Encrucijada

Y si usted no cree en Dios (o si su imagen dista demasiado del ser omnipotente, justo y misericordioso, dador de vida, creador y juez del universo) ¿cómo hace para redimir sus pecados?, para librarse de toda esa mierda que lo atosiga y lo acribilla contra la pared, cómo librarse de eso que le han metido desde el nacimiento por un lado y que le surge de las entrañas por otro, la sensación de culpa, de malestar, de haber cometido un error, cuando usted se siente mal y parece no pertenecer a esta raza o a este mundo; ¿a donde corre? ¿a quién acude?

Encrucijada; le toca tragarse eso solo, como una boya descarriada que se ha soltado y se encuentra en la mitad del pacífico, flotando, sin nada más que su propia existencia, únicamente con su propia “boyitud”, sólo la boya, nada más; porque el océano inmenso, poderoso, a veces tranquilo y a veces furioso, como un animal monstruoso; es indiferente a la boya, y a lo que le ocurre, su existencia no se ve afectada por la boya así que ella no le importa.

Y esos pecados y esa culpa tendrá que expiarlas de alguna manera, pero siempre solo; porque como la boya, usted se ha soltado, ha querido ser libre y se ha largado, ahora nada lo ata, nada lo retiene; pero esa libertad tiene un precio alto, muy alto: no tendrá refugio, no tendrá amparo, no tendrá consuelo; su libertad es hermosa, pero costosa, ahora tendrá que ponerle el pecho a todo, aguantarse la vida y la tormenta, solo, malditamente solo, agarrarse a usted mismo y flotar lo mejor que pueda para no tragar demasiada agua.

Lo Básico

Va caminando y mirando hacia adelante, cualquier noche, como muchas ocasiones antes. La cabeza llena de cosas, y entonces empiezan a formarse los remolinos de ideas, la tormenta de deseo y preguntas, de acusaciones y de orgullos.

Y entonces llega esta idea:

“Mire el mundo, mire la gente, mire a la sociedad, mire cualquier grupo humano, mire la cultura; lo que ha edificado, lo que ha construido y ha mantenido, lo que ha ido mejorando o dañando; mire atentamente el mundo por un buen tiempo.

Se da cuenta, cada vez tenemos más cosas que celebrar pero cada vez compartimos menos, cada vez tenemos más, pero sentimos menos.

Nuestras sociedades son una cosa rara, da valor a las cosas y no a los momentos; las primeras se dañan, se cambian, pueden durar cientos de años; los momentos por el contrario son efímeros, duran lo que dura un pestañeo, son intensos y se van, en si los momentos sumados componen cada vida, momentos puntuales, o momentos que se estiran como los suspiros de un enamorado o de alguien que ha llorado.

Desnude todo. Desnude a la sociedad, desnude a cada grupo humano, y no me refiero a quitarles sus prendas.

Me refiero a quitarle todas esas cosas que ha inventado, a todo esa parafernalia que ha montado para ser feliz, para sentirse parte de algo, para sentirse humano. Como si al nacer no lo fueran o tuvieran que pelear por ese derecho durante toda su vida.

Quítele fechas especiales, motivos de reunión, excusas para gastar y consumir, sobre todo impuestas por otros, casi nunca por las personas del común.

Quítele todo eso. Déjeles si desea sólo las fechas de cumpleaños, nada más.

Muchos tal vez nos vamos a sentir desamparados, sólos, perdidos y rotos. Por un tiempo, tal vez mucho o tal vez para siempre y vamos a llorar por lo que nos han quitado, preferimos vivir con un velo que mirarnos desnudos sin nada de esas cosas.

Ahora hagamos la parte más difícil, pero la más bonita y tal vez la más edificante.

Miremos que podemos hacer sin todo eso, veamos que podemos compartir con los que queremos lo que queremos y lo más importante, cuando queramos, cuando nace esa necesidad dentro de nosotros.

Eso es lo básico, ver que externamente no necesitamos nada de eso para felicitar a alguien, o para darle un presente, sólo necesitamos nuestra necesidad, que el corazón reviente el pecho cuando quiere compartir algo con alguien. Que la mente no funcione sino para pensar en compartir, en estar rodeado de algunas personas y en vivir esos momentos, así no haya nada, solo palabras e instantes.”

Seguía caminando, una sonrisa mezcla de la confusión y una pequeña certeza, iluminó su rostro unos instantes.

Las calles bullían de gente y de cosas, como toda ciudad que cobija y asusta a la gente.

Hasta la próxima.

Extraño razonamiento I

Y si Dios no existe, en cualquiera de sus diversas formas, si no hay paraíso, si todo acaba con la muerte, un fin y ya.

Si eso pasa, hay angustia, estoy seguro, angustia, por todo y para todo, bien.

Ahora; ¿se da cuenta de lo que hay que hacer?, esta llorando, mucho, desperdiciando su vida, esperando cosas y viviendo de algo que no es, una mentira fea y aburrida.

Tome toda esa angustia, todo ese sufrimiento, y siéntalo, métalo hasta sus huesos, hasta que despierte y se de cuenta, que asumiendo como una certeza el primer párrafo, la vida se le puede escurrir entre los dedos como el agua en un lavamanos, y no vuelve.

Sienta esa angustia, en lo más profundo de usted, en cada átomo, en cada célula, en todo su ser, hágase dueño de esa angustia, viva con ella, aprenda a quererla.

Tome todo eso y empiece a vivir de verdad, por usted, cada segundo, que cada instante cuente, que los únicos castigos y recompensas los haya buscado usted, al fin y al cabo la vida es eso, hacerse responsable de lo que hace o deja de hacer.

Hay una frase: “usted se lo guisa, usted se lo come”, cada cosa que le pasa en la vida, se la ha buscado usted mismo, de una u otra forma, acepte eso y hágase responsable de su vida, exprímala.

Aún tiene angustia, lo se, estoy seguro, va a estar ahí, toda la vida, toda su vida; pero puede verla a su lado, sonreírle y mostrarle que va a hacer que su vida valga la pena, sobre todo para usted mismo.

Y si Dios existe y hay un paraíso y esto es un viaje antes de empezar otro, un cambio más.


Pues bien, haga lo mismo: Viva su vida, haga que valga la pena, vívala por usted y por las personas que quiere, ese debe ser el primer motivo, Dios tendrá que comprender, al fin y al cabo nos dio la libertad de elegir. Yo elijo esa opción.

Desaparezca

No, es en serio, desaparezca.

Imagínese el mundo tal cual lo conoce, como usted lo ve y lo siente ahora mismo, mientras lee esto y piensa, mientras come, mientras ve televisión o simplemente mientras desperdicia valiosísimos minutos aquí sentado leyéndome.

Imagínese el mundo así como se lo narro, pero sin usted; si, sin usted, aniquílese, deshágase, evapórese, esfúmese, lo que quiera. Imagínese el mundo sin usted mismo, tal cual lo conoce pero sin usted. Una lástima que usted ya no esté.

Muy seguramente no es fácil, de hecho es una de las cosas más complicadas del mundo: imaginar algo donde usted no este; es muy complicado, puesto que es usted quién imagina, es usted el autor de sus sueños, de sus creaciones o de sus imaginaciones. Estoy completamente seguro que no es nada fácil imaginarse algo así.

Bien, ahora imagínese que usted puede ver todo lo que pasa, pero nadie lo ve, es más usted sólo puede ver y saber que esta pasando en “su mundo” pero sin que usted esté, no puede interactuar con nada ni con nadie, sólo observa, como cuando ve televisión, usted es un simple y desdichado espectador.

Ahora, imagínese que nadie lo recuerda, que nadie es consciente de que usted existió o vivió en algún momento, es decir, para ellos usted no es nada, similar al caso de la televisión o de una novela o de una película, a todos los personajes de allí, no les afecto ni les afecta el hecho de que usted exista o no.

Muy bien, imagínese ese panorama tan desolador, para usted claro está, para aquellos que “existen” no lo es tanto, es más, ellos sufren, lloran, ríen, a veces son felices, aunque la mayoría de las veces por una extraña habilidad humana son desdichados, pero al fin de cuentas viven y sienten con intensidad.

Fíjese bien en este hecho, todos viven normal, luchan, lloran, trabajan, duermen, comen, estudian, se endeudan, en fin, todas aquellas cosas que suele hacer una persona normal, todas aquellas cosas que usted mismo solía hacer antes de este ejercicio.

No sólo eso, todas esas personas que usted creyó conocer y a las cuales usted echa de menos, no lo recuerdan, no notan la diferencia entre si usted está o no está, están tan ocupados con sus vidas que no pueden o no quieren prestar atención a las vidas de otros, ¡interesante! ¿cierto?

Tal vez puede ser un hecho preocupante, desesperante, angustiante, desolador, y desesperanzador, un hecho muy triste para usted, seguro que si. Así que usted vive o vivió y nadie lo nota; ¡ufff!, puede llegar a ser muy triste, darse cuenta de eso puede ser muy muy duro, es aplastante, un hecho que muy seguramente lo va a dejar pasmado, quieto, sin aliento ni ganas para hacer otras cosas.

De todas formas no deja de ser algo muy interesante, algo en lo que valga la pena emplear mucho tiempo pensando, algo en lo que vale la pena pensar, distraerse, analizar y sintetizar cada recoveco de esta curiosa situación. ¿Vivimos para dejar huella e impactar el mundo? ¿o somos como un rayo de sol cualquiera de los que cada mañana alimentan a toda planta en el planeta y son o existen sin un misticismo alrededor? ¿somos especiales o somos como cualquier otro átomo en el vasto universo?. Siempre valdrá la pena debatir sobre esto.

Perfecto, ya vamos terminando. No se preocupe demasiado, en la vida real hasta ahora las cosas no pasan así; por lo menos sus acciones afectarán a alguien. Y si vive usted sólo (cosa que creo muy poco probable), aún así, sus acciones afectarán a las cosas, a su entorno.

El mundo es un tejido más o menos uniforme donde lo que usted haga o deje de hacer afecta poco o mucho a aquellos que lo rodean o a su entorno, ya sea que usted quiera que sea así o no, siempre sus acciones afectan todo alrededor.

Entonces en el mundo real, tal cual usted lo conoce, no importa mucho lo que usted piense, importa muchísimo lo que usted haga. Muy seguramente muchas personas cuando usted ya terminé esta aventura llamada vida le extrañarán. No se ponga eufórico, es muy remoto que lo recuerden para siempre, pero le recordarán, al fin y al cabo en algún momento usted los recordó y los afecto, así como ellos le afectaron a usted.

Excelente. Ahora, puede abandonar este escrito (que no la pagina, siempre encontrará cosas buenas aquí), puede abandonarlo por tonto, por aburridor, por triste, por ser alentador o desalentador, por lo que sea.

Le dejo en paz y si así gusta, haga caso omiso a todo lo leído durante este escrito; es más, olvídelo completamente, como si nunca hubiera existido o sido consciente de que existiera esto.

No hay premio: en ningún lugar, en ningún tiempo.

Si espera un escrito feliz, con una motivación, con un mensaje como un arcoiris o una mañana soleada donde el canto de los pajaritos es delicioso, mejor abandone este ahora. Porque será crudo, muy crudo, como una papa recién sacada de la tierra.
No hay premio. Ahora es la última oportunidad para largarse y olvidar estas letras, si sigue, puede que sufra, puede que no, es su decisión.

No hay premio, para nada, nunca lo ha habido, casi todo es castigo, y lo que no es castigo es una simple situación imposible de catalogar.

No hay premio, observe bien la vida y su historia, usted se puede esforzar en hacerlo con atención; si espera un premio por cada buena acción que hace o por cada respiro, mejor no gaste el tiempo así, siéntese y llore, porque la vida es una cosa cruel, la vida como una cosa global que nos arrastra a todos los seres vivos, es una cosa insensible, no tiene categorías de bueno o malo, sólo es y ya. Es una manta inmensa que nos arropa y listo, nos envuelve hasta que ya no quiere más y entonces nos suelta, nos desenvuelve y listo. Nosotros lo llamamos muerte.

No hay premio, recuérdelo. Usted quiere triunfar, ser el mejor, ser feliz, ser querido, recordado, influyente. Pues es bastante estúpido, observe bien, la vida tiene millones de años en este planeta, y no sabemos si en otros, y a todos los seres vivos los trata igual, es indiferente, no le importa ninguno en particular. Todos al final mueren, nace alguien y luego muere, así desde hace muchos muchos años, y nadie ha sido recordado para siempre, nadie ha sido querido para siempre. No hay premio.

La vida no se enternece con sus buenas intenciones, no llora con sus malas acciones, no lo felicita con su buen proceder. No, no no no; ella sigue, y así con todos los millones de primates que hablan, leen, escriben y creen pensar. Y con todas las criaturas que comparten esa cobija llamada vida.

Ahora ya puede llorar, todo lo que quiera, pero espere, guarde un poco de aliento y de lágrimas, que aún queda un poco más.

No hay premio, así que no busque recompensas, no busque reconocimientos, o afectos o felicitaciones o palmadas en la espalda, nada. Si va a hacer las cosas, hágalas porque quiere y punto, no porque quiere cosas externas o con un fin ajeno a su extensión corpórea. No, en ese caso yerra de cabo a rabo. Si quiere hacer algo, hágalo porque le nace de sus malolientes entrañas, hágalo bien o hágalo mal, es su decisión, pero no busque ninguna justificación afuera.

Ya, puede seguir llorando o puede sonarse los mocos y olvidar esto.

Hasta luego.

Ideas Fugaces (X)

Mastico recuerdos como alimento para el alma, como recurso para darme ánimo, para seguir soñando.

Mastico recuerdos como aliento para la vida, como mimos para la ternura, para seguir riendo.

Mastico recuerdos como agua para la sed, como combustible para seguir caminando, para seguir viajando.

Mastico recuerdos, los más añejos, porque por ancestrales son más entrañables, más lejanos, más sinceros.

Mastico recuerdos, como uvas pasas, dulces y pequeños, muchos, para satisfacer esta hambre extraña.

Mastico recuerdos.

Ideas Fugaes (IX)

— Menos mal vino.

— Pues porque insististe mucho. ¿Estás enojado? ¿Porqué me hablas así?

 

— Porque así es más sencillo, más crudo, pero más real, y porque me cansé de andar arrastrándome como un perro detrás suyo.

 

— ¡Ups! ¿Y de qué quieres hablar? para eso estoy aquí

 

— Si, de verdad necesitaba hablar con usted.

 

— ¿De qué?

 

— Yo la cagué.

 

— Jajaja, ¿a qué te refieres?

 

— Con usted, yo la cagué con usted. Es decir, usted me gusta, la aprecio, quizás la amo. Pero no la necesito, y al final usted no me llena.

La cagué, por ilusionarme, porque yo pensé que era diferente, me imaginé otras cosas, otra mujer.

Pero no, usted no tiene la curiosidad que yo necesito, que yo deseo ver en alguien.

Tal vez la ofenda, pero a usted no le gusta pensar.

 

— ¡Claro que me ofendes! No pensé que fueras así.

 

— Cálmese. No quiero decir que no piense. Quiero decir que usted quiere y desea una vida plana, de casa, carro, familia, aparentar, decir que tanto dinero tiene, sonreír los domingos frente a otras personas iguales a usted en un centro comercial. Hablar de la novela de la noche anterior, de la ropa en el mostrador de la tienda de moda, en fin, esas estupideces. Y yo no quiero eso, yo no necesito eso. No lo busco y nunca lo he buscado.

 

— ¡Vaya! ¿Todo esto es por lo que te dije alguna vez?

 

— No, es porque he podido pensar, darme cuenta de muchas cosas.

 

— ¿Cómo cuáles cosas?

 

— Como que yo no deseo dinero y estabilidad, mejor dicho, si, un poco, pero yo no deseo ostentar mi dinero para decir que soy feliz, mostrar que tengo o que viajo o que compre tal o cual cosa.

Yo quiero leer, aprender, ver y escuchar, y para eso requiero sobre todo tiempo, no tanto dinero.

Yo no quiero cada fin de semana ir a donde mis amigos a decir que tengo una vida magnífica y feliz, u organizar una comida para que vengan a felicitarme por mi vida mientras yo hago alarde de cosas superficiales que me valen muy poco.

 

— Pero a mi eso me parece normal, y algo estable, es seguro ¿Por qué te disgusta eso?

 

— Es que usted busca seguridad y yo no le puedo ofrecer eso, yo no le quiero ofrecer eso. Y no porque yo sea inseguro o esté cagado del miedo, sino porque no me nace vivir seguro, yo necesito sentir el agua al cuello, necesito sentirme libre. Y si hay libertad no hay seguridad.

Necesito pensar cada cosa de esta vida, necesito cuestionar prácticamente todo, la sociedad, el dinero, los números, las personas, la vida, las creencias, lo que sentimos, lo que no, en fin, necesito cuestionar todo eso.

Tal vez soy un adolescente tardío, un niño pendejo todavía, no sé.

Pero tengo una curiosidad voraz, a veces no lo parece, pero necesito cuestionar todo eso, y para poder cuestionarlo bien, necesito estar fuera de todo ese ambiente, y sino no puedo, porque se me embotan los sentidos y dejo de preguntarme y me siento frustrado, y termino librándome de esa furia con gente que ni lo merece.

Por eso le pido perdón, de verdad, usted es muy linda, interesante, capaz, en fin, llena de cualidades, pero yo no la necesito, porque al final, usted no alimenta esa curiosidad en mi, ese deseo de ir en contra de todo lo que damos por sentado.

Usted quiere una paz típica, una paz prediseñada hace tiempo en la cual la gente vive feliz en una casa, tiene un carro, hijos, mascotas y trabaja lunes a sábado, ve televisión, duerme, come, compra cosas en grandes almacenes, ve lo que está de moda, lee poquísimo. Vive a la moda, piensa a la moda, ríe a la moda. Una paz donde todos son felices consumiendo y riendo, y aparentando, donde las personas son cascarones vacíos, con hermosas sonrisas etéreas.

Yo no quiero eso, prefiero encerrarme a leer durante tres o cuatro días, o quizás quedarme a ver películas viejas o nuevas, así sean malas, leer todo lo que se cruce por delante, escuchar toda la música que pueda, pero sobre todo sentirla, prefiero quedarme todo un día acostado escuchando radio o música o mis pensamientos sin ningún objetivo claro.

Mi prioridad no es un carro, no es comprar cada tanto ropa, no es salir a comer en un McDonalds cada que pueda y sonreír falsamente sin sentirlo.

Lo siento, no busco eso.

Yo no quiero pensar en un futuro, porque no hay certeza de tal cosa, yo quiero sentarme a pensar en cada uno de esos eventos, que valor tiene cada uno de los logros de la gente, prefiero sentarme a pensar y a mirar a las personas, a imaginar escenarios, a mirar que sentido tiene esta vida.

Yo no quiero dejarme llevar por el afán de sobresalir en el que viven todos, porque no me apetece, no lo busco. Si se mira bien, al final todos terminamos muertos y olvidados, con el tiempo suficiente no somos sino una pequeña deformación en una larga tira llamada vida.

Y yo no quiero vivirla como dicen que debe ser vivida, sin cuestionarla, porque al fin y al cabo sólo la voy a vivir una vez, yo quiero preguntarme el por qué de la existencia. Y no sólo existir como objetos creados en fábricas.

 

Lo siento, hasta luego.

 

— ¿Y ahora qué?

 

— Eso era lo que tenía que decirle. Gracias por su tiempo.

 

— ¿Y ahora…

 

— Ahora nada. Chao

Hasta la próxima