Y los actos de estas personas modifican a otras y estas a otras en un ciclo interminable, es un efecto mariposa.

Al final solo cuentan nuestros actos, lo que hemos hecho o dejado de hacer, es lo que cambia la vida, la nuestra y la de los demás, siempre tendremos la necesidad de convivir con otro, nacimos y moriremos con seres sociables, siempre necesitaremos sentir el cariño o la compañía de otro o aunque sea que estamos algunas veces en sus pensamientos. Y al final siempre es lo mas difícil, tratar de actuar bien, para no herir a los que queremos; por lo menos intentemos lo, tal vez el mundo se vuelva un lugar mas tranquilo y aparezca esa cosa en la que agotamos nuestra vida por hallarla, esa cosa llamada felicidad.

Hasta la próxima

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