Euclides se sonroja

Y entonces la idea haría sonrojar y sentir pequeño a Euclides y a todos sus eminentes seguidores y discípulos y a quienes le precedieron.

Va caminando, la tarde está nublada pero por suerte no está lloviendo, y parece que las nubes sólo son unas malditas bromistas que amenazan pero no atacan, pasarán de largo y dejarán tranquilas las calles sucias y a la gente afanada por la lluvia.

Y entonces, la idea: todas esas categorías de bueno, malo, regular, justo, injusto, feliz, triste, en fin; todas las  categorías que suelen atestar las bocas humanas y la sociedad en general, no son más que una pura ilusión.

Plano, un plano, podría coger todo el mundo, todo el planeta (no es tan pretencioso, por ahora sólo el planeta, el resto del universo lo deja quieto) y todas esas categorías y conocimiento y clasificación y limitación entre bueno, malo, correcto, incorrecto, felicidad, tristeza, todo eso y comprimirlo todo, comprimirlo en un plano; todo es lo mismo: un maldito plano infinito, y las categorías y los escalones y las celdas las creamos nosotros.

Él puede hacer eso, comprimir toda esa humanidad, con todo su avance, su historia, su solidaridad y sus guerras, aplastarlas, como aplastar una figurita de origami entre las manos, con fuerza y de un golpe seco, mientras aquello suelta un agotado: ¡Pufff!

El plano infinito es perfecto, porque no tiene altibajos, no hay diferencias entre un punto y otro, cada punto parece igual al que esta al lado, están todos al mismo nivel, lo único que haría el plano sería tener dos caras y aún así, cada punto puede ser parte de ambas caras, al mismo tiempo, así que no hay problema, todo se reduce al plano, una genialidad.

El plano es genial, no habría líos, porque no hay centro, o mejor aún, cualquiera puede ser el centro, el punto más importante del plano; no hay puntos mejores o peores, porque todos son puntos: son indistinguibles unos de otros, son infinitos y no tienen dimensión; no hay felicidad o tristeza, porque son puntos, esas cosas no les afectan: la felicidad puede ser una cara y la tristeza la otra pero todos los puntos del plano son y están en las dos caras al mismo tiempo; no hay puntos que hagan cosas correctas y otros las incorrectas: todos son puntos, todos pueden hacer lo mismo, y no hay categorías o clasificación en sus acciones.

El plano, que genialidad, todo se reduce a un plano, continúa caminando mirando al piso y mirando al cielo y sonríe socarronamente, a las nubes, ellas se burlan con sus caprichos de la gente que se angustia por el clima, y él sonríe por la genialidad de comprimir todo en un plano.

Euclides debe sentir angustia ante tan magnífico genio.

Hasta la próxima.

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