No hay forma de…

ValentinaMaleza

Describir un atardecer, dibujar una conversación, sacar la fórmula matemática de una canción…

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Se puso los guayos de nuevo

El tipo estaba sentando al borde de su cama, y se estaba amarrando los zapatos, al lado tenía un maletín pequeño, la cremallera abierta, dentro se veían algunas camisetas, medias y un par de guayos, se les veía el uso, pero aún podían soportar una centena de partidos. El amigo llegó y se quedo observándolo pensativamente.

— ¿Qué hace R.?*

— ¿Qué qué?

— ¿Qué que hace? ¿qué está haciendo?

— Ahhh, me estoy alistando.

— ¿Para qué?

— Pues para ir a jugar.

— ¿A dónde?

— Ahh, es una historia larga.

— ¿Cómo así?

— Si, es una historia larga, yo no pensé que tendría que regresar a jugar, pensé que nunca aparecería alguien tan bueno.

— ¿Cómo así? Si usted es el mejor.

— Quizás; eso si, estoy entre los diez mejores.

— ¿Y qué pasó?

— Fíjese, este nuevo tipo ha aparecido y ha jugado y ganado a mundo de jugadores, de equipos, como si nada, es impresionante. Pero no se ha quedado sólo con eso.

— ¿Ah no? ¿hay más?

— Si, juega tanto y tan bien, que los mejores del mundo en los últimos diez años, no han podido ganarle.

— Entonces es un genio.

— Quizás, y eso me agrada, jugar contra los mejores, y este tipo es de los mejores, está entre los 10 mejores.

— ¿No es apresurado asegurar eso R.?

— No. Le ha ganado a los mejores.

— Bueno, también es por el momento del fútbol.

— No, le ha ganado también a aquellos que son genios y se han retirado.

— No entiendo ¿cómo así? ¿cómo van a poder jugar de nuevo?

— No es tan complicado, hay un centro médico que se ha especializado en adecuar el cuerpo de los deportistas retirados para que puedan competir de nuevo, durante al menos 10 años más.

— ¿Cómo así?

— Fíjese, el maldito centro o laboratorio analiza a cada deportista, en este caso futbolista, le hace una serie de exámenes que tardan alrededor de treinta minutos, luego procede al tratamiento más adecuado en cada caso, a la sumo toma una hora realizar el tratamiento.

— ¿Y ya?

— Básicamente si, el hecho es que después de eso, ya el futbolista está listo para jugar, luego del tratamiento puede jugar con las características óptimas, sin importar cuales hayan sido estas a lo largo de su carrera.

— Eso es interesante.

— Pero aún hay algo más, dentro del centro médico hay instalaciones donde, los deportistas que han ido allí, pueden empezar a practicar inmediatamente.

— Ya veo, así han podido competir contra el tipo nuevo que usted me comenta ¿cómo se llama?

— M. y es buenísimo, es decir, el equipo que tiene, y el tipo es el mejor de ahí.

— Me parece  una exageración de su parte.

— No, no lo es, ya le ha ganado a Maradona y fue aplastante, varios amigos me lo han comentado, goles, jugadas, pases, en todo donde Maradona podía ganar, este chico la ha dado un total repaso. Maradona se sometió al tratamiento, y jugaba como en el 86, pero con toda le experiencia y la inteligencia que tiene un jugador cuando se va a retirar. Ha jugado contra el chico ya diez partidos, todos perdidos, Maradona terminó cansado y triste.

— Me cuesta creerle ¿Y Pelé?

— Pelé también ha ido, y ha jugado contra él; luego del tratamiento Pelé tenía todas las condiciones que mostró en 1958, el chico le ha superado en muchas cosas, y en otras han quedado casi igualados.

— ¿Pero ganó o perdió contra M.?

— También perdió, han jugado dos partidos, juntos los ganó M.

— ¿Y usted va a ir?

— Claro, yo soy el único que he podido ganarle a Pelé con suficiencia, aunque me costó un montón, un amigo en común me llamó hace tres semanas y me dijo: “—¿Sabes que ha dicho O Rei? —No, ¿qué ha dicho? —Que si alguien es capaz de ganarle a este chico eres tu” Le expliqué que yo estoy retirado y viejo, y fue él quien me contó lo de Maradona y Pelé y los tratamientos.

— ¿Y usted está preparado R.?

— Si, ya tengo listo lo del tratamiento, en unas cinco horas debo estar allí para eso.

— ¿Y el fútbol y el partido?

— El tipo no tiene miedo, y yo tampoco. Hoy vuelven a jugar contra Pelé y creo que de nuevo le ganará.

— ¿Y aún así usted va a ir?

— Claro, después de la llamada he estado mirando los vídeos, analizando, juega muy bien, es rápido, zurdo, preciso, bajito, como Pelé o Maradona o como yo. Ya lo dijo Djalminha “El fútbol es para los bajitos”; hace túneles, regates, engaña por un lado y sale por el otro, a veces sobreros, paredes, se le dan muy bien, remata de fuera, es preciso, ha aprendido a patear los tires libres, a veces usa la derecha, en fin, es un as.

— ¿Y aún así no le da miedo o vergüenza?

— No, al contrario, ya quiero jugar contra él, es excelente, pero yo he sido el mejor durante algunos años, le gané a Pelé, a Maradona, los dos mejores del mundo. Puedo ganarle a este chico, aunque me costará trabajo, estoy seguro.

— En fin.

— Debería ir a vernos, mañana jugamos, Pelé y Maradona irán a ver el partido, ya tengo mi equipo, van mis dos hermanos, algunos amigos, los de siempre, yo les conté y dijeron que si, de una, ni lo dudaron, todos tenemos en tratamiento hoy. Nosotros siempre hemos tenido un equipazo y yo soy el mejor de ese equipo. Será una belleza, ya se dará cuenta.

— ¿Es tan importante un partido así R.?

— Si, es muy importante, va a ser puro fútbol, pura garra, pura pasión. Mañana estaremos vivos otra vez, vaya y lo ve. Se podrá deleitar.

*R. es el mejor futbolista que ha existido en el planeta, ha anotado por lo menos 5000 goles, dado unas 10000 asistencias y jugado muchos más partidos. Es el mejor del mundo y de toda la historia y difícilmente lo superarán. No ha ganado nunca un título, ni una copa, ni una medalla ni un regaño, pero todos los partidos que ha jugado los ha ganado, todos los futbolistas le admiran y le respetan.

 

 

 

El ataque de los recuerdos

Hoy estoy blandito, hoy los recuerdos se han abalanzado sobre mi y me han molido a golpes.

Hoy me han magullado, me han golpeado sin piedad.

Hoy, los recuerdos, me han hecho saber, otra vez, de que están hechos: de todo el peso de nuestra historia, de nuestros fracasos vivos y nuestros sueños muertos.

Hoy los malditos han confabulado para atacarme, apenas iba abriendo los ojos con descuido, como quien al caminar va girando la esquina confiado de que todo está tranquilo y han aparecido ellos, en montón, con mala cara, con sonrisa sangrienta, y me han golpeado, sin piedad y con motivos.

Vaya que si tenían motivos, muchos; para atacarme de esa forma tan cruel. Ellos fueron más astutos, se dieron cuenta de lo que yo pretendía hacer. Pretendía enterrarlos, vivos, hacerlos a un lado y pretender que nunca fueron. Quería enterrar todos y cada uno de ellos, de esos recuerdos tuyos, donde siempre estás tu, brillante, hermosa y única. Y donde también estoy yo, babeando y pensando en ti, sonriendo perplejo ante tu presencia, con sonrisa tonta, como un perrito con juguete nuevo.

Yo quería matarlos a todos, a todos, sin dejar rastro, sin permitir que se dieran cuenta, pero no alcancé.

Porque pretendía aniquilar todo cuanto se relaciona contigo, sin hacerte daño. Pretendía cortar todos aquellos hilos que me conectaban a ti de alguna manera, fueran fuertes o delgados, no importa, pretendía cortar eso y dejar que te fueras sin ninguna atadura a mi, como una cometa cuando está muy alta y se revienta el hilo y el viento se la lleva rápido y sólo puedes mirar el cielo mientras ella hace un par de piruetas y desaparece. Y yo pretendía seguir caminando, sin el peso de todos esos recuerdos,, sin esos vínculos, pero no fue así.

Ellos fueron más astutos y más rápidos.

Y quizás sea porque aún hay algo que en el interior que te quiere, que te piense, que desea lo mejor para ti, así no te vea nunca.

Y ese sentimiento fue una espía, fue el soplón de la historia, fue ese sentimiento quien alerto al grupo de recuerdos, les dijo mis intenciones.

Y mi plan se fue al carajo, no funcionó, me han golpeado.

Hoy estoy blandito, me han golpeado mucho y muy fuerte, desde mi ser adolorido voy escribiendo esto.

Tal vez pueda haber una revancha, por ahora me lameré mis heridas y le haré frente a cada recuerdo.

Hasta la próxima

 

¡Las drogas!

Colombia... wtf??

¡Las drogas! ¡Las drogas! ¡Las drogas, ese invento del demonio que puso en la tierra solo para tentar a las almas puras y buenas que, de no ser por su existencia, no caerían en ningún pecado!

Recientemente apareció en La Silla Vacíaun artículo que no ha causado el revuelo que se esperaría: la mención en un texto de Harper’s de una confesión del asesor de política interna del expresidente estadounidense Nixon sobre lo que en realidad fue la guerra contra las drogas que comenzaba entonces. Pensaría uno, de manera inocente, que la simple lectura del artículo llevaría a que las personas se replantearan toda su concepción sobre las drogas, pero no es así. La guerra contra las drogas no se llevó a cabo solo en los cultivos y en los puertos: ocurrió en las noticias y en el lugar más susceptible de cualquier país, la imaginación.

No importa que…

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La pelirroja es la perdición

Eran casi las diez de la noche, la noche estaba despejada y el pequeño hotel presentaba en la entrada una pequeña lámpara colgando, quedaba en toda la esquina de la manzana.

Entré, el calor era agradable, me acerque a la recepción y le pregunté a la viejita que atendía que si tenían habitaciones disponibles, me asignó una, me dio las llaves y me dijo que quedaba en el segundo piso, sobre la recepción, cerca a la ventana.

Regrese cerca a la puerta, allí estaba aquella pelirroja, no recuerdo el nombre, porque era muy enredado, pero era un monumento de mujer, era la conglomeración de todos los atractivos en una sola mujer, le indiqué que teníamos habitación y subimos.

Al entrar vi a través de las cortinas algunas luces a lo lejos, me acerqué a las ventanas y las abrí, entró una suave brisa y lleno el recinto. A lo lejos se podían ver algunos techos de las casas de aquel pueblo en Suecia, apacible y tranquilo, algunos edificios altos, construcciones modernas y más lejos aún, se veían luces como relámpagos, sabiendo que no era tal; los relámpagos eran estallidos, bombas, cañones, misiles y cuantas armas tuvieran al alcance varios hombres de los ejércitos que peleaban y se mataban sin razón real. Pelea que duraría hasta que alguno se rindiera, acabará sin hombres o sin armas.

Me volví y con la poca luz que entraba por la ventana vi a mi deliciosa pelirroja sentada allí en la cama, y me sonreía con una mezcla interesante de picardía, inocencia e insolencia. Esta pelirroja me traía loco, de verdad, la había conocido una semana antes, luego de haber salido del hospital después del accidente.

Cuando salí del maldito hospital, luego de estar metido allí un mes, lo primero que hice fue ir a un restaurante, tenía un hambre infernal, siempre he funcionado por el estómago y el hospital me tenía acorralado, me alimentaban mal, estaba mal nutrido: poco y mal cocido, son unos asesinos; en definitiva si no te mata la guerra, te matan los hospitales.

El restaurante era amplio y limpio, y las porciones que servían eran considerables, lo cual para mi y mi tierno estómago era una bendición. Pedí algo, no recuerdo exactamente que fue, lo que si recuerdo es que mientras esperaba mi orden, entró aquella pelirroja, la deliciosa pelirroja, el monumento.

Era bajita, un metro con sesenta, de pelo rojo casi como el cobre, no tan brillante, ojos azules, labios gruesos y delgado rostro, los ojos y el pelo eran una combinación asesina, te retenían allí por horas y te mataban lentamente. De cintura pequeña y las mejores caderas de toda Suecia, aquellas eran las emperatrices de las caderas, exquisitas, amplias, bien formadas y apetitosas, al caminar el movimiento era hipnótico. Piernas atléticas, y un culo de otro mundo, ese conjunto realmente era espléndido. Piernas-caderas-culo, te mataba. Se notaba así no más que era una mujer que practicaba, o lo había hecho, algún deporte, patinaje o natación. Abdomen plano y un pecho pequeño, pero toda ella era fenomenal.

Aquel día llevaba un pantalón ajustado de color gris y un saco de lana verde que se le ajustaban muy bien al cuerpo. La estuve mirando un rato, como idiota, y como se demoraba lo que había pedido, me acerqué y empecé a hablarle, al principio me miro como si fuera un loco, luego de un rato se relajo y nos fuimos conociendo.

— Es un buen lugar, amplio. Me gusta venir aquí —dije

 — Yo vengo aquí casi todas las semanas y no lo había visto antes.  —dijo mientras me miraba con desconfianza.

— La verdad me gusta venir aquí desde hoy, es un sitio agradable, aunque aún no pruebo la comida.

Mientras sonreía me alargo la mano, — Soy C….

— ¡Déjeme ver que está escribiendo!

 — ¡Ahhhh! ¡Casi rompe la maldita hoja!

— ¿La guerra, Suecia? Pero si usted no ha salido de este cochino país. Deje de escribir mierda.

— Ese no es su problema, es el problema del que lea el cuento.

— Pero esto parece caca.

— No lo sé, pero me está saliendo bien, fíjese en el sentimiento de seguridad del pequeño hotel, en Suecia, muy tranquilo y todo.

— ¡Qué va! es mierda.

— Como sea, no es su problema, casi rompe la hoja. Y con lo difícil que es encontrar una puta idea para escribir en estos días y usted viene y me quita la hoja así no más. Si me daña el cuento o rompe la hoja yo le rompo la cara a golpes.

— Jajajaja, siga escribiendo su mierdecita.

— Es una obra maestra, este cuento será fabuloso, excelente.

— ¡Qué va! Son puras sandeces. Hoy no hay guerra, dígame ¿cómo sería su guerra?

— Una guerra más avanzada, una guerra con misiles y armas térmicas y nucleares y montones de aviones y robots.

— Bueno, ¿Y cuál sería su accidente? ¿Perdió una pierna, un brazo, los cojones? jajaja

 — No, es un accidente muy sencillo.

 — ¿Cómo cuál? 

 — Me estalló cerca una bomba química que liberaba un fuerte gas, y yo inhale una buena cantidad, pero quedé vivo.

— Que accidente tan idiota.

— Pero funcionó, me llevaron al hospital y allí creyeron que perdí la razón y me indemnizaban y me sacaban a patadas a la calle, eso y que los pulmones no quedaron del todo bien.

— Como muy tonto el cuentito.

— No, usted no entiende de literatura. Además está la pelirroja.

— ¡Pufffff!, jajaja. 

— Esa pelirroja de verdad me traía loco, el cuento va sobre ella principalmente.

— Le digo que es muy mugre el cuento.

 — Mejor cállese, ya veré si corrijo o cambio algo.

 — Cambie todo.

 — No, la pelirroja es fundamental, es más, me largo a otro lado a terminarlo, porque ya se me va a romper el pantalón, estoy excitado de pensar en la maldita pelirroja del culo perfecto y de los ojos mágicos. Hasta luego.

¿Dónde está la dignidad de los colombianos?

Colombia... wtf??

Advertencia: Antes de leer este escrito es importante que entienda todas las diferencias que existen en Colombia entre un capital público y uno privado.

¿Dónde está la dignidad de los colombianos? ¿Dónde?

¿Qué hace un colombiano que pierde al año entre $ 100.000 y $ 200.000 por gastos bancarios defendiendo la administración privada? ¿Qué hace un colombiano que —solo el año pasado— fue víctima del “cartel” del arroz, de los pañales, de los cuadernos y del azúcar apoyando la privatización de las empresas que hoy son públicas?

¿Qué nos pasa? ¿Será la falta de justicia que todavía tiene a Samuel Moreno por ahí aplazando audiencias? ¿Será el exceso de acetaminofén recetado por empresas privadas “encargadas de la salud” que ya nos hizo inmunes a todo? ¿Será porque no sabemos que medio millón es 500.000?

Algunos dirán que todos roban por igual, pero la diferencia es que nosotros podemos y debemos ser veedores…

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Ideas Fugaes (IX)

— Menos mal vino.

— Pues porque insististe mucho. ¿Estás enojado? ¿Porqué me hablas así?

 

— Porque así es más sencillo, más crudo, pero más real, y porque me cansé de andar arrastrándome como un perro detrás suyo.

 

— ¡Ups! ¿Y de qué quieres hablar? para eso estoy aquí

 

— Si, de verdad necesitaba hablar con usted.

 

— ¿De qué?

 

— Yo la cagué.

 

— Jajaja, ¿a qué te refieres?

 

— Con usted, yo la cagué con usted. Es decir, usted me gusta, la aprecio, quizás la amo. Pero no la necesito, y al final usted no me llena.

La cagué, por ilusionarme, porque yo pensé que era diferente, me imaginé otras cosas, otra mujer.

Pero no, usted no tiene la curiosidad que yo necesito, que yo deseo ver en alguien.

Tal vez la ofenda, pero a usted no le gusta pensar.

 

— ¡Claro que me ofendes! No pensé que fueras así.

 

— Cálmese. No quiero decir que no piense. Quiero decir que usted quiere y desea una vida plana, de casa, carro, familia, aparentar, decir que tanto dinero tiene, sonreír los domingos frente a otras personas iguales a usted en un centro comercial. Hablar de la novela de la noche anterior, de la ropa en el mostrador de la tienda de moda, en fin, esas estupideces. Y yo no quiero eso, yo no necesito eso. No lo busco y nunca lo he buscado.

 

— ¡Vaya! ¿Todo esto es por lo que te dije alguna vez?

 

— No, es porque he podido pensar, darme cuenta de muchas cosas.

 

— ¿Cómo cuáles cosas?

 

— Como que yo no deseo dinero y estabilidad, mejor dicho, si, un poco, pero yo no deseo ostentar mi dinero para decir que soy feliz, mostrar que tengo o que viajo o que compre tal o cual cosa.

Yo quiero leer, aprender, ver y escuchar, y para eso requiero sobre todo tiempo, no tanto dinero.

Yo no quiero cada fin de semana ir a donde mis amigos a decir que tengo una vida magnífica y feliz, u organizar una comida para que vengan a felicitarme por mi vida mientras yo hago alarde de cosas superficiales que me valen muy poco.

 

— Pero a mi eso me parece normal, y algo estable, es seguro ¿Por qué te disgusta eso?

 

— Es que usted busca seguridad y yo no le puedo ofrecer eso, yo no le quiero ofrecer eso. Y no porque yo sea inseguro o esté cagado del miedo, sino porque no me nace vivir seguro, yo necesito sentir el agua al cuello, necesito sentirme libre. Y si hay libertad no hay seguridad.

Necesito pensar cada cosa de esta vida, necesito cuestionar prácticamente todo, la sociedad, el dinero, los números, las personas, la vida, las creencias, lo que sentimos, lo que no, en fin, necesito cuestionar todo eso.

Tal vez soy un adolescente tardío, un niño pendejo todavía, no sé.

Pero tengo una curiosidad voraz, a veces no lo parece, pero necesito cuestionar todo eso, y para poder cuestionarlo bien, necesito estar fuera de todo ese ambiente, y sino no puedo, porque se me embotan los sentidos y dejo de preguntarme y me siento frustrado, y termino librándome de esa furia con gente que ni lo merece.

Por eso le pido perdón, de verdad, usted es muy linda, interesante, capaz, en fin, llena de cualidades, pero yo no la necesito, porque al final, usted no alimenta esa curiosidad en mi, ese deseo de ir en contra de todo lo que damos por sentado.

Usted quiere una paz típica, una paz prediseñada hace tiempo en la cual la gente vive feliz en una casa, tiene un carro, hijos, mascotas y trabaja lunes a sábado, ve televisión, duerme, come, compra cosas en grandes almacenes, ve lo que está de moda, lee poquísimo. Vive a la moda, piensa a la moda, ríe a la moda. Una paz donde todos son felices consumiendo y riendo, y aparentando, donde las personas son cascarones vacíos, con hermosas sonrisas etéreas.

Yo no quiero eso, prefiero encerrarme a leer durante tres o cuatro días, o quizás quedarme a ver películas viejas o nuevas, así sean malas, leer todo lo que se cruce por delante, escuchar toda la música que pueda, pero sobre todo sentirla, prefiero quedarme todo un día acostado escuchando radio o música o mis pensamientos sin ningún objetivo claro.

Mi prioridad no es un carro, no es comprar cada tanto ropa, no es salir a comer en un McDonalds cada que pueda y sonreír falsamente sin sentirlo.

Lo siento, no busco eso.

Yo no quiero pensar en un futuro, porque no hay certeza de tal cosa, yo quiero sentarme a pensar en cada uno de esos eventos, que valor tiene cada uno de los logros de la gente, prefiero sentarme a pensar y a mirar a las personas, a imaginar escenarios, a mirar que sentido tiene esta vida.

Yo no quiero dejarme llevar por el afán de sobresalir en el que viven todos, porque no me apetece, no lo busco. Si se mira bien, al final todos terminamos muertos y olvidados, con el tiempo suficiente no somos sino una pequeña deformación en una larga tira llamada vida.

Y yo no quiero vivirla como dicen que debe ser vivida, sin cuestionarla, porque al fin y al cabo sólo la voy a vivir una vez, yo quiero preguntarme el por qué de la existencia. Y no sólo existir como objetos creados en fábricas.

 

Lo siento, hasta luego.

 

— ¿Y ahora qué?

 

— Eso era lo que tenía que decirle. Gracias por su tiempo.

 

— ¿Y ahora…

 

— Ahora nada. Chao

Hasta la próxima