Totazo

– Usted siempre va a tratar de asirse de algo, de buscar un apoyo, de donde poder seguir colgado, una piedra, un saliente, un hueco, algo de donde agarrase.

Tiene miedo de caer, de soltarse y caer, de darse duro contra el mundo, siempre ha tenido miedo del golpe.

– ¿Y…?

– Y nada, Ojala.

– ¿Ojala qué?

– Ojala se caiga.

– ¿Para qué?

– Para que al caer se reviente del totazo y se de cuenta que no es tan doloroso como creía, que tendrá que limpiarse las heridas y que de todas formas tendrá que volver a subir.

– ¿Y si no me reviento?

– Igual tendrá que subir es lo único que le queda, caerse, ponerse de pie y volver a subir.






Hasta la próxima


Personas (I)

Caminaba, el ceño fruncido, hacía varios días pensaba en las mismas cosas, en otras personas y en él mismo; el día caluroso y hasta insoportable no ayudaba a calmar el desespero de su cabeza y su alma atribulada.

No sabía que creer, ¿será que todas las personas tienen sueños, metas, desean cosas tan profundamente como él? ¿será que todas lo logran? ¿el desespero por cumplir esos sueños lo tienen todos? en fin, muchas preguntas y pocas respuestas, como sucedía con casi todo en la vida.

Tenía la certeza de que tenía muchos sueños, estaba seguro de querer cumplirlos, aunque a veces todo parecía lejano y confuso, aunque a veces el camino es difícil y largo, aunque a veces se siente cansado y sin ánimo; tiene sueños.

Sin embargo también era débil, se cansaba, sufría y lloraba, aunque no siempre físicamente, lloraba por dentro, a veces su sufrimiento sólo lo conocía él, se tragaba todo eso y seguía como si nada, era orgulloso y estúpido; seguía soñando.

A veces no quería seguir, se preguntaba si todo esto tenía un final feliz, es más se preguntaba si tenía un final, porque todo parece seguir siempre, parece nunca acabar, parece circular, parece repetitivo y agotador.

A veces quería largarse al carajo, dejar todo atrás, vivir por el simple placer de vivir, como viven los arboles o los animales: comer, vivir, comer dormir; vivir, sólo vivir; sin deseos, sin sueños, sin preocupaciones, más que por aquello que realmente es necesario: comida y techo, lo demás irá llegando o se fabrica.

A veces quería dejar todo atrás, sólo desaparecer, como un pensamiento fugaz, como un suspiro de alivio, como una bonita noche, como un caluroso día, vivir y ser feliz, para terminar algún día.

A veces quería, pero nunca podía, algo le retenía, le hacía pensar, le detenía, lo atormentaba, eran sus deseos, era su alma, quería algo, no sabía exactamente que, cariño, fama, dinero, amor, no sabía que, pero siempre seguía insistiendo, a pesar de que muchas cosas le parecían falsas, tontas o inutiles, a pesar del mundo que se desmoronaba siempre seguía.

Era esa contradicción constante entre lo que se piensa, lo que se desea, lo que se necesita, lo que se hace, lo que se obtiene y lo que se tiene; rara vez coincidían todas y eso le desesperaba.

Pero aún así, a pesar de todo eso, a pesar de sufrir, de que su mente fuera tormentosa, de que la paz y la tranquilidad fueran esquivas, aún así, él seguía, no sabía porque, pero seguía.

 

– ¿Será que todos tenemos las mismas necesidades, los mismos deseos y sueños?

Sería bueno poder mandar todo a la mierda e irme al carajo, al Sahara, a China, a vivir como los Tuareg o como un monje budista, donde nadie espera nada mio y yo no espere nada de nadie, a comer vivir y dormir.

 

….

 

– No, pero no. Yo soy mucho más que todo esto, soy más que los problemas, más que la vida, más que otras personas, más que otra gente, soy mucho más que el mundo entero; voy a cumplir cada meta que tengo y luego si desaparece como una pompa de jabón, rápido y sin dolor, jaja.

Voy a hacerlo, tengo que hacerlo, quiero hacerlo.

Seguía caminando, faltaba poco para llegar a su destino, la rabia y la energía producían una extraña mezcla en él, había algo claro, a pesar de todo, no se rendiría, insistía e insistía.

Lo había aprendido en una de las pocas cosas que le gustaban y que amaba con el alma: el fútbol, para él en el fútbol no había fracasos o éxitos, sólo el juego y listo, nunca se rendía, prefería morir jugando a rendirse. Luego terminaba el juego y lo olvidaba.

Al parecer la rabia, el orgullo y un poco de indiferencia eran el impulso que lo hacían continuar, eran las motivaciones que le movían, que le alimentaban, no eran las mejores, pero lo mantenían a flote.

El calor implacable no cedía y aún así muchas personas seguían caminando, muchas tenían sus rostros cansados y  sudorosos, pero se seguían moviendo, miles de personas con infinitos deseos, llenas de dudas, de rabia, de pasión, de sufrimiento y amor, todas seguían a su manera, todas seguían pensando, peleando en su interior y sudando al exterior.

Hasta la próxima.

Insignificantes

Oscura la calle, apenas iluminada por las débiles lámparas del alumbrado público, algunos destellos se reflejaban en el piso húmedo por el rocío de la noche.

El tipo joven era un triunfador, lo que había querido lo había conseguido siempre, pero aquella noche, aquella noche las cosas habían cambiado, curiosamente ya no tenía nada de nada, ni dinero, ni posesiones, ni reconocimiento, ni nada, sólo se tenía si mismo.

Caminaba, sin mucho sentido y mientras lo hacía, maldecía, su suerte, lo que le pasaba; exigía a la vida todo lo que tenía antes y más, creía tener un derecho divino sobre lo que había perdido.

El viejo vagabundo se aproximaba, él no se daba cuenta; el viejo, al igual que el joven no tenía nada, sólo a sí mismo, se acercaba sin hacer ruido y reía para si mientras escuchaba al joven.

– ¿Por qué me pasa esto? Si yo soy un triunfador, nací para tener éxito, para estar bien, para dominar el mundo, para que me obedezcan. Soy un triunfador.

– A veces las cosas pasan sin explicación.

– ¿Y tu quién eres viejo? ¿No sabes quién soy yo? Soy dueño de medio mundo, la gente me obedece, me reconoce y me respeta. Soy exitoso, yo soy…

– ¡Ni se, ni me interesa saberlo! Al parecer no tienes nada, de lo contrario no estarías exigiendo cosas, maldiciendo y caminando sin sentido a medianoche.

– Eso es momentáneo, pronto regresaré a la cima. Y tu seguirás igual.

 

– ¡JA! ¿Y cómo lo sabes?

 

– Porque es mi derecho, nací para estar mandando, para gobernar, para vivir bien.

 

– ¡NO! ¡Eso es mentira! Nunca nadie tiene nada garantizado, cada persona nace a este mundo y tiene que empezar a pelear, a luchar por cada cosa y sobre todo por mantenerla por algún tiempo, si puede.


Sabes, aquí donde estoy viejo, pobre y harapiento; alguna vez estuve en una situación similar, tenía el mundo a mis píes y de repente perdí todo, todo, me quede sin nada, ni dinero, ni casa, ni inversiones, ni títulos, ni reconocimiento; y lo que más duele y hace falta, ni amigos, ni familia, ni nada, nada.

Me costo mucho tiempo, muchas maldiciones y sobre todo muchas lágrimas aprender eso. También hice lo mismo, me limité a caminar y a pedir, a quedarme quieto y a exigir lo que creía que era mio por derecho.

 

Perdí mucho tiempo y mucho esfuerzo, energía que empleé mal, me hice viejo y acá estoy, sin muchas posibilidades de retornar, pero también sin muchas ganas de hacerlo, he aprendido a tener lo necesario y a gobernar otras cosas, mi interior, mis deseos, mi ego, a vivir seriamente por dentro para poder vivir sencillamente por fuera, ya no quiero regresar a la cima, ahora sólo quiero ser feliz.

 

Pero sólo quiero decirte que puedes triunfar, que puedes poseer el mundo, puedes ser un rey, gobernar a millones de personas. Hacer que te obedezcan, que estén a tus píes, vivir tranquilo sin hacer nada, rodeado de suntuosidad. ¡Pero todo eso no es para siempre! nada es para siempre, nadie tiene garantizado nada.

 

A pesar de que cada persona puede ser inmensa, puede llegar a donde quiera, puede gobernar el universo si así lo desea, sigue siendo un grano de polvo entre la arena de la playa, sigue siendo insignificante y debe luchar cada instante para lograr llegar y mantener el sitio que desee.

Y sin más el viejo siguió caminando hacía la parte más oscura de la calle hasta que se hizo uno con la oscuridad; el joven permanecía callado en medio de la nada, con las palabras rebotando en su cabeza, paralizado, mirando hacia donde había desaparecido el viejo.

Algo en su interior cambio para siempre.

Hasta la próxima.

Esa extraña pelea entre Paciencia y Resultados

Sin saber porque o como, a veces llega esa sensación de inutilidad, de no saber para donde se va ni porque, esa sensación de estar perdido en un mundo extraño, que a veces nos sonríe y a veces nos pone zancadilla; esa sensación de no ver ver frutos, de no ver resultados pronto; entonces cada idea parece inútil y brillante al mismo tiempo, como si un genio y un idiota habitaran la cabeza al mismo tiempo y en sus discusiones se escaparán estas ideas que al final terminamos plasmando cada día, a cada momento con cada acto.

Pero estas sensaciones pasan, duran unos minutos, un par de horas, a lo sumo algunos días; ¿cómo pasan?, fácil, llegan otras ideas nuevas a ocupar ese lugar, alguna ilusión banal o trascendental, no importa, importa que desplaza a las otras ideas; a veces el orgullo y el deseo de mostrar que somos mucho más capaces, mejores, que también podemos, se imponen a toda esa patraña que se instala y se acomoda en cada mente, y cambiamos, volvemos a creer, a intentar, a triunfar o a fracasar.

Al final no importa, cada conmoción de nuestras cabezas transcurre tan rápido que ni nos damos cuenta, al final solo cada uno de nosotros es quien vive la incertidumbre, quien tiene que afrontar el dilema de elegir y actuar.

Hasta la próxima.