Ideas Fugaces (IV)

 

— No.

— ¡Vaya! ¿y el positivismo y la alegría?

— Están bien, creo que guardados, pero bien.

— ¿Qué paso?

— Que por fin voy adquiriendo conciencia de las cosas, de las relaciones con otras personas, que siempre hay que esperar al menos dos cosas un si y un no, o una evasiva; que esperar menos es más saludable y más tranquilizador.

— Pero eso es bueno ¿no?

— No es bueno, ¡Es buenísimo! ¡Es lo mejor! pero es muy difícil aprenderlo y hacerlo; a mi me ha costado varios porrazos.

— Pero bueno.

— Emmm, si. Voy aprendiendo, ¡Por fin!

— Jajaja, ¿por fin?

— Si, porque me tomo mucho tiempo abrir los ojos, dejar de ser tan iluso, tan convencido, tan tonto.

— ¿Ser positivo es ser tonto?

— No, lógicamente no, pero si es tonto ser positivo dejando de lado la realidad, dejando de ver el mundo como es, creyendo que todo va a fluir por nuestro simple deseo, por muy fuerte que sea, sobre todo con las personas, las personas son complejas, son cambiantes, todos somos cambiantes.

Así que no es muy sensato esperar y estar convencido de certezas, cuando por lo general hay más de una opción, sobre todo con las cosas en las que hay personas, donde hay seres como tu o como yo que pensamos, que aprendemos, que cambiamos, que tenemos prioridades, y queremos distintas cosas.

– Yo no soy una persona como tu, sólo soy otra parte, como un contrapeso, un cuestionador impertinente e hiper tunante.

Sólo suelo aparecer siempre para hurgar, para molestar, en otras palabras para joder la vida.

Sólo eso, sólo pregunto y pregunto y cuestiono, y tu respondes, te aseguras y te convences, y yo vuelvo a preguntar y permanecemos así largo tiempo.

– Si, ya se.

Pero aún así las personas son cambiantes, muy seguramente todas tienen el mismo cuestionador, que dice pendejadas “¿y el positivismo y la alegría?”

– No.

Hasta la próxima.

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