El Alma de un niño

“África, siendo tan ancestral como es, transforma a todo el mundo, salvo a los invasores y expoliadores profesionales, en niños. Nadie le dice a nadie en África: <<¿Por qué no creces?>>. Todos los hombres y animales suman un año más de edad cada año y algunos adquieren un año más de conocimiento. Los animales que mueren más pronto aprenden más de prisa. Una gacela joven es madura, equilibrada e integrada a la edad de dos años. Está bien equilibrada e integrada a la edad de cuatro semanas. Los hombres saben que en relación con la tierra son niños y que, como en los ejércitos, madurez y senilidad cabalgan muy juntas. Pero tener corazón de niño no es ninguna desgracia. Es un honor. Un hombre debe comportarse como un hombre. Debe luchar siempre preferiblemente y sensatamente con la ventaja a su favor, pero si es necesario también en inferioridad de condiciones y sin pensar en el resultado. Ha de respetar las leyes y costumbres de su tribu tanto como le sea posible y aceptar la disciplina tribal cuando no lo haga. Pero nunca será un reproche decir que ha conservado un corazón de niño, la sinceridad de un niño, la frescura y la nobleza de un niño.”

Ernest Hemingway nos deja este párrafo en las paginas iniciales de Al Romper el Alba, y tiene razón, el alma de un niño es limpia, inocente y hambrienta, pero hambrienta de conocimiento, de saber y de amor. Por sobre todas las virtudes de la niñez, me quedo con tres cosas, su curiosidad, su capacidad de perdón y su entrega de amor desinteresado. En la medida que el hombre se hace adulto y viejo y se curte en esto que llamamos vida, pierde las tres cosas y con ello pierde su felicidad o la mejor posibilidad de serlo.

La curiosidad de un niño es indescriptible, luego de que empieza a hablar con claridad, empieza también a querer saber como funciona el mundo, y para todo tiene un ¿Por qué?. Quieren saber todo de todo, y la gran mayoría de las veces, nuestras respuestas no son satisfactorias para ellos, entonces vienen más preguntas y mas y mas. Es Fascinante.

Crecemos, “maduramos” y perdemos esta curiosidad, el entorno, la familia, la sociedad y la educación amputan este deseo natural sustancialmente, con lo cual terminamos estudiando algo que nos gusta, como si el mundo entero con su cultura y su ciencia no fuera lo suficientemente atractivo para estudiarlo de cabo a rabo, luego ejerciendo o trabajando en lo que estudiamos, pero raramente somos felices con eso, ya no queremos saber muchas cosas que pasan porque no hay tiempo, o por que no es nuestro campo, nos cortaron las alas de la imaginación.

El perdón de un chiquillo es lo que más me asombra, no son capaces de tener rencor, no saben que es eso, no se envenenan. Se les puede insultar, humillar, hacer llorar, en fin, y después de unos minutos parecen ni recordarlo, te seguirán ofreciendo una sonrisa y jugando y hablando como si nada hubiera pasado, parece que ni saben que es el perdón porque su felicidad reside en cada segundo que viven y juegan y aprenden, al parecer si sufren un segundo, ni les importa, porque les queda infinidad más para ser felices. Pero crecemos y aprendemos a tener resentimientos, a odiar, permitimos que nos carcoma el alma y nos reducimos poco a poco y terminamos siendo infelices y haciendo infelices a los demás. Si la humanidad aplicara la mitad del tiempo esto, si perdonáramos, sabríamos que es la felicidad.

Que decir de la capacidad de amor, es lo mas hermoso del mundo, es la mejor expresión del amor, no tiene ningún interés implícito, no importa si se les ama de verdad o no, un niño ama por el simple placer de hacerlo, y lo hace sin saberlo, y nunca te pedirá que le digas que lo quieres, nunca va a pedir amor, pero va a dar todo el amor que pueda. La niñez es el mejor definición del amor.

Hasta la próxima.

 

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